La Primacía de la Oración

La primacía de la oración

La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

Ya conoces el valor de la oración: es precioso sobre todo precio. Nunca la descuides. -Sir Thomas Buxton.

 

La oración es lo más necesario para el ministro. Por tanto, mi querido hermano ora, ora, ora. -Edward Payson.

 

La oración en la vida,en el estudio y en el púlpito del predicador, ha de ser una fuerza conspicua y que a todo trascienda. No debe tener un lugar secundario, ni ser una simple cobertura. A él le es dado pasar con su Señor “la noche orando a Dios”. Para que el predicador se ejercite en esta oración sacrificial es necesario que no pierda de vista a su Maestro, quien “levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. El cuarto de estudio del predicador ha de ser un altar, un Betel, donde le sea revelada la visión de la escala hacia el cielo significando que los pensamientos antes de bajar a los hombres han de subir hasta Dios; para que todo el sermón esté impregnado de la atmósfera celestial, de la solemnidad que le ha impartido la presencia de Dios en el estudio.

 

Como la máquina no se mueve sino hasta que el fuego está encendido, así la predicación, con todo su mecanismo, perfección y pulimento, está paralizada en sus resultados espirituales, hasta que la oración arde y crea el vapor. La forma, la hermosura y la fuerza del sermón son como paja a menos que no tenga el poderoso impulso de la oración en él, a través de él y tras él. El predicador debe, por la oración, poner a Dios en el sermón. El predicador, por medio de la oración, acerca a Dios al pueblo antes de que sus palabras hayan movido al pueblo hacia Dios. El predicador ha de tener audiencia con Dios antes de tener acceso al pueblo. Cuando el predicador tiene abierto el camino hacia Dios, con toda seguridad lo tiene abierto hacia el pueblo.

 

No nos cansamos de repetir que la oración, como un simple hábito, como una rutina que se practica en forma profesional, es algo muerto. Esta clase de oración no tiene nada que ver con la oración por la cual abogamos. La oración que deseamos es la que reclama y enciende las más altas cualidades del predicador; la oración que nace de una unión vital con Cristo y de la plenitud del Espíritu Santo, que brota de las fuentes profundas y desbordantes de compasión tierna y de una solicitud incansable por el bien eterno de los hombres; de un celo consumidor por la gloria de Dios; de una convicción completa de la difícil y delicada tarea del predicador y de la necesidad imperiosa de la ayuda más poderosa de Dios. La oración basada en estas convicciones solemnes y profundas es la única oración verdadera. La predicación respaldada por esta clase de oración es la única que siembra las semillas de la vida eterna en los corazones humanos y prepara hombres para el cielo.

 

Naturalmente que hay predicación que goza del favor del público, que agrada y atrae, predicación que tiene fuerza literaria e intelectual y puede considerarse buena, excepto en que tiene poco o nada de oración; pero la predicación que llena los fines de Dios debe tener su origen en la oración desde que enuncia el texto y hasta la conclusión, predicación emitida con energía y espíritu de plegaria, seguida y hecha para germinar, conservando su fuerza vital en el corazón de los oyentes por la oración del predicador, mucho tiempo después de que la ocasión ha pasado.

 

De muchas maneras nos excusamos de la pobreza espiritual de nuestra predicación, pero el verdadero secreto se encuentra en la carencia de la oración ferviente por la presencia de Dios en el poder del Espíritu Santo. Hay innumerables predicadores que desarrollan sermones notables; pero los efectos tienen corta vida y no entran como un factor determinante en las regiones del espíritu donde se libra la batalla tremenda entre Dios y Satanás, el cielo y el infierno, porque los que entregan el mensaje no se han hecho militantes, fuertes y victoriosos por la oración.

 

Los predicadores que han obtenido grandes resultados para Dios son los hombres que han insistido cerca de Dios antes de aventurarse a insistir cerca de los hombres. Los predicadores más poderosos en sus oraciones son los más eficaces en sus púlpitos.

 

Los predicadores son seres humanos y están expuestos a ser arrebatados por las corrientes del mundo. La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La naturaleza humana gusta de bogar hacia el cielo con un viento favorable y un mar tranquilo. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Todo esto es difícil de sobrellevar para la carne y la sangre. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. Entonces llegamos a uno de los grandes males de estos tiempos; poca o ninguna oración. De estos dos males quizás el primero sea más peligroso que el segundo. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

 

El poco valor que damos a la oración está evidenciado por el poco tiempo que le dedicamos. Hay veces que el predicador sólo le concede los momentos que le han sobrado. No es raro que el predicador ore únicamente antes de acostarse, con su ropa de dormir puesta, añadiendo si acaso una rápida oración antes de vestirse por la mañana. ¡Cuán débil, vana y pequeña es esta oración comparada con el tiempo y energía que dedicaron a la misma algunos santos varones de la Biblia y fuera de la Biblia! ¡Cuán pobre e insignificante es nuestra oración, mezquina e infantil frente a los hábitos de los verdaderos hombres de Dios en todas las épocas! A los hombres que creen que la oración es el asunto principal y dedican el tiempo que corresponde a una apreciación tan alta de su importancia, confía Dios las llaves de su reino, obrando por medio de ellos maravillas espirituales en este mundo. Cuando la oración alcanza estas proporciones viene a ser la señal y el sello de los grandes líderes de la causa de Dios y la garantía de las fuerzas conquistadoras del éxito con que Dios coronará su labor.

 

El predicador tiene la comisión de orar tanto como de predicar. Su labor es incompleta si descuida alguna de las dos. Aunque el predicador hable con toda la elocuencia de los hombres y de los ángeles, si no ora con fe para que el cielo venga en su ayuda, su predicación será como “metal que resuena o címbalo que retiñe”, para los usos permanentes de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

Violines que hablan de terror y salvación para los músicos judíos de los campos nazis

Violines que hablan de terror y salvación para los músicos judíos de los campos nazis

‘Violins of Hope’ (Violines de esperanza) está constituida por instrumentos pertenecientes a músicos judíos prisioneros en los campos de concentración nazis.

 La Universidad de Carolina del Norte, en Charlotte (EE UU), es sede es estos días de una particular e impactante exposición. Se trata de ‘Violins of Hope’ (Violines de esperanza), constituida por instrumentos pertenecientes a músicos judíos prisioneros en los campos de concentración nazis. Algunos de ellos fueron asesinados, pero otros -y también sus familiares- salvaron la vida gracias a los violines, ya que los verdugos encargaban a los músicos que tocaran para tener un ‘entretenimiento’. A veces les obligaban a interpretar canciones alegres mientras asesinaban a otros detenidos en las cámaras de gas.

La muestra – que concluye este martes- no sólo exhibe los instrumentos musicales, sino que cuenta su historia y, mediante un programa de actividades complementarias, permite escuchar cómo suenan. Por ejemplo, el pasado sábado tuvo lugar un concierto de la Sinfónica de Charlotte en el que fueron utilizados los 18 violines. Como solista actuó el israelí Sholomo Mintz.

 HISTORIA DE LOS VIOLINES
Algunos de los violines que forman la muestra sonaron antes y después de la II Guerra Mundial en campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz, el mayor centro de exterminio, con entre 1,5 y 2,5 millones de muertes.

Otros instrumentos mostrados en Violins of Hope eran utilizados para tocar música klezmer, un género del folklore musical judío empleado en bodas, bailes y otras celebraciones. Fue muy popular entre las comunidades judías del este de Europa, desapareció casi totalmente a raíz del Holocausto y ha experimentado un notable renacimiento a partir de los años ochenta del siglo XX. Es la primera vez que Violins of Hope llega al continente americano. La exposición fue presentada por primera vez en 2008 en Jerusalén (Israel) y dos años más tarde se exhibió en Sion (Suiza).

 EL LUTIER RESTAURADOR
 Los 18 violines fueron restaurados por el lutier Amnon Weinstein, de 73 años, que perdió a unos 400 miembros de su familia en los campos de aniquilamiento . Él opina que estos violines son un buen instrumento educativo. “No puedes traer de regreso a los muertos, pero los violines hablan por ellos”, señala el artesano, cuyos padres lograron escapar a tiempo para establecerse en Palestina en 1938.

Weinstein comenzó con el proyecto en la década de los noventa, pero el verdadero inicio se remonta a finales de la Guerra Mundial, cuando el padre del lutier, Moshe, que también fabricaba violines, empezó a recibir instrumentos de músicos judíos de la Orquesta Filarmónica de Palestina -en aquel tiempo Israel no existía como país y ambos pueblos convivían en la zona-.

Moshe recibía siempre la misma petición: “Cómpreme el violín o lo destruiré”. La mayoría de los violines estaban fabricados en Alemania y los músicos a cuyas manos habían llegado no querían saber nada del país tras las atrocidades nazis

 CELEBRANDO LA VIDA

 Moshe Weinstein compraba los instrumentos y los almacenaba, hasta que Amnon le hizo ver que algunos habían salvado la vida de los músicos y sus familias.  El pequeño de los Weisntein restauró un violín, luego otro. Su labor empezó a ser conocida y le trajeron más. Hasta ahora ha restaurado 30. Los 18 que expone tienen que ver con la palabra hebrea para ese número, chai, que también significa vida.

Algunas de las piezas que le llegan no son restauradas, como el violín que recibió hace poco, con una esvástica y la frase ‘Heil Hitler 1936’ talladas en la madera.La exposición ha sido apadrinada por el banco Wells Fargo, una de las entidades financieras más poderosas y criticadas de los EE UU por sus prácticas abusivas.

Jocabed, una madre para la crisis

Rev. Alberto Ortega

“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.” Éxodo 2:1,2.

En estos últimos días de la Dispensación de la Gracia, nuestra sociedad ha ido perdiendo una asombrosa cantidad de fundamentos, se ha producido una hemorragia de los valores ciudadanos, morales, familiares. Esta situación ha llevado a muchos a bajar los brazos, y a dejarse llevar por lo que el apóstol Pablo llamó: “la corriente de este mundo” (Efesios 2:2). Una estadística reciente ha revelado que el 83% de los jóvenes que están cumpliendo condenas proceden de hogares en dificultad; hablando claramente, provienen de hogares donde existe la violencia doméstica, el divorcio, las drogas, el alcohol, madres solteras, etc.

 

Un niño de apenas un año de edad murió por falta de atención de sus progenitores que no le alimentaban correctamente ni le daban la medicina que los servicios sociales le proporcionaron gratuitamente; pero lo más terrible de esto, es que murió rodeado de nueve adultos que no hicieron nada por él. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos y las asociaciones cada vez más numerosas, este mundo está cada vez peor porque estamos viviendo las consecuencias de una sociedad que le ha dado la espalda a Dios y a Su Palabra única fuente de bienestar para el hombre y la mujer.

 

Ser padres hoy se limita a una función biológica, los padres y las madres han dejado que el príncipe de este mundo, Satanás, gobierne sus mentes, sus hogares, sus familias; le han dejado a este ser maléfico los plenos poderes sobre sus hijos. ¡Es hora que haya un despertar y que el príncipe de las tinieblas salga de los hogares, de la televisión, de la prensa!

 

Moisés, uno de los líderes más sobresalientes de la nación judía, reconocido por toda la cristiandad, vino a la existencia por medio de unos padres que amaban y obedecían a Dios de todo corazón. En el libro del Éxodo, tenemos a Satanás operando a través de Faraón, rey de Egipto, para la destrucción de los niños judíos (Éxodo 1:22). Pero en medio de aquel violento ataque, ciertos padres decidieron no dejarse vencer por aquel edicto real. “Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.” (Éxodo 2:1,2). Esta decisión salvó la vida de Moisés, el cual llegó a ejercer uno de los ministerios más extraordinarios narrado en la Biblia. Era el hombre que hablaba cara a cara con Dios. “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11).

 

Moisés doblegó el poderío de Egipto con un mensaje: “Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo…” (Éxodo 5:1). Pero, ¿cómo llegó a cumplirse todo esto? ¡Por la entrega que Jocabed, su madre, hizo de él! Esta mujer con su ejemplo nos enseña la necesidad de vivir entregados a Dios, debemos entregarnos nosotros mismos, también nuestros anhelos, nuestros seres queridos. Hay una secuencia hermosa en la vida de esta madre que hizo posible la entrega de este niño a Dios, el cual formó un líder sin par.

 

LA ENTREGA A LA FE

 

“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.” Hebreos 11:23.

 

Primero, para poder vencer la crisis en su familia, Jocabed se entregó junto a su esposo a la fe en el Dios vivo. Dios les impartió fe, esa fe se adueñó del corazón de ellos, y aunque había un edicto de Faraón que les exigía entregaran su hijo a la muerte, ellos decidieron esconderlo; desafiaron aquella orden, aquella intimidación, cuando muchos otros se dejaron arrebatar a sus hijos. Ellos decidieron desposeer a Satanás de aquel niño, y aunque estaban corriendo peligro de muerte, se pusieron con su bebé en las manos del Dios vivo, tenían fe en que Dios guardaría a aquel niño.

 

Es necesario que en esta hora se levanten las Jocabed de Dios para decirle a Satanás que no le van a dejar a sus hijos en sus manos, ¿cuál madre pondría a su hijo en las manos de un asesino? Satanás es el asesino más grande de todos los tiempos, Jesús lo describe diciendo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). El poder maléfico de este ladrón es incuestionable, ¿cómo podemos dejarle en sus manos a nuestros hijos, nuestras familias?

 

Jocabed decidió luchar, pelear aquella batalla y Dios la respaldó. Dios estaba en el asunto, Él está interesado en nuestros hijos, en nuestra familia. Ésta es una batalla que tenemos que pelear por la fe y al lado del Señor. No importa cuánto se tenga que luchar, arriesgar, sufrir, no se puede dejar en las manos de Satanás a nuestros hijos, la fe en Dios vence al mundo y sus poderes (1 Juan 5:5).

 

LA ENTREGA DE LOS SENTIMIENTOS.

 

Jocabed tuvo que entregar sus sentimientos de madre a los pies del Señor, la Escritura dice: “Pero no pudiendo ocultarle más tiempo…” (Éxodo 2:3).

 

Llegó el momento que no podía hacer más por aquel niño; sus sentimientos de madre tenían que gritarle: “quédatelo contigo, no te puedes separar de tu bebé, ¿quién lo cuidará?”

 

Aquellos sentimientos estarían desgarrando todos los días su corazón de madre, por ella entendió que sus sentimientos no podían salvar a aquel hijo; los sentimientos no tienen la capacidad de resolver los conflictos, los problemas, las dificultades. Muchas veces estamos luchando con nuestros sentimientos, aunque pensamos que es la fe, pero solo se trata de nuestros sentimientos. La fe no tiene que ver con lo que uno siente, sino a quién dirigimos la mirada. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y el consumador de la fe…” (Hebreos 12:2).

 

Mas hay algo asombroso, algo que falta en toda la historia de Moisés, no encontramos en toda la Biblia el nombre que Jocabed le dio a Moisés, ¿puede una madre tener un hijo y aun después de tres meses no darle nombre? El nombre de Moisés “sacado de las aguas” no le fue dado por Jocabed, sino por la hija de Faraón, nunca oímos otro nombre sino el de Moisés. Cuán terrible debe ser esto para una madre. ¿Cómo logró esto? Estregando sus sentimientos en las manos del Señor, dejar que fuera Dios quien decidiera por ella.

 

A veces, los sentimientos de la madre o del padre malogran los propósitos de Dios para con los hijos, se cree que esto o aquello conviene más y nos anteponemos a los propósitos de Dios. ¿Cuántos hijos sufren durante toda la vida las malas decisiones u orientaciones que no estuvieron respaldadas por la oración delante de Dios? ¿Cuántos ministerios se han malogrado a causa de las decisiones paternas y maternas? Tenemos una enorme responsabilidad, esta no puede ser llevada a cabo si no dependemos de Dios.

 

LA ENTREGA A LAS AGUAS

 

“Tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.” Éxodo 2:3.

 

Tuvo que entregar su hijo a las aguas, pero lo más hermoso fue la forma como lo hizo. Se aseguró de que los materiales en los cuales iba a depositar al niño. En Egipto el junco era la materia prima con la que se construían las embarcaciones; luego la calafateó, la untó con asfalto y brea, le puso dos protecciones. El asfalto se recogía de pozos de petróleo naturales que brotaban a la superficie de la tierra, esto le daba a la arquilla una protección contra las infiltraciones de agua. La brea es una resina que pega y solidifica la estructura para que no se deshaga.

 

Jocabed se aseguró de que aquello sobre lo cual entregaba a su hijo a las aguas fuera adecuado, resistente a las aguas del Nilo. Nuestros hijos tienen que hacer frente a unas aguas impetuosas en las escuelas, universidades, compañías, están rodeados de un ambiente decadente y agresivo contra todo concepto moral. La Biblia es cuestionada por maestros, amistades, estamos viviendo en los días del fin, y las aguas contaminadas del pecado han tomado proporciones universales. ¿Estamos usando lo que puede vencer ese río impetuoso y contaminado? ¿Nos preocupa lo que estamos usando para la arquilla de nuestros hijos?

 

Jocabed fue cuidadosa en la elección del junco, en la aplicación de la brea y de la resina para la arquilla, no quería que las aguas se infiltraran en el lecho de su hijo y acabara ahogándose. Entregó al río Nilo a un niño condenado a muerte por el decreto del rey, pero por la fe lo puso en las manos de Dios, para que guiara aquella arquilla. El río estaba plagado de cocodrilos peligrosos, pero Dios no permitió que aquellas fieras atacaran aquella diminuta embarcación. Cuando ponemos algo en las manos de Dios, Él lo guarda. La mano poderosa de Dios iba llevando al niño Moisés hacia la hija de Faraón. ¿Qué mejor lugar que la casa de la hija del Faraón quien había condenado a Moisés? No había en todo Egipto un lugar más seguro que ése. Moisés pasó de debajo de la amenaza de muerte a la protección regia. ¿Quién se atrevería a matar en el palacio del rey al protegido de Faraón?

 

Dios tocó el corazón de la hija de Faraón para que se lo entregara de nuevo a la madre sin tan siquiera saberlo, leemos: “Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió” (Éxodo 2:7-9). María, la hermana de Moisés volvió a casa para pedirle a Jocabed que fuera al palacio a recoger a Moisés para criarlo; además de esta bendición, recibió una paga del fondo de gobierno egipcio para criar a su propio hijo. ¡Cuán grande es Dios! Jocabed vio entrar de nuevo a su hijo en su casa sano y salvo, y además con la protección de Faraón.

 

RENOVANDO LA ENTREGA

 

“Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.” Éxodo 2:10.

 

Jocabed había tenido aquel hijo en sus brazos unos años más, sin embargo, cuando llegó la hora, lo tuvo que entregar por segunda vez. Ésta es otra clave hermosa: tuvo que renovar la entrega cuando el niño creció. Jocabed tuvo que sacrificar de nuevo sus sentimientos, su amor de madre para que los propósitos de Dios se cumplieran con su hijo y la nación de Israel. La elección era dura, pero ¿qué era mejor, un hijo vivo en otras manos o un hijo muerto en las suyas? ¿Preferimos un hijo vivo en las manos de Dios o un hijo muerto en nuestras manos? Algunas veces nos aferramos, y traemos muerte en vez de la vida.

 

Es en el proceso de la entrega, del sufrimiento que nacen las grandes liberaciones; todo un pueblo esclavizado estaba recibiendo liberación por medio de una madre que supo renovar su entrega. Jocabed entregó al río a un niño condenado, un instrumento escogido por Dios, y éste le entregó a Israel un libertador. ¡Cuán grandes cosas produce la entrega a Dios!

 

Moisés nunca negó el nombre que recibió de la hija de Faraón, sino que se identificó plenamente con ese nombre; se entregó plenamente a los propósitos de Dios porque su madre supo prevalecer en la crisis. Puede que no hayamos tenido las mejores condiciones en nuestra vida, pero no debemos vivir amargados, resentidos, frustrados, sino abiertos a la utilidad que nuestro Dios nos quiera dar, todavía Él puede hacer algo con nosotros y con nuestros hijos.

La protección de Dios en medio de las tormentas

La protección de Dios en medio de las tormentas

Rev. José Soto Benavides

“Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.” Hechos 27:18-19.

LA PROTECCIÓN DE DIOS EN MEDIO DE LAS TORMENTAS DE LA VIDA

“Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla.” Hechos 27:18-26.

Pablo predicó a reyes como Agripa, Festo, y Félix, y predicó en la casa de César, eso quiere decir que llegó a las cumbres más altas de la sociedad de entonces para entregar el mensaje de Dios. Una vez Agripa le dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28), Pablo le dijo a Agripa: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (v.29).

Pablo iba a predicarle a reyes, pero preso y encadenado. Pablo fue guiado en su vida ministerial, él llevaba el Evangelio y lo llevó fielmente. Pablo iba con más de 270 presos, aunque usaron de alguna cortesía con él, especialmente el primer tribuno que lo atendió, sin embargo, era un preso igual. Pablo había escogido ir a Roma, por el juicio que venía contra él de parte de los judíos que influenciaban a los gobernadores encargados por Roma en su nación; así que decidió hacer esta apelación, él dijo: “¡No quiero ser juzgado aquí, yo quiero ser juzgado en Roma!”

Pablo fue preso a Roma, y mientras esperaba el juicio estaba en una casa alquilada. “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.” (Hechos 28:30-31). Así que en cadenas va Pablo para Roma, tuvo éxito en este viaje, estuvo dos años detenido en una casa alquilada, tenía la condición de un preso especial; dice la Biblia que predicaba y enseñaba el Evangelio abiertamente y sin impedimento.

Observamos en este caso dos extremos importantes, que nos lleva a pensar cómo Dios permite que caiga preso para cumplir el objetivo principal de Dios, que era que se predique el Evangelio. Pablo estaba cumpliendo su labor, en su corazón ardía ese fuego de la misión, quería predicar, ya le había dicho a los judíos: “¡Salgo de aquí y me voy a predicar a los gentiles!”

Deberíamos vivir más por fe que por razón, porque si uno se pone a pensar o a conjeturar se enreda, llega un momento en que se confunde, por eso es que la fe contradice la razón, porque la fe es superior a la razón, la razón está muy limitada, el conocimiento es limitado, uno no puede conocer todo por más grande que sea uno en la ciencia, uno no conoce todo; en cambio la fe lo puede llevar al tercer cielo, ahora mismo, si quiere puede ver la gloria de Dios.

A Pablo lo pusieron primero en una nave adramitena que lo iban a llevar por las costas de Asia Menor, luego cogió una nave alejandrina, para cruzar el Mar Mediterráneo, desde esas costas hasta Italia en un viaje largo. Cuando tocaron aquellas costas el centurión “le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos” (Hechos 27:3), gente que reconocía a Pablo y su labor, aunque había otro grupo que lo atacaba y lo rechazaba, porque Pablo era un verdadero látigo a las tinieblas, le daba duro al diablo, mucha gente se irritaba, pero eran más los que le amaban.

Navegaron y el viento empezó a azotar, y pasaron por Chipre, después por Creta que son islas grandes del mediterráneo y lograron cubrirse del viento que soplaba protegiéndose del azote de una tempestad que estaba empezando, que se  cernía sobre el mar. Cuando pasaron esa isla se quedaron en Creta unos días, Pablo dijo: ¡No sigamos, quedemos aquí en Buenos Puertos, viene una tempestad! De allí emprendió el viaje, Pablo no era un experto en la mar, pero de alguna manera Dios le da sabiduría y entiende que puede haber problemas si se dan a la mar, pero el centurión encargado de la nave “daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía” (Hechos 27:11).

No le creyeron y el capitán de la nave siguió rumbo, ahí entraron a mar abierto. Una cosa era tener la protección de las islas y otra cosa era estar en mar abierto. Cuando entraron a mar abierto, se toparon con un viento huracanado llamado Euroclidón, una tempestad que no había capitán ni tripulación que pudiera salir de esta situación, y el viento y la tempestad amenazaron la nave con destruirla, no fue un día ni dos, sino catorce días, no vieron estrellas ni sol ni nada, solamente fueron acosados por una gran tempestad. ¿No ha pasado alguna vez una tempestad? Nosotros también estamos navegando por este mar, y en este encontramos tempestades, nadie piense que el mar va estar serenito toda la vida, el viento comenzará a soplar, y por donde navegues se levantará contra ti y te querrá hundir; eso es parte de la vida, no pensemos que no vendrá.

Dios guió al pueblo de Israel hacia un lugar donde había aguas amargas, y alguno de ellos podría haber dicho: “Dios nos hubiera guiado a un oasis donde había agua pura, nos hubiera llevado a un lugar donde encontraríamos pastos sabrosos, donde poner nuestros animales bajo la sombra, aquí no hay nada, encontramos aguas y son amargas, Dios no nos puede estar guiando”. Pues Dios estaba guiándolos.

Pablo se puso a clamar, porque eso es lo que hay que hacer, la clave de esto es que Pablo recurrió al dueño y Señor de la vida. Pero ahora Pablo les dice: “No habrá ninguna pérdida de vida entre nosotros, sino solamente de la nave.” (Hechos 27:22). Mire qué seguridad, aquí no se va a morir nadie, la nave se va a despedazar, se va a perder, pero todos se van a salvar. A veces uno se encuentra en situaciones que no puede entender.

Ya no querían ni comer, y los invita diciéndoles: “Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo” (Hechos 27:23). Porque primero hay que ser de Él y después servirle a Él, ese es el orden, lo que Dios busca primero es que haya una constante relación con el Dios a quien pertenecemos, porque somos de Él, ¿qué le vamos a reclamar a Dios? Si nos compró con precio altísimo, como dirá el barro al que lo forma: “¿Qué haces?”

En ese clamor estaba cuando el Dios de la gloria envió a su ángel para darle respuesta y ánimo, le dice: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.” (Hechos 27:24). Estas tempestades de la vida no le van a quitar el ánimo, no le van a robar la salvación, no le van a quitar la paz, no le van a quitar la comunión con Dios; al contrario cuanto más aprieta, más buscamos. Es como cuando el cuerpo se calienta por una fiebre, porque la fiebre es una autoprotección del cuerpo (digamos dentro del término que no afecte demasiado), lo que hace el calor es debilitar ese virus, esa bacteria, el calor ya lo está debilitando.

Así que, si el diablo viene y ataca, si nos trae una situación terrible, espantosa, es el momento de calentar motores, es el momento de meterle fuego, es el momento de clamar más a Dios. Las tempestades no son para que critiquemos a Dios o a los demás, ni a la Iglesia, ni al pastor, ni a la misión; las tempestades son para que doblemos más las rodillas, para que busquemos más el poder de Dios, y para que veamos las victorias que Dios nos da en medio de la lucha y de la prueba. Esa prueba no es para hundirte, esa prueba es para levantarte, esa prueba es para fortalecer tu fe, para ayudarte a seguir adelante y para que tengas experiencia y ayudes a otros.

La Escritura dice que cuando la nave entró en cierta parte del mar ya cercano a tierra, siendo de noche, ellos no pudiendo ver y la nave se estrella, claro, esos eran presos, el único inocente era Pablo. Los soldados tenían la misión de llevar los presos a Roma a costa de la vida de ellos, si a un soldado se le escapaban los presos, él pagaba con su vida; cuando los soldados se dan cuenta que se pueden escapar los presos, entonces los soldados acordaron matarlos.

¿No era Pablo un preso también? Están hablando de matar también al hombre de Dios, aunque nadie lo sabía era el hombre de Dios que iba a Roma para predicar el Evangelio. El centurión se dio cuenta de la trama de los soldados e inmediatamente intervino, les prohibió este intento y les dijo a los presos que cada uno escapará y se salvará por sus propios medios; pero lo hizo para salvar a Pablo. Aquí tenemos una amenaza no de tempestad, sino una amenaza de hombres impíos, de gente influenciada por el diablo, que se levantó para quitarle la vida al apóstol Pablo.

Dios nos guarda del asalto de hombres impíos, Dios nos protege; tal vez muchos nos odien, otros nos amen; pero el punto es que Dios tiene cercado a su pueblo. Dios no permitió que ese ataque destruyera la vida de Pablo. La Biblia dice que por el momento no permite que el diablo y el anticristo se manifiesten en toda su plenitud, pero cuando Espíritu Santo se lleve a la Iglesia o sea quitado de en medio, el mundo entero quedará envuelto en la más terrible vorágine de juicio, tan terrible que el hombre buscará la muerte y la muerte huirá.

Aquella nave cayó en la isla de Malta, los presos salieron como pudieron; el invierno es fuerte en esos países del medio oriente y de Europa. Salieron todos temblando, también Pablo salió como pudo, pero siempre confiando en Dios. Luego prendieron fuego para que la gente se calentara. Pablo fue para buscar leña, y cuando iba con la leña, una serpiente se prendió de la mano de Pablo y el apóstol tuvo que venir al fuego y sacudirla, y se quemó la serpiente. En una ocasión cuando estábamos en un campamento, veo una culebrita, pero era de esas peligrosas; y un hermano también la vio, creyó que hasta podría jugar con ella, quiso agarrarla. Cuando lo agarró un poco bajo (en la cabeza) la serpiente tuvo chance de tirarse y se prendió en el dedo, y cuando me llamaron y vi lo sucedido me percaté que tenía dos puntitos, no sangraba, y le digo: “Si hay dos puntos, entonces los colmillos entraron y hay veneno adentro, ¡esto es peligroso!”

Llamé a un  paramédico y se lo llevaron de emergencia. El hermano pasó por su casa para decirle a su esposa que iba al hospital, cuando él venía de allí para acá (estamos hablando de un par de minutos) ya tenía ganas de vomitar, con un dolor de cabeza, se subió en el carro rumbo al hospital, habían transcurrido como 20 minutos, iba vomitando, con la cabeza que parecía que le iba estallar, y con la culebrita muerta. Cuando el médico vio la culebra dijo: “¡Gracias a Dios que lo trajeron! Porque en cuestión de minutos se hubiera ido, esta es de una de las culebras más venenosas que hay”. Estuvo como tres días en el hospital, cuatro ampollas de sueros antiofídicos y más de cuatrocientos dólares de tratamiento.

Pablo la sacude en el fuego, y los nativos se quedan mirándolo, ellos sabían lo que venía, de pronto ellos dicen: “Este se va a hinchar y cuando comience a hincharse cae muerto. ¿Qué clase de homicida será?, que escapando del naufragio ahora la muerte lo alcanza aquí”. Pasó un rato y Pablo tranquilo calentándose y pasó una hora y nada, y no se moría Pablo, y seguía pasando el tiempo y dicen: “Este tenía que estar muerto”. Pero Pablo estaba compartiendo las bendiciones de Dios, estaba calentándose, estaba alegre, porque había sido salvado y entonces ellos dicen: ¡Este es un Dios! Pablo explicó bien esta situación y dijo: ¡No, ningún Dios! Les predicó el Evangelio, sanó a unos cuantos y se quedó una Obra plantada en esa isla.

Era una serpiente de las peores, pero la serpiente, sea como sea, es un símbolo de maldad y es un símbolo de Satanás. A veces el ataque es directo del mismo diablo, otras veces hemos pasado el peligro de gente que nos rodea, luego viene el mismo diablo y ataca con todo lo que tiene, quiere hasta desalentarte, te mete ideas hasta en contra de la Obra de Dios, el diablo te susurra con astucia como la serpiente, ¿qué es lo que hay que hacer con esa serpiente antigua que se llama el diablo y Satanás? Sacudirla en el nombre de Cristo, no hay que quedarse con ella, hay que botarla, el diablo no aguanta el fuego, el diablo se va cuando el fuego se enciende.

Amados, el diablo quiso impedir que el Apóstol Pablo cumpliera el plan de Dios, la naturaleza se ensañó, los soldados deseaban asesinarlo, el diablo mismo a través de la serpiente también trató de impedirlo, pero no pudo, antes quedó bendición en la isla. Llegaron a Roma, Pablo fue a los tribunales, le dieron aquella casa alquilada y los judíos no pudieron hacer nada contra él, Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada y recibía a todos los que venían, predicaba el Reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo abiertamente y sin impedimento.

El diablo levanta la tempestad, levanta hombres, y hasta él mismo ataca. Pero confía en Dios, ¡Él nos dará la victoria!

Los Schindler españoles, héroes silenciosos

Los Schindler españoles, héroes silenciosos

 

Este 27 de enero se recordó en todo el mundo a las víctimas del Holocausto, y a quienes no permanecieron impasibles ante la barbarie nazi con los judíos.

La valentía y la solidaridad mostrada por un amplio grupo de diplomáticos españoles repartidos por diferentes ciudades europeas puede verse en la exposición Visados para la libertad, una muestra organizada por la Casa Sefarad-Israel, que actualmente se expone en el Centro Cultural Buero Vallejo de Alcorcón (Madrid) hasta el próximo 29 de abril.

HUNGRÍA

El verano de 1944 Budapest había dejado de ser una ciudad tranquila y glamourosa y el destino ideal para un joven diplomático como Ángel Sanz Briz , que actuaba como encargado de Negocios en la legación española en la capital húngara.
En sus calles los esbirros nazis hacían notar su presencia y los judíos vivían en un estado de terror continuo. A sus 34 años, este zaragozano sentía que no podía permanecer impasible mientras a su alrededor miles de personas eran despojadas de todos sus derechos y bienes materiales.
Pero no sabía muy bien qué hacer. Sus informes enviados al Ministerio de Asuntos Exteriores español explicando la desesperada situación de los judíos en Hungría no obtenían respuesta y la situación, lejos de mejorar, se agravaba con el paso de los días.
“El Gobierno español se limitaba a no decir nada, a mirar para otro lado. Él pedía instrucciones y nadie respondía, probablemente sus informes eran guardados convenientemente en un cajón por el funcionario de turno” , explica en declaraciones a El Mundo esta semana el embajador José García Bañón, casado con Pilar, una de las hijas de Sanz Briz.

LOS JUDÍOS SEFARDÍES

“La posición del Gobierno franquista en aquellos momentos era muy difícil. El régimen estaba muy ligado a Alemania por la ayuda que había recibido durante la guerra, y debía pensar que salir con un registro diferente en un tema tan sensible para los nazis como era el de la cuestión judía podía ser visto como una especie de traición”, añade el diplomático.

Por eso, y viendo que no iba a poder contar con ningún tipo de ayuda, Ángel Sanz Briz empezó a actuar por su cuenta. En un principio, se acogió al Real Decreto de Primo de Rivera de 1924, que contemplaba la posibilidad de conceder la nacionalidad española a los judíos sefardíes , descendientes de los judíos expulsados de España en 1492 durante el reinado de los Reyes Católicos.
Después, como en Budapest no eran muchos los sefardíes y la situación era cada vez más alarmante, decidió conceder salvoconductos, cartas de protección y pasaportes a todos los judíos que buscaran su ayuda , y para evitar tener excesivos con problemas con los nazis intentó ganarse la benevolencia de la máxima autoridad alemana en Hungría.

“Hizo toda suerte de malabarismos para salvar al mayor número posible de personas. Incluso llegó a alquilar una serie de casas que pagaba con dinero de su propio bolsillo para que los judíos estuvieran a salvo mientras arreglaba su salida de Hungría”, explica García Bañón. Se trataba de ocho casas bajo protección española en las que se podía leer ‘Anejo a la legación de España. Edificio extraterritorial’.
Cuando los rusos se encontraban a las puertas de Budapest, en diciembre de 1944, Sanz Briz se vio obligado a dejar la capital húngara rumbo a Suiza, siguiendo las órdenes del Ministerio de Asuntos Exteriores y, tras un tiempo en Madrid, partió rumbo a San Francisco.
“Nosotros, su familia, no supimos nada de esta historia hasta mucho tiempo después. Él nunca dijo nada ni dejó ningún testimonio escrito. Siempre nos pareció raro que acudieran a la embajada judíos que se reunían con él en su despacho y se mostraban agradecidos, pero nada más”, comenta su yerno y en su día colaborador del diplomático.
Pero como en otros muchos casos, los reconocimientos se hicieron esperar. En 1991, el Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén lo distinguió con el título de Justo entre las Naciones e inscribió su nombre en el memorial del Holocausto. Tres años más tarde, en 1994, el Gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.

VISADOS PARA LA LIBERTAD

Sin embargo, el conocido como ‘el Ángel de Budapest’ -que salvó a más de 5.000 judíos de las garras nacionalsocialistas- no fue el único diplomático español que pensó que no se podía mirar hacia otro lado cuando estaba en juego la vida de miles de personas .

Desde París, Budapest, Berlín, Bucarest, Salónica y Sofía, otros diplomáticos ofrecieron su ayuda a miles de judíos aprovechando las oportunidades que les ofrecían sus cargos y las buenas relaciones que mantenía España con Alemania. Son los ‘Shindler’ españoles y al igual que el famoso empresario alemán Oskar Schindler impidieron que más judíos murieran en el Holocausto.

Aunque lo hicieron a título personal. El régimen franquista se limitó simplemente a hacer la vista gorda , preocupado ante las repercusiones que pudiera tener en la buena relación que mantenía con Hitler una posición más beligerante en la cuestión judía. “El Gobierno español no hizo nada, nunca hubo unas instrucciones de Madrid para que se salvara a los judíos. Hubo diplomáticos españoles que miraron a otro lado. Pero ahí está siempre el debate: ¿la heroicidad es moralmente exigible?”, afirma Miguel de Luca , diplomático y Secretario General de Casa Sefarad-Israel
Para algunos la respuesta a esa pregunta era sencilla: no podían permanecer indiferentes ante el terror. Así, no dudaron en aprovechar sus contactos con las autoridades alemanas y locales, en expedir documentos de protección, pasaportes y salvoconductos para evitar que miles de judíos fueran enviados a los campos de concentración y exterminio nazis. “En total por la actuación directa o indirecta de España durante la II Guerra Mundial se salvó la vida de 35.000 judíos” , confirma De Luca.

HÉROES SILENCIOSOS :

Pero el paso del tiempo silenció su gesta. Ni siquiera tener una nieta famosa, como la actriz Helena Bonham Carter, le sirvió a Eduardo Propper de Callejón para abandonar el olvido. Primer secretario en la embajada española en París , puso en peligro su vida para proteger a miles de personas. Firmó documentos que sirvieron como salvoconductos hacia la libertad y puso a resguardo obras de artes y bienes pertenecientes a judíos a los que nazis pretendían expoliar. Pero su compromiso tuvo desagradables consecuencias en su vida profesional. Fue sustituido por Ramón Serrano Suñer y murió en 1972 sin recuperar su cargo y sin obtener el reconocimiento que merecía su gesto desinteresado.
Una defensa también encendida de los judíos sefardíes y de sus bienes fue la que llevó a cabo el diplomático español Julio Palencia en Bucarest . Tras conocer que el artífice de la solución final Adolf Eichmann había incluido a los judíos búlgaros en el programa de exterminio alemán, Palencia removió cielo y tierra para evitar que se cumpliera su funesto destino. Su insistencia le valió el apodo del ‘amigo de los judíos’, como le llamaban despectivamente los alemanes. Pero lejos de amedrentarse ante la animadversión que le profesaban los nazis, Palencia no dudó en oponerse a la ejecución del judío búlgaro, León Arié. No lo logró pero sí consiguió que las autoridades búlgaras le permitieran a adoptar a los dos hijos de Arié y su madre pudiera vivir en la residencia oficial con un pasaporte diplomático español.

VALENTÍA, CORAJE Y DETERMINACIÓN

Desde Atenas, el cónsul Sebastián Romero Radigales salvó a más de 800 judíos sefardíes invocando el Real Decreto de 1924 de Primo de Rivera. Pese a que, en un primer momento, sirvió para evitar su traslado a los campos de la muerte; ante la falta de respuesta de Madrid para hacerse cargo de sus nacionales, los nazis terminaron encerrando a este grupo de sefardíes en Bergen Belsen, un campo destinado a los prisioneros de países neutrales.

“Sin embargo, Romero Radigales no cejó en su empeño por salvarlos y siguió enviando informes jurídicos insistiendo en que se trataba de un error”, explica De Luca. Su insistencia dio finalmente frutos y tras seis meses de cautiverio los liberaron y los llevaron en un tren a España. “Uno de los supervivientes me contó algo realmente sorprendente, me explicó que un oficial de las SS fue uno a uno dándoles la mano y pidiéndoles disculpas en nombre del Tercer Reich. Pero se salvaron sólo gracias al empeño de Romero Radigales”, añade el diplomático.

Una determinación como la que demostró el agregado agrícola de la embajada de Berlín José Ruiz Santaella y su mujer, Carmen Schrader . En su casa de las afueras de Berlín ocultaron como personal doméstico a tres judíos, que consiguieron así salvar su vida. “No importa tanto el número, porque como dice una frase del Talmud quien salva una vida, salva a toda la humanidad”, afirma convencido De Luca.

Fuente: El mundo

Dormir Tranquilo

Dormir Tranquilo

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 5:24.
Cuando los hombres crucificaron a Jesús creyeron que habían acabado con Él. Después de sepultarlo sellaron la piedra que cerraba la tumba, creyendo que así no volverían a saber más de Él. Pero Dios resucitó a su Hijo Jesucristo y lo llevó al cielo. Después de haberlo glorificado a su diestra, lo estableció como Juez de vivos y muertos (Hechos 10:42). Dejó en sus manos el juicio que ejecutará sobre aquellos que no habrán obedecido a la orden divina de arrepentirse.
Gracias a la gran paciencia de Dios, todavía existe esta posibilidad, pero no durará para siempre, por eso hay que aprovecharla ahora. No podemos ser salvos si no nos arrepentimos, es decir, si no nos reconocemos culpables ante Dios. Si estamos convencidos de merecer su justo juicio, lo único que nos falta es creer que el Señor Jesús sufrió ese juicio en nuestro lugar en la cruz del Calvario, y que su sangre vertida nos asegura el perdón de Dios.
Cristo volverá en breve para arrebatar a los suyos y se cerrará la puerta de la salvación (Mateo 25:10; 24:30). Ante una verdad tan solemne, ¿Cómo podría uno dormir tranquilo y aplazar el momento de arrepentirse y creer? Si usted no cree en Jesús como su Salvador, estará obligado a encontrarlo un día como Juez. “Dios… manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Todavía es el tiempo de la gracia, y Jesús dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

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