La Primacía de la Oración

La primacía de la oración

La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

Ya conoces el valor de la oración: es precioso sobre todo precio. Nunca la descuides. -Sir Thomas Buxton.

 

La oración es lo más necesario para el ministro. Por tanto, mi querido hermano ora, ora, ora. -Edward Payson.

 

La oración en la vida,en el estudio y en el púlpito del predicador, ha de ser una fuerza conspicua y que a todo trascienda. No debe tener un lugar secundario, ni ser una simple cobertura. A él le es dado pasar con su Señor “la noche orando a Dios”. Para que el predicador se ejercite en esta oración sacrificial es necesario que no pierda de vista a su Maestro, quien “levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. El cuarto de estudio del predicador ha de ser un altar, un Betel, donde le sea revelada la visión de la escala hacia el cielo significando que los pensamientos antes de bajar a los hombres han de subir hasta Dios; para que todo el sermón esté impregnado de la atmósfera celestial, de la solemnidad que le ha impartido la presencia de Dios en el estudio.

 

Como la máquina no se mueve sino hasta que el fuego está encendido, así la predicación, con todo su mecanismo, perfección y pulimento, está paralizada en sus resultados espirituales, hasta que la oración arde y crea el vapor. La forma, la hermosura y la fuerza del sermón son como paja a menos que no tenga el poderoso impulso de la oración en él, a través de él y tras él. El predicador debe, por la oración, poner a Dios en el sermón. El predicador, por medio de la oración, acerca a Dios al pueblo antes de que sus palabras hayan movido al pueblo hacia Dios. El predicador ha de tener audiencia con Dios antes de tener acceso al pueblo. Cuando el predicador tiene abierto el camino hacia Dios, con toda seguridad lo tiene abierto hacia el pueblo.

 

No nos cansamos de repetir que la oración, como un simple hábito, como una rutina que se practica en forma profesional, es algo muerto. Esta clase de oración no tiene nada que ver con la oración por la cual abogamos. La oración que deseamos es la que reclama y enciende las más altas cualidades del predicador; la oración que nace de una unión vital con Cristo y de la plenitud del Espíritu Santo, que brota de las fuentes profundas y desbordantes de compasión tierna y de una solicitud incansable por el bien eterno de los hombres; de un celo consumidor por la gloria de Dios; de una convicción completa de la difícil y delicada tarea del predicador y de la necesidad imperiosa de la ayuda más poderosa de Dios. La oración basada en estas convicciones solemnes y profundas es la única oración verdadera. La predicación respaldada por esta clase de oración es la única que siembra las semillas de la vida eterna en los corazones humanos y prepara hombres para el cielo.

 

Naturalmente que hay predicación que goza del favor del público, que agrada y atrae, predicación que tiene fuerza literaria e intelectual y puede considerarse buena, excepto en que tiene poco o nada de oración; pero la predicación que llena los fines de Dios debe tener su origen en la oración desde que enuncia el texto y hasta la conclusión, predicación emitida con energía y espíritu de plegaria, seguida y hecha para germinar, conservando su fuerza vital en el corazón de los oyentes por la oración del predicador, mucho tiempo después de que la ocasión ha pasado.

 

De muchas maneras nos excusamos de la pobreza espiritual de nuestra predicación, pero el verdadero secreto se encuentra en la carencia de la oración ferviente por la presencia de Dios en el poder del Espíritu Santo. Hay innumerables predicadores que desarrollan sermones notables; pero los efectos tienen corta vida y no entran como un factor determinante en las regiones del espíritu donde se libra la batalla tremenda entre Dios y Satanás, el cielo y el infierno, porque los que entregan el mensaje no se han hecho militantes, fuertes y victoriosos por la oración.

 

Los predicadores que han obtenido grandes resultados para Dios son los hombres que han insistido cerca de Dios antes de aventurarse a insistir cerca de los hombres. Los predicadores más poderosos en sus oraciones son los más eficaces en sus púlpitos.

 

Los predicadores son seres humanos y están expuestos a ser arrebatados por las corrientes del mundo. La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La naturaleza humana gusta de bogar hacia el cielo con un viento favorable y un mar tranquilo. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Todo esto es difícil de sobrellevar para la carne y la sangre. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. Entonces llegamos a uno de los grandes males de estos tiempos; poca o ninguna oración. De estos dos males quizás el primero sea más peligroso que el segundo. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

 

El poco valor que damos a la oración está evidenciado por el poco tiempo que le dedicamos. Hay veces que el predicador sólo le concede los momentos que le han sobrado. No es raro que el predicador ore únicamente antes de acostarse, con su ropa de dormir puesta, añadiendo si acaso una rápida oración antes de vestirse por la mañana. ¡Cuán débil, vana y pequeña es esta oración comparada con el tiempo y energía que dedicaron a la misma algunos santos varones de la Biblia y fuera de la Biblia! ¡Cuán pobre e insignificante es nuestra oración, mezquina e infantil frente a los hábitos de los verdaderos hombres de Dios en todas las épocas! A los hombres que creen que la oración es el asunto principal y dedican el tiempo que corresponde a una apreciación tan alta de su importancia, confía Dios las llaves de su reino, obrando por medio de ellos maravillas espirituales en este mundo. Cuando la oración alcanza estas proporciones viene a ser la señal y el sello de los grandes líderes de la causa de Dios y la garantía de las fuerzas conquistadoras del éxito con que Dios coronará su labor.

 

El predicador tiene la comisión de orar tanto como de predicar. Su labor es incompleta si descuida alguna de las dos. Aunque el predicador hable con toda la elocuencia de los hombres y de los ángeles, si no ora con fe para que el cielo venga en su ayuda, su predicación será como “metal que resuena o címbalo que retiñe”, para los usos permanentes de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

La unción y la oración

La unción y la oración

 

Todos los esfuerzos del ministro serán vanidad o peor que vanidad si no tiene unción. La unción debe bajar del cielo y esparcirse como un perfume dando sabor, sensibilidad y forma a su ministerio; y entre los otros medios de preparación para su cargo, la Biblia y la oración deben tener el primer lugar, y también debemos terminar nuestro trabajo con la Palabra de Dios y la oración.

En el sistema cristiano la unción es el ungimiento del Espíritu Santo, que aparta a los hombres para la obra de Dios y los habilita para ella. Sin esta unción no se obtienen verdaderos resultados espiri­tuales; los efectos y fuerzas de la predicación no exceden a los resultados de la palabra no consagrada. Sin unción ésta tiene tanta poten­cia como la del púlpito.

La unción divina sobre el predicador gene­ra por medio de la Palabra de Dios los resul­tados espirituales que emanan del Evangelio; y sin esta unción no se consiguen tales resul­tados. Se produce una impresión agradable, pero muy lejos de los fines de la predicación del Evangelio. La unción puede ser simulada. Hay muchas cualidades que se le parecen, hay muchos resultados que se asemejan a sus efec­tos, pero que son extraños a sus resultados y a su naturaleza. El fervor o el enternecimiento causados por un sermón patético o emocional pueden parecerse al efecto de la unción divi­na, pero no tienen la fuerza punzante que pe­netra y quebranta el corazón. No hay bálsamo que cure el alma en este enternecimiento exte­rior que obra por emoción y por simpatía; su resultado no es radical, no escudriña, no sana del pecado.

Esta unción divina es el único rasgo de dis­tinción, que separa la predicación del verda­dero Evangelio de todos los otros métodos de presentarlo, que refuerza y penetra la verdad revelada con todo el poder de Dios. La un­ción ilumina la Palabra, ensancha y enriquece el entendimiento capacitándolo para asirla y afianzarla. Prepara el corazón del predicador y lo pone en esa condición de ternura, pureza, fuerza y luz que es necesaria para obtener los resultados más satisfactorios. Esta unción da al predicador libertad y amplitud de pensa­miento y de alma, una independencia, vigor y exactitud de expresión que no pueden lograr­se por otro proceso.

Sin esta unción sobre el predicador, el Evangelio no tiene más poder para propagar­se que cualquier otro sistema de verdad. Este es el sello de su divinidad. La unción en el predicador pone a Dios en el Evangelio. Sin la unción, Dios está ausente y el Evangelio queda a merced de las fuerzas mezquinas y débiles que la ingenuidad, interés o talento de los hombres pueden planear para recomendar y proyectar sus doctrinas.

En este elemento falla el púlpito más que en cualquier otro. Fracasa conocimientos, ta­lento y elocuencia, sabe agradar y encantar, atrae a multitudes con sus métodos sensacio­nales; el poder mental imprime y hace cumplir la verdad con todos sus recursos; pero sin esta unción, todo esto será como el asalto de las aguas sobre el Gibraltar. La espuma cubre y resplandece; pero las rocas permanecen quie­tas, sin conmoverse, inexpresivas. Tan difícil es que las fuerzas humanas puedan arrancar del corazón la dureza y el pecado como el oleaje continuo del océano es impotente para arrebatar las rocas.

Esta unción es la fuerza que consagra y su presencia una prueba constante de esa consa­gración. El ungimiento divino del predicador asegura su consagración a Dios y a su obra. Una separación para la obra de Dios por el po­der del Espíritu Santo es la única consagración reconocida por Dios como legítima. Esta un­ción, la unción divina, este ungimiento celes­tial es lo que el púlpito necesita y debe tener. Este aceite divino y celestial tiene que suavi­zar y lubricar al individuo -corazón, cabeza y espíritu- hasta que lo aparta con una fuerza poderosa de todo o que es terreno, secular, mundano, de los fines y motivos egoístas para dedicarlo a todo lo que es puro y divino.

La presencia de esta unción sobre el predi­cador crea conmoción y actividad en muchas congregaciones. Las mismas verdades han sido dichas con la exactitud de la letra sin que se vea ninguna agitación, sin que se sienta nin­guna pena o pulsación. Todo está quieto como un cementerio. Viene otro predicador con esta misteriosa influencia; la letra de la Palabra ha sido encendida por el Espíritu, se perciben las angustias de un movimiento poderoso, es la unción que penetra y despierta la conciencia y quebranta el corazón. La predicación sin un­ción endurece, seca, irrita, mata todo.

La unción no es el recuerdo de una era del pasado; es un hecho presente, realizado, cons­ciente. Pertenece a la experiencia del hom­bre tanto como a su predicación. Es la que lo transforma a la imagen de su Divino Maestro y le da el poder para declarar las verdades de Cristo. Es tanta su fuerza en el ministerio que sin ella todo parece débil y vano, y por su pre­sencia compensa la ausencia de todas las otras predicaciones.

Esta unción no es un don inalienable. Es un don condicional que puede perpetuarse y au­mentarse por el mismo proceso con que se ob­tuvo el principio; por incesante oración a Dios, por vivo deseo de Dios, por estimar esta gracia, por buscarla con ardor incansable, por conside­rar todo como pérdida y fracaso si falta.

¿Cómo y de dónde viene esta unción? Di­rectamente de Dios en respuesta a la oración. Solamente los corazones que oran están llenos con este aceite santo; los labios que oran son los únicos con esta unción divina.

La oración y mucha oración, es el precio de la unción en la predicación y el requisito único para conservarla. Sin oración incesante la un­ción nunca desciende hasta el predicador. Sin perseverancia en la oración, la unción, como el maná guardado en contra de lo prevenido, cría gusanos.

 

Muamba, el futbolista que vive tras una hora de parada cardiaca y mucha oración

Muamba, el futbolista que vive tras una hora de parada cardiaca y mucha oración
El joven jugador Fabrice Muamba, del Bolton, mejora día a día en una “recuperación milagrosa” según los médicos que le atienden.

 El perfil de Twitter de Fabrice Muamba se ha actualizado tras trece días de inactividad. Muamba continúa recuperándose en el Chest Hospital de Londres tras caer desplomado en la primera parte del encuentro de Copa frente al Tottenham, y que provocó la suspensión del evento. Fue el pasado sábado 17 de marzo.

El jugador recibió 15 descargas con los desfibriladores antes de llegar al hospital. Dos sobre el campo, una en el túnel de vestuarios y otras trece en la ambulancia. Ninguna de ellas funcionó.

En total,  el corazón de Muamba estuvo 78 minutos en parada cardiaca y con reanimación cardiopulmonar , incluida la media hora final en la que ya estaba en el hospital.  Los médicos temían lo peor aunque finalmente su corazón volvió a latir más de una hora después. A pesar de sobrevivir y de la reanimación cardiopulmonar, los facultativos estaban preocupados ante muy probables daños cerebrales graves. «No pensé que pudiésemos llegar a la recuperación que hemos tenido, es increíble» , agrega el doctor, que en su última visita a Muamba al hospital le explicó toda la cadena de acontecimientos.

Desde su ingreso mejora progresivamente.  Tras varios días en estado crítico, comenzó a respirar de forma espontánea, sin ventilación mecánica. Luego no sólo recuperó la consciencia, sino que comenzó a hablar con familiares y compañeros. Ahora ya ve la televisión, e incluso ha revisado las imágenes del partido en el que cayó desvanecido y estuvo a punto de morir. Una recuperación “milagrosa” teniendo en cuenta las palabras literales de los médicos del hospital y del propio club .

 EL PODER DE LA ORACIÓN
 La familia del futbolista Fabrice Muamba, tras sufrir la parada cardiaca, pidió oraciones por su recuperación.  Su novia, Susana Magunda, tuiteó “Dios tiene el control. Por favor, mantengan a @fmuamba en sus oraciones”

Y la respuesta no se hizo esperar desde todos los frentes posibles. Redes sociales, declaraciones, testimonios públicos, cadenas de oración en las iglesias.

Tanto que los medios de comunicación lo reflejaron. Así, se vió en numerosas publicaciones que  después de marcar un gol durante un partido celebrado el domingo siguiente, el defensa del Chelsea Gary Cahill ( excompañero de Muamba) mostró una camiseta con la leyenda “Oremos por Muamba”  (Pray 4 Muamba”).

Ese mismo día,  el titular del tabloide The Sun fue “Dios tiene el control”, acompañado por el subtítulo “Orando por Muamba”, mientras que el Daily Star apostó por “En manos de Dios” .

Y  el entrenador del Bolton, Owen Coyle, agradeció públicamente las muestras de solidaridad para con su jugador haciendo referencia al poder de la oración . “Todo el mundo está orando por Fabrice, lo que es muy importante, y ha sido muy reconfortante para su familia”, dijo Coyle.

 UNA FE PROFUNDA
 Muamba asiste habitualmente al culto de una iglesia evangélica todos los domingos , si no coincide con sus obligaciones profesionales como futbolista. “La fe es una parte importante de toda mi familia”, ha declarado. Además, cuenta, lee la Biblia siempre antes de saltar al campo para jugar. “ Siempre leo la Biblia cada mañana y oro antes de salir a la cancha ” ha explicado en entrevistas.

El jugador a lo largo de su trayectoria deportiva  en todo momento ha expresado que Dios es la razón de todo lo que ha logrado como persona y futbolista .

 UNA VIDA EXTREMADAMENTE DIFÍCIL
El padre de Fabrice, Marcel, trabajó en el Congo para el gobierno de Mobutu Sesse Seko, un dictador que fue derrocado en 1997. Los colaboradores del régimen fueron perseguidos y Marcel huyó del Congo. La madre del futbolista Gertrudis y sus cinco hijos fueron recogidos por un tío. La situación se agravó cuando el tío fue asesinado. Un par de años después la familia huyó para aterrizar en Inglaterra. El hoy futbolista tenía 11 años.

En unas declaraciones a Daily Mail, Muamba señaló sobre su experiencia en su país natal: “Fue muy, muy difícil. Yo vi la guerra. Vi morir a la gente. Crecí con la guerra. Pasé auténtico miedo”. El pequeño Fabrice escuchaba los disparos por la noche “Yo no vivía muy lejos de la guerra. Por las noches era terrorífico. No podía salir a jugar al fútbol porque nos podían matar. No es una frase, a dos amigos míos les mataron, a otros les hirieron”·

 EN INGLATERRA
Aquella pesadilla terminó para él en 1999 cuando se le concedió asilo político en el Reino Unido. El pequeño Fabrice no sabía una palabra de inglés. Pero los profesores le recuerdan como un niño inteligente.

Estudió en la Escuela de Kelmscott en Walthamstow, al noreste de Londres, a tan solo tres kilómetros del campo de fútbol donde se desplomó el sábado. En los perfiles que estos días se han escrito en Inglaterra destaca el dato de que  Muamba era el jugador del vestuario con más títulos académicos , destacando los de francés y matemáticas.

Peter Weissberg, director de la Fundación Británica de Cardiología ha pronosticado que  es “probable” que se le prohíba volver a jugar al f útbol .”La mayoría de estas enfermedades se deben a una combinación de ejercicio intenso y una tendencia al paro cardíaco”, añadió Weissberg.

La unción y la predicación

La unción y la predicación

La Oración Fuente de Poder E. M. Bounds Libro XIII

“Habla para la eternidad. Sobre todas las cosas cultiva tu propio espíritu. Una palabra que hables con tu conciencia clara y tu corazón lleno del Espíritu de Dios vale diez mil palabras enunciadas en incredulidad y pecado. Recuerda que hay que dar gloria a Dios y no al hombre. Si el velo de la maquinaria del mundo se levantara, cuánto encontraríamos que se ha hecho en respuesta a las oraciones de los hijos de Dios.” Robert Murray McCheyne.

La unción es la cualidad indefinible e indescriptible que un antiguo y renombrado predicador escocés describe de esta manera: “En ocasiones hay algo en la predicación que no puede aplicarse al asunto o a la expresión, ni puede explicarse lo que es ni de dónde viene, pero con una dulce violencia taladra el corazón y los afectos y brota directamente del Señor. Si hay algún medio de obtener este don es por la disposición piadosa del orador”.

La llamamos unción. Esta unción es la que hace la Palabra de Dios “viva y eficaz y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Esta unción es la que da a las palabras del predicador precisión, agudeza y poder y la que agita y despierta las congregaciones muertas. Las mismas verdades han sido dichas en otras ocasiones con la exactitud de la letra, han sido suavizadas con el aceite humano; pero no ha habido señales de vida, no ha habido latido del pulso; todo ha permanecido quieto como el sepulcro y como la muerte. Pero si el predicador recibe el bautismo de esta unción, el poder divino está en él, la letra de la Palabra ha sido embellecida y encendida por esta fuerza misteriosa y empiezan las palpitaciones de la vida, la vida que recibe a la vida que resiste. La unción penetra y convence la conciencia y quebranta el corazón.

Esta unción divina es el rasgo que separa y distingue la genuina predicación del Evangelio de todos los otros métodos de presentar la verdad que abren un abismo espiritual entre el predicador que la posee y el que no la tiene. La verdad revelada está apoyada e impregnada por la energía divina. La unción sencillamente pone a Dios en su Palabra y en su predicador. Por medio de una grande, poderosa y continua devoción la unción se hace potencial y personal para el predicador; inspira y clarifica su inteligencia, le da intuición, dominio y poder; imparte al predicador energía del corazón que es de más valor que la energía intelectual; por ella brotan de su corazón la ternura, la pureza, la fuerza.

A menudo se confunde el fervor con esta unción. El que tiene la unción divina será fervoroso en la misma naturaleza espiritual de las cosas, pero puede haber una gran cantidad de fervor sin la más leve mezcla de unción.

El fervor y la unción se parecen desde algunos puntos de vista. El entusiasmo puede fácilmente confundirse con la unción. Se requiere una visión espiritual y un sentido espiritual para discernir la diferencia.

El entusiasmo puede ser sincero, formal, ardiente y perseverante. Emprende un fin con buena voluntad, lo sigue con constancia y lo recomienda con empeño; pone fuerza en él. Pero todas estas fuerzas no van más alto que lo mero humano. El hombre está en ellos, todo lo que es el hombre completo de voluntad y corazón, de cerebro y genio, de voluntad, de trabajo y expresión hablada. Él se ha fijado un propósito que lo ha dominado y se esfuerza por alcanzarlo. Puede ser que en sus proyectos no haya nada de Dios o haya muy poco por contener tanto del hombre. Hará discursos en defensa de su propósito ardiente que agraden, enternezcan o anonaden con la convicción de su importancia; y sin embargo, todo este entusiasmo puede ser impulsado por fines terrenales, empujado únicamente por fuerzas humanas; su altar hecho mundanamente y su fuego encendido por llamas profanas. Se dice de un famoso predicador de mucho talento que construía la Escritura tan a su modo, que se “hizo muy elocuente sobre su propia exégesis”. Así los hombres se hacen excesivamente solícitos en sus propios planes o acciones.

¿Qué es unción? Es lo indefinible que constituye una predicación. Es lo que distingue y separa la predicación de todos los discursos meramente humanos. Es lo divino en la predicación. Hace la predicación severa para el que necesita rigor; destila como el rocío para los que necesitan ser confortados. Está bien descrita como una “espada de dos filos, templada por el cielo, que hace doble herida, una de muerte al pecado, otra de vida al que lamenta su maldad; provoca y aplaca la lucha, trae conflicto y paz al corazón”. Esta unción desciende al predicador no en su oficina sino en su retiro privado. Es la destilación del cielo en respuesta a la oración. Es la exhalación más dulce del Espíritu Santo. Impregna, difunde, suaviza, filtra, corta y calma. Lleva la Palabra como dinamita, como sal, como azúcar; hace de la Palabra un confortador, un acusador, un escrutador, un revelador; hace al oyente un culpable o un santo, lo hace llorar como un niño y vivir como un gigante; abre su corazón y su bolsillo tan dulcemente y al mismo tiempo tan fuertemente como la primavera abre sus hojas.

Esta unción no es el don del genio. No se encuentra en las salas de estudio. Ninguna elocuencia puede traerla. Ninguna industria puede lograrla. No hay manos episcopales que puedan conferirla. Es el don de Dios, el sello puesto a sus mensajeros. Es el grado de nobleza impartido a los fieles y valientes escogidos que han buscado el honor del ungimiento por medio de muchas horas de oración esforzada y llena de lágrimas.

El entusiasmo es bueno e impresionante; el genio es grande y hábil. El pensamiento enciende e inspira, pero se necesita el don más divino, una energía más poderosa que el genio, la vehemencia o el pensamiento para romper las cadenas del pecado, para convertir a Dios los corazones extraviados y depravados, para reparar las brechas y restaurar la Iglesia a sus antiguas prácticas de pureza y poder. Solo la unción santa puede lograr esto.

¿Cómo? Por el Espíritu Santo morando en toda su plenitud en la vida del ministro del Evangelio. Es una obra de Dios.

Venezuela: Piden oración por el presidente Chávez

El Consejo Evangélico de Venezuela ante el anuncio de la operación del presidente Hugo Chávez Frías convoca a los cristianos a orar por Venezuela y sus gobernantes, además en su comunicado indica su preocupación por algunos eventos ocurridos en Venezuela.

El Consejo emitió un comunicado firmado por su vicepresidente el Reverendo José Piñero refiriéndose a estos temas:

“Así que exhorto, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, 2 especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. 3 Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, 4 pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.”

En los últimos tiempos se han generado algunos lamentables acontecimientos que se añaden a las preocupaciones del pueblo venezolano, entre estos los hechos que generaron la incertidumbre de muchos ciudadanos que participaron en las primarias de la MUD y que luego vivieron las ansiedades propias del temor a verse afectados por una posible reedición de la ignominiosa “lista Tascón” la cual ha sido un lamentable testimonio de la maldad que puede ser desatada por las discriminaciones políticas (Lamentamos que en medio de estos eventos se perdiera la vida de un joven estudiante).

Luego fuimos testigos del grave desastre ecológico en el río Guarapiche y otros sectores del Estado Monagas, lo cual ha afectado gravemente a su población. Ahora, a estos acontecimientos se suman las preocupaciones por la salud del Presidente de la República.

Como gente de fe, expresamos al pueblo venezolano nuestro acompañamiento en la oración, y asimismo animamos a todos a orar por Venezuela, incluyendo a todos los alcaldes, gobernadores y demás funcionarios del Estado, y muy especialmente al Presidente de la República dada su alta investidura y responsabilidad, además de los reportes de él mismo acerca de su salud.

Es nuestra esperanza que este año 2012 sea uno en que podamos ser todos y todas protagonistas de un proceso electoral que transcurra en paz y con la presencia de todos sus actores, y que al mismo tiempo transcurra en medio de discursos en que impere la sindéresis y el acercamiento dialogante de los candidatos a todos los sectores del país a fin de tomar una mayor conciencia de los sufrimientos y esperanzas de todos los venezolanos sin distingos de parcialidad política o religiosa.

A todos nuestra palabra de ánimo, al Presidente nuestro deseo de una pronta recuperación. Al pueblo venezolano nuestra exhortación a seguir adelante en la esperanza y compromiso por la construcción de una patria digna en la que impere la hermandad, la tolerancia, y la justicia.

La Oración creadora de Devoción

La Oración creadora de Devoción

Pablo vivió sobre sus rodillas para que la Iglesia pudiera comprender la altura y la anchura y la profundidad de una santidad inmensurable, para que fuera llena de toda la plenitud de Dios.

Existe en la actualidad una falta manifiesta de espiritualidad en el ministerio. Lo siento en mi propio caso y lo veo en otros. Temo que la condición de nuestra mente sea demasiado artificiosa, mezquina e intrigante. Nos preocupamos más de lo debido en complacer los gustos de un hombre y los perjuicios de otro. El ministerio es sublime y puro y debe encontrar en nosotros hábitos sencillos de espíritu y una indiferencia santa pero humilde para todas las consecuencias.  El defecto principal en los ministros cristianos es la falta de hábitos devocionales.

Richard Cecil

Nunca ha habido unas necesidades más urgentes de hombres y mujeres consagrados, pero aún más imperativa es la demanda de predicadores santos y devotos de Dios. El mundo se mueve con pasos agigantados. Satanás mantiene su dominio y gobierno del mundo y se afana para que todos sus actos sirvan a sus fines. La Iglesia debe hacer su mejor obra, presentar sus modelos más atractivos y perfectos. Pablo vivió sobre sus rodillas para que la Iglesia de Éfeso pudiera comprender la altura y la anchura y la profundidad de una santidad inmensurable, para que fuera llena “de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19). Epafras se entregó a obra consumidora y al conflicto tenaz de la oración ferviente, para que los de la iglesia de Colosas pudieran estar “firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” (Colosenses 4:12). En todas partes, en los tiempos apostólicos, se tenía el intenso anhelo de que todo el pueblo de Dios pudiera llegar a la “unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Ninguna cantidad de dinero, genio o cultura puede hacer progresar el reino de Dios. La santidad dando energía al alma, haciendo arder a todo el hombre con amor, con deseo de más fe, más oración, más celo, más consagración, éste es el secreto del poder. Hombres así necesitamos, que sean la encarnación de una devoción encendida por Cristo. Cuando faltan, el avance de Dios se estaciona, su causa se debilita y su nombre desmerece. El genio (aun el más elevado y escogido), la educación (aun la más inteligente y refinada), la posición, la dignidad, el rango, el cargo, los nombres privilegiados, los eclesiásticos ilustres, no pueden mover el carro de nuestro Dios. Por ser de fuego solo pueden empujarlo fuerzas ígneas. El genio de un Milton fracasa. La fuerza imperial de un León falla. Pero el espíritu de un Brainerd le pone en movimiento. El espíritu de Brainerd estaba encendido por Dios para hacer arder las almas.

La oración es la creadora y el canal de la devoción. El espíritu de la devoción es la oración. La oración y la devoción están unidas como el alma y el cuerpo, como la vida y el corazón. No hay verdadera oración sin devoción, ni devoción sin oración. El predicador debe estar rendido a Dios en la devoción más santa. No es un profesional. Su ministerio no es una profesión; es una institución divina. Está consagrado a Dios. Sus propósitos, sus aspiraciones y ambiciones son de Dios y para Dios, y a fin de lograr esto la oración es tan esencial como el alimento para la vida.

El predicador, sobre todas las cosas, debe estar consagrado a Dios. Las relaciones del predicador con Dios deben ser la insignia y las credenciales de su ministerio. Estas deben ser claras, conclusivas, inequívocas. El tipo de su piedad ha de estar exento de superficialidad y vulgaridad. Si no excede en la gracia no podrá sobresalir en ningún sentido. Si no predica por su vida, carácter y conducta, su predicación es vacía. Si su piedad es ligera, su predicación podrá ser tan suave y tan dulce como la música, tan hermosa como Apolo, pero su peso será como el de una pluma, visionaria, flotante, como la nube o el rocío de la mañana. La devoción a Dios no tiene sustituto en el carácter y la conducta del predicador. La devoción a una iglesia, a las opiniones, a una organización, a la ortodoxia, es despreciable, equivocada y vana, cuando se convierte en la fuente de inspiración, en el ánimo de una llamada.

Dios ha de ser el motivo principal del esfuerzo del predicador, la fuente y la corona de toda su labor. Todo su afán ha de ser el nombre y la gloria de Jesucristo y el avance de su causa. Entonces la oración será el veneno de su iluminación, el medio de adelanto perpetuo, la medida de su éxito. El único y constante anhelo que el predicador puede acariciar es tener a Dios con él.

Nunca como en la actualidad ha necesitado la causa de Dios perfectas ilustraciones de las posibilidades de la oración. Ni las épocas ni las personas pueden ser ejemplos del poder del Evangelio, excepto que sean personas y épocas de profunda y ferviente oración. Sin éstas las generaciones tendrán escasos modelos del poder divino y los corazones nunca se elevarán a las alturas. Un siglo puede ser mejor que el pasado, pero hay una distancia infinita entre el mejoramiento de una época por la fuerza de una civilización que avanza y su mejoramiento por el crecimiento en santidad y en semejanza a Cristo por medio de la energía de la oración. Los judíos fueron muchos mejores cuando vino Cristo que en los tiempos anteriores. Pero fue también la edad de oro de la religión farisaica. La edad de oro religiosa crucificó a Cristo.

Nunca más oración y menos oración; nunca más sacrificios y menos sacrificios; nunca menos idolatría y más idolatría; nunca más devoción por el templo y menos culto para Dios; nunca más servicio de labios y menos servicio del corazón, nunca más asistencia a la iglesia y menos santidad.

La fuerza de la oración hace santos. Los caracteres santos se forman por el poder de la oración genuina. Más santos verdaderos significa más oración; más oración significa más santos verdaderos.

Aerolinea decide retirar tarjetas con textos bíblicos en sus vuelos

 

EE.UU.- La séptima mayor compañía aérea de Estados Unidos, Alaska Airlines, dijo esta semana que pondría fin a su antigua tradición de entregar tarjetas con pasajes de la Biblia junto a las comidas de sus vuelos debido a presión de algunos pasajeros.

La compañía aérea con sede en Seattle comenzó a ofrecer las tarjetas de oración en el 1970. Pero en un correo electrónico enviado a sus viajeros frecuentes, informaron de la decisión que entrará en vigor el 1 de febrero.

“Esta difícil decisión no fue tomada a la ligera. Creemos que es lo que hay que hacer para respetar la diversidad de creencias religiosas y las actitudes culturales de todos nuestros clientes y empleados”, explicaron Bill Ayer y Brad Tilden, presidente de la línea aérea y de su junta de directores.

“Las creencias religiosas son profundamente personales y compartirlas con otras personas es una elección individual.”

La aerolínea ha ofrecido las comidas sólo en vuelos de más de cuatro horas y, desde 2006, sólo para pasajeros de primera clase – hasta 16 personas por vuelo. La aerolínea transporta a 16.5 millones de pasajeros al año.

La decisión provocó decenas de comentarios en la página de Facebook de la aerolínea, en su mayoría de personas que expresan su decepción por el cambio.

Bobbie Egan, portavoz de la línea aérea dijo que los líderes de la compañía tomaron la decisión el pasado otoño, después de evaluar por varios años el aumento de las quejas de los clientes.

“La idea de retirar las tarjetas se había acercado varias veces en los últimos años y provocó un serio debate”, dijo. “Cuando el asunto volvió a surgir el otoño pasado, después de considerar cuidadosamente todas las partes, se acordó que la eliminación de la tarjeta era simplemente lo que había que hacer”.

Egan no pudo explicar si el aumento de las quejas estuvo relacionado con la limitación de la distribución de las tarjetas para pasajeros de primera clase.

“Con los años, hemos recibido comentarios de clientes que fueron consolados por la tarjeta, pero muchos otros sentían que la religión no era apropiada en un avión y preferían no recibir ninguna tarjeta”, dijo.

“Hemos visto un aumento en el número de pasajeros que simplemente no aprecian el hecho de recibir una tarjeta de oración en la bandeja de comida”. AcontecerCristiano.net

Israelíes se encuentran con Jesús en Facebook

Israelíes se encuentran con Jesús en Facebook

Esta es una tendencia persistente. Las estadísticas proporcionadas por Google muestran que los israelíes buscaron (en hebreo) el nombre “Yeshua” (Jesús), más de 25.000 veces al mes.

La frase “Brit Hadasha” (Nuevo Testamento) fue buscado por más de 5.000 veces cada mes.

El Ministerio Mesiánico Israelí para Israel” (Israeli Messianic ministry One for Israel) sigue encontrando éxito en la difusión del Evangelio a través de redes sociales como Facebook y sitios web especializados en lengua hebrea.

En su informe anual, una vez más “One for Israel”, señaló que los israelíes son mucho más activos en Internet que los occidentales promedio, por lo que el espacio en línea es perfecto, aunque a menudo pasan por alto el camino para la evangelización.

Por ejemplo, “One for Israel”, que señaló que las estadísticas de comScore revelaron que los israelíes pasan 11,1 horas al mes en Facebook, más del doble que son 5,7 horas que es un promedio mundial. Se señaló además que “en general el 94 por ciento de los usuarios de israelíes están activos en las redes sociales”.

Con el fin de llegar a todos los usuarios de Internet en Israel, “One for Israel”, lleva a cabo una campaña de anuncios en Facebook, Google y otros sitios web de alto el tráfico. Aquellos que hagan clic en los anuncios son llevados a una serie de evangelización centrada en el idioma hebreo en sitios web (como iGod.co.il) que tratan de explicar a los medios no creyentes de Israel que las afirmaciones de Jesús merecen consideración.

Sin embargo, el israelí promedio, no es muy versado en la Biblia, y ciertamente no en las profecías que apuntan a Jesús. Así que hace poco “One for Israel”, lanzó un nuevo sitio web, TheOne.co.il (versión en Inglés), que tiene un enfoque muy sencillo y básico para la narración profética, lo que lleva al espectador de la mano a través de citas mesiánicas de la Biblia que las relaciona con los problemas de Israel.

Estos esfuerzos continuarán dando fruto

“One for Israel”, dijo que el informe anual, que varias personas han contactado personalmente el ministerio desde el año pasado buscando un mayor conocimiento de Jesús, entre ellos un oficial de alto rango de ejército israelí.

La organización hebrea resaltó que el sitio web dedicado a evangelizar a los hebreos que no creen en Jesús, fue visitado más de 150.000 veces y los israelíes descargaron una versión digital del Nuevo Testamento en hebreo durante cinco horas durante el año 2011. También pidieron copias físicas del Nuevo Testamento una vez al día como promedio.

Esta es una tendencia persistente. Las estadísticas proporcionadas por Google muestran que los israelíes buscaron (en hebreo) el nombre “Yeshua” (Jesús), más de 25.000 veces al mes. La frase “Brit Hadasha” (Nuevo Testamento) fue buscado por más de 5.000 veces cada mes.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.