La Primacía de la Oración

La primacía de la oración

La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

Ya conoces el valor de la oración: es precioso sobre todo precio. Nunca la descuides. -Sir Thomas Buxton.

 

La oración es lo más necesario para el ministro. Por tanto, mi querido hermano ora, ora, ora. -Edward Payson.

 

La oración en la vida,en el estudio y en el púlpito del predicador, ha de ser una fuerza conspicua y que a todo trascienda. No debe tener un lugar secundario, ni ser una simple cobertura. A él le es dado pasar con su Señor “la noche orando a Dios”. Para que el predicador se ejercite en esta oración sacrificial es necesario que no pierda de vista a su Maestro, quien “levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. El cuarto de estudio del predicador ha de ser un altar, un Betel, donde le sea revelada la visión de la escala hacia el cielo significando que los pensamientos antes de bajar a los hombres han de subir hasta Dios; para que todo el sermón esté impregnado de la atmósfera celestial, de la solemnidad que le ha impartido la presencia de Dios en el estudio.

 

Como la máquina no se mueve sino hasta que el fuego está encendido, así la predicación, con todo su mecanismo, perfección y pulimento, está paralizada en sus resultados espirituales, hasta que la oración arde y crea el vapor. La forma, la hermosura y la fuerza del sermón son como paja a menos que no tenga el poderoso impulso de la oración en él, a través de él y tras él. El predicador debe, por la oración, poner a Dios en el sermón. El predicador, por medio de la oración, acerca a Dios al pueblo antes de que sus palabras hayan movido al pueblo hacia Dios. El predicador ha de tener audiencia con Dios antes de tener acceso al pueblo. Cuando el predicador tiene abierto el camino hacia Dios, con toda seguridad lo tiene abierto hacia el pueblo.

 

No nos cansamos de repetir que la oración, como un simple hábito, como una rutina que se practica en forma profesional, es algo muerto. Esta clase de oración no tiene nada que ver con la oración por la cual abogamos. La oración que deseamos es la que reclama y enciende las más altas cualidades del predicador; la oración que nace de una unión vital con Cristo y de la plenitud del Espíritu Santo, que brota de las fuentes profundas y desbordantes de compasión tierna y de una solicitud incansable por el bien eterno de los hombres; de un celo consumidor por la gloria de Dios; de una convicción completa de la difícil y delicada tarea del predicador y de la necesidad imperiosa de la ayuda más poderosa de Dios. La oración basada en estas convicciones solemnes y profundas es la única oración verdadera. La predicación respaldada por esta clase de oración es la única que siembra las semillas de la vida eterna en los corazones humanos y prepara hombres para el cielo.

 

Naturalmente que hay predicación que goza del favor del público, que agrada y atrae, predicación que tiene fuerza literaria e intelectual y puede considerarse buena, excepto en que tiene poco o nada de oración; pero la predicación que llena los fines de Dios debe tener su origen en la oración desde que enuncia el texto y hasta la conclusión, predicación emitida con energía y espíritu de plegaria, seguida y hecha para germinar, conservando su fuerza vital en el corazón de los oyentes por la oración del predicador, mucho tiempo después de que la ocasión ha pasado.

 

De muchas maneras nos excusamos de la pobreza espiritual de nuestra predicación, pero el verdadero secreto se encuentra en la carencia de la oración ferviente por la presencia de Dios en el poder del Espíritu Santo. Hay innumerables predicadores que desarrollan sermones notables; pero los efectos tienen corta vida y no entran como un factor determinante en las regiones del espíritu donde se libra la batalla tremenda entre Dios y Satanás, el cielo y el infierno, porque los que entregan el mensaje no se han hecho militantes, fuertes y victoriosos por la oración.

 

Los predicadores que han obtenido grandes resultados para Dios son los hombres que han insistido cerca de Dios antes de aventurarse a insistir cerca de los hombres. Los predicadores más poderosos en sus oraciones son los más eficaces en sus púlpitos.

 

Los predicadores son seres humanos y están expuestos a ser arrebatados por las corrientes del mundo. La oración es un trabajo espiritual y la naturaleza humana rehúye un trabajo espiritual y exigente. La naturaleza humana gusta de bogar hacia el cielo con un viento favorable y un mar tranquilo. La oración hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Todo esto es difícil de sobrellevar para la carne y la sangre. Es más cómodo no orar que hacer abstracción de aquellas cosas. Entonces llegamos a uno de los grandes males de estos tiempos; poca o ninguna oración. De estos dos males quizás el primero sea más peligroso que el segundo. La oración escasa es una especie de pretexto, de subterfugio para la conciencia, una farsa y un engaño.

 

El poco valor que damos a la oración está evidenciado por el poco tiempo que le dedicamos. Hay veces que el predicador sólo le concede los momentos que le han sobrado. No es raro que el predicador ore únicamente antes de acostarse, con su ropa de dormir puesta, añadiendo si acaso una rápida oración antes de vestirse por la mañana. ¡Cuán débil, vana y pequeña es esta oración comparada con el tiempo y energía que dedicaron a la misma algunos santos varones de la Biblia y fuera de la Biblia! ¡Cuán pobre e insignificante es nuestra oración, mezquina e infantil frente a los hábitos de los verdaderos hombres de Dios en todas las épocas! A los hombres que creen que la oración es el asunto principal y dedican el tiempo que corresponde a una apreciación tan alta de su importancia, confía Dios las llaves de su reino, obrando por medio de ellos maravillas espirituales en este mundo. Cuando la oración alcanza estas proporciones viene a ser la señal y el sello de los grandes líderes de la causa de Dios y la garantía de las fuerzas conquistadoras del éxito con que Dios coronará su labor.

 

El predicador tiene la comisión de orar tanto como de predicar. Su labor es incompleta si descuida alguna de las dos. Aunque el predicador hable con toda la elocuencia de los hombres y de los ángeles, si no ora con fe para que el cielo venga en su ayuda, su predicación será como “metal que resuena o címbalo que retiñe”, para los usos permanentes de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

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Muamba, el futbolista que vive tras una hora de parada cardiaca y mucha oración

Muamba, el futbolista que vive tras una hora de parada cardiaca y mucha oración
El joven jugador Fabrice Muamba, del Bolton, mejora día a día en una “recuperación milagrosa” según los médicos que le atienden.

 El perfil de Twitter de Fabrice Muamba se ha actualizado tras trece días de inactividad. Muamba continúa recuperándose en el Chest Hospital de Londres tras caer desplomado en la primera parte del encuentro de Copa frente al Tottenham, y que provocó la suspensión del evento. Fue el pasado sábado 17 de marzo.

El jugador recibió 15 descargas con los desfibriladores antes de llegar al hospital. Dos sobre el campo, una en el túnel de vestuarios y otras trece en la ambulancia. Ninguna de ellas funcionó.

En total,  el corazón de Muamba estuvo 78 minutos en parada cardiaca y con reanimación cardiopulmonar , incluida la media hora final en la que ya estaba en el hospital.  Los médicos temían lo peor aunque finalmente su corazón volvió a latir más de una hora después. A pesar de sobrevivir y de la reanimación cardiopulmonar, los facultativos estaban preocupados ante muy probables daños cerebrales graves. «No pensé que pudiésemos llegar a la recuperación que hemos tenido, es increíble» , agrega el doctor, que en su última visita a Muamba al hospital le explicó toda la cadena de acontecimientos.

Desde su ingreso mejora progresivamente.  Tras varios días en estado crítico, comenzó a respirar de forma espontánea, sin ventilación mecánica. Luego no sólo recuperó la consciencia, sino que comenzó a hablar con familiares y compañeros. Ahora ya ve la televisión, e incluso ha revisado las imágenes del partido en el que cayó desvanecido y estuvo a punto de morir. Una recuperación “milagrosa” teniendo en cuenta las palabras literales de los médicos del hospital y del propio club .

 EL PODER DE LA ORACIÓN
 La familia del futbolista Fabrice Muamba, tras sufrir la parada cardiaca, pidió oraciones por su recuperación.  Su novia, Susana Magunda, tuiteó “Dios tiene el control. Por favor, mantengan a @fmuamba en sus oraciones”

Y la respuesta no se hizo esperar desde todos los frentes posibles. Redes sociales, declaraciones, testimonios públicos, cadenas de oración en las iglesias.

Tanto que los medios de comunicación lo reflejaron. Así, se vió en numerosas publicaciones que  después de marcar un gol durante un partido celebrado el domingo siguiente, el defensa del Chelsea Gary Cahill ( excompañero de Muamba) mostró una camiseta con la leyenda “Oremos por Muamba”  (Pray 4 Muamba”).

Ese mismo día,  el titular del tabloide The Sun fue “Dios tiene el control”, acompañado por el subtítulo “Orando por Muamba”, mientras que el Daily Star apostó por “En manos de Dios” .

Y  el entrenador del Bolton, Owen Coyle, agradeció públicamente las muestras de solidaridad para con su jugador haciendo referencia al poder de la oración . “Todo el mundo está orando por Fabrice, lo que es muy importante, y ha sido muy reconfortante para su familia”, dijo Coyle.

 UNA FE PROFUNDA
 Muamba asiste habitualmente al culto de una iglesia evangélica todos los domingos , si no coincide con sus obligaciones profesionales como futbolista. “La fe es una parte importante de toda mi familia”, ha declarado. Además, cuenta, lee la Biblia siempre antes de saltar al campo para jugar. “ Siempre leo la Biblia cada mañana y oro antes de salir a la cancha ” ha explicado en entrevistas.

El jugador a lo largo de su trayectoria deportiva  en todo momento ha expresado que Dios es la razón de todo lo que ha logrado como persona y futbolista .

 UNA VIDA EXTREMADAMENTE DIFÍCIL
El padre de Fabrice, Marcel, trabajó en el Congo para el gobierno de Mobutu Sesse Seko, un dictador que fue derrocado en 1997. Los colaboradores del régimen fueron perseguidos y Marcel huyó del Congo. La madre del futbolista Gertrudis y sus cinco hijos fueron recogidos por un tío. La situación se agravó cuando el tío fue asesinado. Un par de años después la familia huyó para aterrizar en Inglaterra. El hoy futbolista tenía 11 años.

En unas declaraciones a Daily Mail, Muamba señaló sobre su experiencia en su país natal: “Fue muy, muy difícil. Yo vi la guerra. Vi morir a la gente. Crecí con la guerra. Pasé auténtico miedo”. El pequeño Fabrice escuchaba los disparos por la noche “Yo no vivía muy lejos de la guerra. Por las noches era terrorífico. No podía salir a jugar al fútbol porque nos podían matar. No es una frase, a dos amigos míos les mataron, a otros les hirieron”·

 EN INGLATERRA
Aquella pesadilla terminó para él en 1999 cuando se le concedió asilo político en el Reino Unido. El pequeño Fabrice no sabía una palabra de inglés. Pero los profesores le recuerdan como un niño inteligente.

Estudió en la Escuela de Kelmscott en Walthamstow, al noreste de Londres, a tan solo tres kilómetros del campo de fútbol donde se desplomó el sábado. En los perfiles que estos días se han escrito en Inglaterra destaca el dato de que  Muamba era el jugador del vestuario con más títulos académicos , destacando los de francés y matemáticas.

Peter Weissberg, director de la Fundación Británica de Cardiología ha pronosticado que  es “probable” que se le prohíba volver a jugar al f útbol .”La mayoría de estas enfermedades se deben a una combinación de ejercicio intenso y una tendencia al paro cardíaco”, añadió Weissberg.

Salgamos al Campo

Salgamos al Campo

Rev. Luis M. Ortiz

“Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.” Cantares 7:11.

La tarea suprema de la Iglesia es la Evangelización del mundo. La Iglesia no debe desarrollar ninguna empresa o actividad con mayor celo, entusiasmo y prioridad que la evangelización del mundo.

Cuando la Iglesia ha comprendido su responsabilidad delante del Señor y está llena de Su gloria y Su presencia, responderá voluntariamente al llamado del Señor de: “Id por todo el mundo (campo) y predicad el Evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15).

En Marcos 16:15, es el Señor Jesucristo quien invita a la Iglesia a ir al campo, pero en Cantares 7:11, es la Iglesia quien invita al Señor a ir al campo, pues ella quiere ver cumplido el deseo de su corazón para su amado Salvador: “Allí te daré mis amores” (Cantares 7:12).

La evangelización del mundo debe ser un deseo espontáneo de la Iglesia, sin sentirse presionada u obligada, pero sí cargada con la carga de la salvación de los perdidos sobre sus hombros.

Como mejor demuestra la Iglesia su amor al Señor, es con hechos, saliendo al campo, trabajando en la evangelización del mundo y ganando almas para el reino de los cielos.

La Iglesia cuenta con todo lo necesario para cumplir con la gran comisión de nuestro amado Salvador Jesucristo. Su sostén, la oración; Su poder, el Espíritu Santo; Su mensaje, Cristo; Su equipo, Los Dones del Espíritu Santo; Su Autoridad, la Palabra, el Nombre de Cristo y el Espíritu Santo; Su campo de labor, el mundo.

Amado lector, ¿amas al Señor?, ¿amas las almas pérdidas? ¿Quieres trabajar por el Señor? ¡Sí! Pues invita al Señor y dile: “Salgamos al Campo” (Cantares 7:11), trabajemos “entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4). ¡Dios te bendiga!

El secreto de una gran victoria

El secreto de una gran victoria

Rev. Enrique Centeno

Encontramos aquí la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. Su piedad Su política. Su prosperidad; en particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él.

“E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado. Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz. Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados. Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros… Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre. Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes” (2 Crónicas 14:2-12).

Tenemos la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. Su piedad (vv. 1-5). Su política (vv. 6-8). Su prosperidad; en particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él (vv. 9-15).

1. QUITÓ TODO LO QUE IMPEDÍA LA BENDICIÓN DE DIOS

Asa procuró agradar a Dios y se esforzó en presentarse a Dios aprobado (2 Timoteo 2:15). “E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios” (v.2). ¿Por qué hizo Asa lo recto y lo bueno delante de Jehová su Dios? Dice la Palabra: “Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado” (vv.3-5).

La reforma que emprendió tan pronto como subió al trono. Retiró y abolió la idolatría. Desde que Salomón había iniciado la idolatría en la última parte de su reinado, nada se había hecho para suprimirla. Dioses extranjeros eran adorados y tenían sus altares, imágenes y cipos; y el servicio del templo, aunque era llevado a cabo por los sacerdotes (13:10), era descuidado por gran parte del pueblo. Tan pronto como Asa tuvo el poder en sus manos, se propuso destruir todos aquellos altares idolátricos con sus imágenes (vv.3, 5). Esperaba que, al destruir los ídolos, volverían en sí los idólatras. Reavivó y estableció el culto a Dios solo y, puesto que los sacerdotes cumplían con su oficio y servían a los altares de Dios, mandó al pueblo a que cumplieran también con su deber (v.4): “Mandó a Judá que buscase a el Dios de sus padres (y no a los dioses de los paganos), y pusiese por obra la ley y sus mandamientos”. Al obrar así, “estuvo el reino en paz bajo su reinado” (v.5).

Estos lugares que se mencionan, eran donde se les rendía culto a Baal el dios de la fertilidad, a Asera la diosa de la fortuna, y a Moloc, el dios al cual que se le ofrecían sacrificios humanos. Todos esos dioses estaban en medio del pueblo de Israel, y por supuesto, el pueblo estaba desviado de la verdadera adoración. Esos dioses extraños interrumpían la verdadera comunión entre Dios y su pueblo.

Sin embargo, Asa fue guiado para limpiar de en medio del pueblo todo aquello que estorbaba e impedía la verdadera adoración y el culto a Dios. Y cuando Asa hizo esto, el reino tuvo paz. La Palabra dice que “cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová (delante de Dios), aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7). Aunque en nuestros días, el pueblo de Dios no tenga esos dioses desagradables, abominables como lo tenía el pueblo de Israel, existen muchas cosas que están apartando y separando al pueblo de Dios.

Si queremos la bendición de Dios, tiene que haber purificación en nuestras vidas, y si queremos ser de bendición para otros, tenemos que quitar todo lo que impida que Dios pueda usarnos como canal y fuente de bendición.

2. HUBO PREPARACIÓN

“Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz” (v.6). Asa edificó ciudades fortificadas en Judá para asegurar la victoria. Para que haya edificación tiene que haber paz. En tiempos de guerra, una nación no puede edificar porque la guerra destruye lo que estaba edificado. Amado, aunque el mundo esté en guerra y en conflicto, en el pueblo de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, tenemos paz, porque Cristo es el autor de la paz. Él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Para poder vivir en paz con nuestros semejantes, primeramente tenemos que estar en paz con Dios y con nosotros mismos.

El mundo habla mucho de paz, pero no hay paz en el mundo. Y todos sabemos que este anuncio de paz que se oye por doquiera, no es más que un pregón de lo que está por suceder muy pronto. Cristo levantará su Iglesia y los juicios de Dios serán derramados en toda su potencia sobre la faz de esta tierra.

Cristo dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18). En Hechos 9:31 dice que las iglesias eran edificadas por todas partes, porque “tenían paz”. Tenemos que estar conscientes para qué el Señor nos ha llamado. Para poder edificar tenemos que estar cien por ciento en perfecta unidad, trabajando en equipo para el engrandecimiento de la Obra de Dios y para la gloria de su nombre. Tenemos que mantenernos en unidad para poder seguir edificando. Debemos cerrar cada vez más las brechas, para no darle tregua ni oportunidad al enemigo.

3. EDIFICÓ MUROS

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros…” (v.7). Los muros nos hablan de protección.

Antiguamente una ciudad sin muros era vulnerable al enemigo. Los habitantes de Jericó y su rey estaban confiados mientras los muros estaban levantados, pero cuando Dios los derribó, quedaron a expensas del pueblo de Israel. Cuando Nehemías supo del estado y la condición en que se encontraba Jerusalén que sus muros estaban arruinados, sus puertas por el piso, sintió gran preocupación, porque Jerusalén estaba desprotegida, estaba en ruinas.

En la vida cristiana tenemos que tener muros a nuestro alrededor. Cuando Dios le habló a Satanás a cerca de Job, le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso delante de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). El diablo le dijo a Dios: “¿No le has cercado alrededor él y a su casa y a  todo lo que tiene?” (Job 1:10). Así que el diablo veía toda la muralla que Dios había puesto alrededor de la vida de Job, de este siervo de Dios.

En la vida ministerial tiene que levantarse muros de protección, igualmente en esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, los muros tienen que seguir en pie. Los muros de santidad no deben caerse. Dentro del llamado pueblo de Dios se ha colado mucha inmundicia, mucha mundanalidad, y se hace muy difícil distinguir entre los que son de Dios y los que pertenecen al mundo. Sabemos que el pueblo de Dios siempre ha sido y debe ser un pueblo diferente, y tiene que establecerse esa diferencia. Por eso tenemos que seguir edificando el muro de la santidad aunque nos digan anticuados, aunque nos digan fanáticos.

No podemos rebajar las normas de conducta que Dios ha establecido dentro de esta Obra. Preferimos agradar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo guardando su Palabra, no importando los apodos o epítetos que nos pongan, porque es mejor honrar a Dios y a Su Palabra. El Señor ha dicho: “Yo honraré a los que me honran” (1 Samuel 2:30). Dios quiere hombres y mujeres rendidos, dispuestos, y llenos del Espíritu Santo, que proclamen su Palabra tal como Él lo ha dado.

Hay que seguir levantando los muros de la Palabra, siendo luz y testimonio en este mundo. Tenemos que confesar a Cristo con nuestros labios y con nuestros hechos, tenemos que vivir vidas santas por dentro y por fuera.

4. EDIFICÓ TORRES

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres…” (v.7). Las torres nos hablan de vigilancia.

La torres de la oración. “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41). “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así (vigilando)” (Mateo 24:46). “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Cuando descuidamos nuestra vida de oración, en nuestra muralla de protección se puede abrir una brecha por la cual entre el enemigo. Por eso es que tenemos que mantenernos en vigilancia. Las torres no se pueden descuidar, tenemos que seguir edificándolas para la gloria del Señor.

5. PREPARÓ UN EJÉRCITO

“Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros” (v.8). Asa también tenía ejército de hombres diestros que tenían escudos y entesaban arcos. La Iglesia de Cristo es un ejército.

Cuando Moisés fue comisionado para que fuera delante de Faraón, con la orden de dejar en libertad al pueblo de Israel, Dios le dijo a Moisés: “Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos” (Éxodo 6:26). En el libro del Cantar de los Cantares 6:10, refiriéndose a la Iglesia dice: “¿Quién es ésta que se muestra como alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10). Así que Dios llama a su pueblo mis ejércitos y Dios es llamado en la Biblia: “Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel” (Isaías 47:4).

Somos parte del ejército de Dios. Dice la Palabra que en el ejército de Asa todos eran hombres diestros. En Cantares 3:7-8, leemos: “He aquí es la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo”. Sabemos que la espada del pueblo de Dios es la Biblia. Asa tenía un ejército preparado, que tenía que enfrentarse a la resistencia. “Vendrá el enemigo como río, pero el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Salmo 27:3).

“Y clamó Asa a Jehová su Dios…” (v.11). Y Zera comandaba un ejército de un millón de hombres el cual superaba en soldados a los ejércitos de Asa, casi los duplicaba, Asa clamaba: “¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar alguna al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre venimos contra este ejército” (v.11). Aunque el ejército de Asa estaba bien adiestrado y equipado, él no puso su confianza en las armas, ni en los diestros que eran sus soldados, su confianza estaba en Dios. No podemos apoyarnos en nosotros mismos, ni en otros, ni en la política, ni en el mundo, tenemos que apoyarnos en Dios. Asa reconoce que el enemigo era poderoso, pero sabía que el Señor era el que peleaba.

He aquí uno de los secretos de la victoria: la confianza en el Señor, Él es el Dios de la victoria. Zera y todos los etíopes fueron aniquilados. Fue una victoria moral, material y económica, regresaron a Jerusalén triunfantes.

La Iglesia tiene el desafío y el reto más grande de la historia. Muchos están siendo vencidos, derrotados ante las fuerzas enemigas; pero como dijera el libro de Hebreos: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tiene fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39).

Estamos en conflicto, en una gran batalla, en una gran lucha; la cual no es “contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Es un ejército poderoso, pero el Cristo de la gloria nos ha proporcionado las armas adecuadas para pelear.

Como Iglesia nos enfrentamos a ese ejército, por eso las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Creemos que Dios nos ha provisto del poder del Espíritu Santo, con los dones milagrosos, los frutos del Espíritu Santo, y el arma defensiva más poderosa de los siglos: la Palabra de Dios.

En medio de este tiempo de conflictos y de muchas dificultades, podemos mantenernos firmes en una vida cristiana de total y constante victoria; porque “esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4) en el Cristo invencible, victorioso. No estamos solos en la batalla, Cristo ha prometido: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), dándonos siempre la victoria.

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

Rev. Ramón L. Aponte

Si queremos ser pueblo de Dios, y andar con Dios, debemos estar de acuerdo con Él. En primer lugar debemos de estar de acuerdo con Él respecto del pecado. Dios declara en forma inequívoca, categórica, en las Sagradas Escrituras, que todos hemos pecado, que todos hemos escogido nuestro propio camino (Salmo 14:1-3).

Lo primero que nos dice Dios es que nos arrepintamos, que cambiemos de dirección. Hemos estado andando en la dirección equivocada, transitando por el camino del yo, del egoísmo. Debemos virar y abandonar ese camino equivocado, confesar y abandonar nuestros pecados, acudiendo al Señor, pidiéndole que nos perdone y nos de la libertad por amor de Jesús.

 

Ahora bien, existe un arrepentimiento que podríamos calificar de religioso y que solo busca eludir la sanción, librarse del castigo. Pero debemos dar un paso más, hasta alcanzar lo que podríamos llamar el arrepentimiento genuino, cristiano. Ese arrepentimiento abarca no solamente el temor al castigo, sino una pena genuina por haber pecado contra el amoroso Padre Celestial, un dolor piadoso porque hemos ofendido a Aquel que nos amó e hizo provisión para que alcanzásemos el perdón y la limpieza.

 

Debemos llegar a otro acuerdo si andamos con Dios, un acuerdo respecto del señorío de Cristo. Indiscutiblemente debemos considerarlo como nuestro Redentor Salvador. Con frecuencia leemos las Sagradas Escrituras que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). En esta oración resaltan dos palabras. Una de ellas naturalmente es salvo, pero la otra palabra importante en este pasaje bíblico es el vocablo Señor. Debemos ponernos de acuerdo con Dios respecto del Señorío de Cristo. Si hemos sido perdonados, si hemos nacido de nuevo, no es para que vivamos esta vida a nuestro antojo. Dios nos ha redimido y renovado para que cumplamos Sus propósitos. El único descanso, paz y gozo verdaderos se sienten al encontrar nuestro verdadero lugar con relación al Señorío de Jesucristo.

 

Las Sagradas Escrituras afirman que Cristo cargó nuestros pecados en la cruz. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Ahora bien, esta provisión se hizo para todos, en todas partes, pero no nos beneficiaron hasta que sepamos de ella y hagamos los ajustes morales y espirituales necesarios, es decir, la confesión y el abandono de todo pecado, recibiendo a Jesucristo como Señor y Salvador.

 

Las Sagradas Escrituras declaran a sí mismo que Cristo no solamente cargó sobre sí nuestros pecados en la cruz, sino que llevó los pecados de todos los hombres de todo el mundo, de toda la raza humana en la cruz. Pero esto tampoco nos beneficia hasta que lo sepamos y hasta que hagamos el necesario ajuste moral y espiritual, que significa una rendición a Dios total, incondicional e irrevocable, Jesús nos dice que equivale a tomar la cruz y seguirle. El apóstol Pablo, después de haber experimentado esta entrega, declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” (Gálatas 2:20). Esta crucifixión también está incluida en el andar de acuerdo con Dios.

 

Efesios 5:18 nos da otro imperativo: “Sed llenos del Espíritu Santo”. El Espíritu habita en todos los creyentes que han nacido del espíritu, pero necesitamos este revestimiento del Espíritu Santo a fin de fortalecer nuestro carácter cristiano y ser como Cristo. También el bautismo en el Espíritu Santo, que es una unción de poder, y que nos da como resultado una vida fructífera.

 

Un estudio muy provechoso de la Biblia de parte de cada uno de nosotros sería la búsqueda de otras formas en virtud de las cuales es de necesidad imperativa que estemos de acuerdo con Dios, a fin de que en forma inequívoca, podamos andar con Él. Amén

¿Podrá la Iglesia evangelizar a todo el mundo en nuestros días?

¿Podrá la Iglesia evangelizar a todo el mundo en nuestros días?

Rev. Luis M. Ortiz

La respuesta es firme y categórica: ¡Sí puede! ¿Cómo puede hacerlo, siguiendo qué plan, o usando qué método?

A lo largo de la historia de la Iglesia se han seguido muchos planes, se han usado muchos métodos. Sin embargo, el mundo no ha sido evangelizado.

Pero hay un plan único que es el que realmente produce los mejores resultados, los resultados anhelados y permanentes; no hay otro plan tan efectivo, tan eficaz, tan extraordinario que el plan recomendado por nuestro Señor Jesucristo en el libro de los Hechos 1:8, que dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” La Iglesia al principio no se lanzó a la evangelización del mundo sin antes seguir al pie de la letra el plan ordenado por Cristo.

Y se quedaron en Jerusalén hasta que fueron investidos del poder de lo alto, y cuando recibieron esta envestidura del poder del Espíritu Santo comenzaron a ser testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Y fue precisamente por esta investidura de poder en la Iglesia apostólica que en el libro de los Hechos hallamos una corriente interminable de milagros y maravillas que respaldaban e impulsaban eficazmente la evangelización del mundo.

Y fue recisamente por esta investidura de poder que esta poderosa Iglesia durante los treinta y dos años que transcurrieron, desde el día de Pentecostés hasta que finaliza el libro de los Hechos, evangelizó a casi todo el mundo conocido. En Hechos 19:10 leemos: “de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la Palabra del Señor Jesús.” También dice en Colosenses 1:5-6 leemos: “cual ya habéis oído por la Palabra verdadera del Evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo”.

El propósito fundamental y casi único de recibir esta investidura de poder del Espíritu Santo es para hacerse testigos eficaces de la Venida del Señor y de Su Evangelio; dicho de otro modo no se puede ser un testigo verdadero y eficaz del Evangelio sin la investidura de poder de lo alto. Tampoco habrá verdadera y completa evangelización del mundo sin la plenitud y el poder del Espíritu Santo.

Hablando de la total evangelización del mundo y de la participación de sus verdaderos testigos llenos del poder del Espíritu Santo, Jesús dice: “Y será predicado este Evangelio… para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14). Se destaca en este versículo una vez más que el mundo será totalmente evangelizado para testimonio, esto es por los verdaderos testigos llenos del poder del Espíritu Santo. Un testigo del Señor tiene que testificar, tiene que hablar y debe hacerlo lleno del Espíritu Santo; si habla sin el poder, sin la investidura, sin la potestad del Espíritu Santo, su testimonio, sus palabras son vacías y sin fruto; y desde luego no es un verdadero testigo de Jesucristo.

Por esto San Pablo que podía usar métodos distintos para evangelizar, que podía recurrir a muchos recursos humanos, que podía impresionar con su sabiduría humana, con su amplísima cultura y con sus doctorados; que podía montar buenos espectáculos, dramas y comedias; que en muchas ciudades podía intervenir exitosamente en la política, y salir electo alcalde, y buscarle empleo a los cristianos; que con su preparación académica podía fundar universidades para doctorar a los pastores; o podía tomar a su ayudante el médico Lucas, y podía establecer dispensarios, policlínicos y hospitales para los pobres, etc. Pero este gran paladín del Evangelio nada de esto hizo, aunque tenía la capacidad para hacerlo, mas él se dio cuenta que para evangelizar al mundo, para ganar almas para Cristo, tenía que ser por el testimonio, por la predicación ungida por el Espíritu Santo.

Pablo escribe a los corintios de la siguiente manera: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:1-5). “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:12-14).

De manera amados, que como único la Iglesia puede evangelizar a todo el mundo en nuestros días es por el poder, la plenitud, la unción, la potencia, la investidura, el bautismo del Espíritu Santo; ese es el único método bíblico y eficaz, de esto se están dando cuenta muchos líderes evangélicos y muchas iglesias, y están buscando y recibiendo este poder de Pentecostés. Amados, positivamente como único, la Iglesia puede hoy evangelizar a todo el mundo es con el poder y el fuego del Espíritu Santo. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6).

Si no lo ha recibido es para usted, pues, el apóstol Pedro dice: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:39). Si ya lo recibió debe mantenerse lleno del Espíritu Santo y debe actuar como un fiel testigo de Cristo evangelizando y ganando almas para el reino de los cielos.

Amigo, si no se ha rendido al Señor puede y debe hacerlo en este instante y el Señor le va a salvar, le va perdonar de sus pecados y aun le puede bautizar con el Espíritu Santo, pues, dice la Biblia: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38). Amén.

Yo he cercado tu camino

Yo he cercado tu camino

Rev. Gustavo Martínez

Dios nos aflige, para volvernos a su camino y que no se pierdan nuestras almas. Regrese a la Roca Antigua, de la cual sigue fluyendo el agua de la vida.

Hay ocasiones en las que Dios toma la autoridad de cercar nuestro camino de espinos, y permite que, cuando intentamos salir adelante o soslayar ese cerco de aflicción, recibamos heridas profundas. Esto nos inmoviliza y nos impide progresar. ¿Acaso no ha oído usted decir algún día a alguien: no sé qué me pasa, pero parece que nada me sale bien? Estas personas reciben heridas a diario, no salen de una serie de problemas que, lejos de solucionarse con el transcurso del tiempo, se empeoran y se complican aun más. Simplemente, es que Dios ha cercado su camino de espinos. Dios permite que perdamos todo lo terrenal, para que ganemos una herencia eterna y celestial.

Amado lector, si esta es su situación, le exhorto a que se torne hacia Dios y regrese a la senda en la que antes caminaba. De hacerlo usted, Dios levantará el cerco de aflicción y de espinos, que está rodeando su vida. Solo el Señor tiene la autoridad y el poder para hacerlo.

El propio salmista tuvo que reconocer hasta qué punto Dios le mostró su misericordia al afligirle durante su descarrío: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu Palabra… Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos… Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.” (Salmo 119:67,71 y 75). La humillación permitió que el Salmista aprendiera a valorar lo bueno que es servir a Dios, y cuánto uno sufre al ser un súbdito del diablo.

Y si usted se ha alejado de los caminos del Señor, no permita que el orgullo, sus amistades, su trabajo, los placeres de este mundo le sigan alejando del Señor. El mundo pasará y también todos sus placeres, porque lo terrenal es pasajero. Sin embargo, Dios le ofrece bendiciones eternas que nunca pasarán. Regrese a la Roca Antigua, de la cual sigue fluyendo el agua de la vida. Dios nos aflige, para volvernos a su camino y que no se pierdan nuestras almas.

Regrese a Él, para que tenga una vida floreciente y fluyan las bendiciones de Dios en su vida. El amor de Dios pasa por alto nuestra infidelidad, y cuando nos volvemos a Él, no seremos avergonzados jamás. Dios les bendiga.

Por fe andamos…

Por fe andamos...

Rev. Luis M. Ortiz

El pueblo de Israel estaba en cautiverio en Egipto, pero Dios les lanzó el reto a seguirle para conducirles a una “tierra que fluye leche y miel”.

Cuando partieron, querían llegar enseguida sin ningún contratiempo. Ellos no estaban preparados para pelear contra los gigantes, moradores de aquellos lugares. Su fe no estaba edificada como para conquistar ciudades. Dios optó por conducirlos cruzando el Mar Rojo, a través de desiertos inhóspitos donde no había agua ni alimentos, de manera que tuviera la oportunidad de mostrar Su amor, Su poder, cuidándolos y ayudándoles en todas las cosas.

 

Dios quería que aprendieran a confiar y a depender enteramente de Él. Por eso, cuando tenían de frente al Mar Rojo, a sus lados inexpugnables montañas, y detrás el ejército del Faraón que les perseguía, Dios mostró Su amor y poder, y dividió el mar, y el pueblo cruzó a salvo.

 

Por eso, no habiendo agua en el desierto, Dios hacía que de la roca brotara agua. No habiendo alimento, les mandaba cada mañana el maná del cielo. No habiendo sombra en el desierto, les hacía sombra en el calor del día con la nube. No habiendo luz, les alumbraba en la noche con la columna de fuego. No habiendo ley en el desierto, les dio Ley. No habiendo templo, les proveyó de un tabernáculo desmontable. Dios quería que ellos ejercieran su fe en Él para cada necesidad.

 

Pero de muchos de ellos, no se agradó. No querían vivir dependiendo por fe en las promesas de Dios, y puesto que “sin fe es imposible agradar a Dios”, cayeron postrados en el desierto.

 

Y el Espíritu nos dice que estas cosas fueron escritas para nuestra advertencia, para que no caigamos en las mismas dudas, incredulidad y desobediencia.

 

Hay los que piensan que vivir por fe es vivir en necesidad y en penurias. Si su fe está puesta en hombres y en recursos humanos, éstos siempre fallan. Pero si está puesta en la inmutable fidelidad de la Palabra de Dios y en los inagotables recursos de la gracia y el poder de Dios, usted vivirá una vida victoriosa, de contentamiento tanto en la abundancia como en la escasez, porque sabe que todo lo puede en Cristo que le fortalece… que Dios suplirá todo lo que le falta conforme a sus riquezas en gloria; porque sabe que no hay muro que resista al impacto de la fe, no hay boca de león que se abra ante el testimonio de la fe, que no hay gloria mayor que la gloria de la fe.

 

La Biblia dice: “La justicia de Dios se revela por fe y para fe… Mas el justo por la fe vivirá”.

Historia de nuestros Himnos (1)

Historia de nuestros Himnos (1)

Bellas melodías compuestas por hombres y mujeres de Dios. Se nota en su música y letra la inspiración divina de nuestro Creador.

CLEMENTE PRUDENCIO (348-413)

En España y Roma durante el Imperio Romano, vivió uno de los primeros poetas cristianos, Aurelio Prudencio. Fue un próspero magistrado y luchó contra la idolatría y los sanguinarios juegos de los gladiadores. A los 57 años se dedicó a escribir libros teológicos e himnos, como el himno “Fruto del amor divino”, que exalta a Jesucristo. Originalmente en latín, los cristianos han cantado este hermoso canto llano en diversos idiomas por más de un milenio y medio.

ISAAC WATTS (1674-1748)

Isaac Watts bien merece el título “Prócer de la himnodia”. Comenzó a escribir poesías a temprana edad, y a los cuatro años aprendió el latín, y siguió con el griego, el francés y el hebreo. Un día el inquieto niño de cinco años no podía contener la risa, aunque se estaba celebrando un culto solemne. Al demandarle su papá la razón, le explicó que había visto un ratoncito subir por un lazo y al instante se le ocurrió una poesía alusiva. No sospechaba ni el padre ni el niño que esta gran facilidad para escribir versos se convertiría en un ministerio grandemente usado por Dios.

En Inglaterra se acostumbraba cantar solo salmos con música muy lenta. A los 18 años, Watts se quejó de esta situación. Bueno, le contestó su padre, anciano de la iglesia, danos algo mejor. Fue así que escribió el primero de más de 600 himnos y abrió la puerta al canto congregacional. A pesar de su mala salud, Watts editó tres himnarios y escribió 60 libros sobre diversos temas teológicos y científicos. Compuso los himnos “Al trono majestuoso”, “Nuestra esperanza y protección”, “Venid, nuestras voces unamos”, “Al mundo paz”, “La cruz excelsa al contemplar” y “A Dios, naciones, dad loor”.

MARTÍN LUTERO (1483-1546)

El caballero de Erback, en cierta madrugada primaveral, preparaba una emboscada para capturar al reformador Martín Lutero. De pronto su habitación en el mesón fue invadida por una resonante voz que desde el siguiente cuarto entonaba un salmo. El caballero concluyó que el cantante debía ser un capellán, así que decidió pedir su bendición para la campaña contra los “herejes”. Tocó a la puerta y explicó su misión. El hombre le contestó: Si a Lutero buscas no tienes que ir muy lejos. ¡Yo soy Lutero! El caballero no podía creer que un hombre con tal devoción fuera “hereje”. Le demandó la razón de sus convicciones y habiendo sido persuadido por las pruebas bíblicas, se convirtió en un seguidor de Cristo y defensor del reformador. Lutero impulsó la música cristiana y promovió el canto congregacional. Se le ha llamado “el padre de la himnodia evangélica”. Escribió varios himnos de los cuales el más conocido es “Castillo fuerte es nuestro Dios”.

LA HERMOSA VISIÓN DE LA CRUZ

El destacado poeta guatemalteco, Raúl Mejía González, llegó a ser conocido como el borracho de su pueblo, Chiquimula, debido al vicio del licor. Atormentado por alucinaciones de ser perseguido por el diablo, un día le pareció oír que Satanás le condenaba eternamente y que se encontraba sin esperanza. Su pánico fue tal, que cayó sin fuerzas. Al rato pudo levantarse y corrió a la casa de un misionero evangélico gritando. ¡Socorro! ¡He visto el infierno! Después de leer algunos pasajes de la Biblia y entender el mensaje de salvación, Raúl recibió a Cristo por la fe y su vida fue transformada. Escribió el himno “La hermosa visión” como su testimonio personal.

El valor de las pequeñas cosas

 

Niño mano dando una flor de diente de león. Regalo. Foto de archivo - 1000419

Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Mateo 18:5.

¡Jamás menosprecies el valor de un niño! Puede parecer frágil, insignifi­cante, desvalido, pero encierra, dentro de sí, un potencial que el tiempo se encargará de revelar. Cuando el Señor Jesús nació en un humilde pesebre, ¿quién se atrevería a pensar que ese humilde niño dividiría la historia del mundo? ¿Cómo aquel pequeño ser haría temblar la fuerza de las tinieblas?

Pero, así son las cosas en el Reino de Dios: parecen pequeñas, pero encierran el potencial que Dios coloca en todo lo que hace.
Pero, el texto de hoy dice más. Aquí, Jesús afirma que, si recibes a un niño en su nombre, en realidad lo recibes a él mismo. ¿Qué significa esto? Que es necesario dar oportunidades a los más débiles; que no hay que apresurarse a descartar a quienes cometen errores; que no hay que sentenciar a las perso­nas, sin darles la oportunidad de empezar de nuevo.

Cuando yo era niño, constantemente cometía errores; algunos por inca­pacidad, otros de propósito. Pero, tuve padres y maestros que creyeron en mí y me dieron  una nueva oportunidad ; me enseñaron, invirtieron tiempo en mostrarme el camino, y me extendieron la mano cuando lo necesitaba.

En cierta ocasión, me encontré con uno de esos maestros, en California. El tiempo lo había golpeado, inclemente: había envejecido, ya no me parecía tan grande ni tan alto, como cuando yo era un simple adolescente. Pero, to­davía me impresionaba la nobleza de su espíritu, y en mi memoria renacía, vívidamente, el recuerdo del día en que tomó de mis manos el trabajo de redacción, mal realizado, que yo había preparado, me miró a los ojos y, con voz cariñosa, me dijo: “Voy a hacer de cuenta que tú nunca escribiste esto. Pero, quisiera que tú creas que eres capaz de escribir algo mejor”.

Aquel día, él no tenía la más mínima idea de que yo, un día, llegaría a escribir bastante… ¿O la tendría? No lo sé. Pero, recuerdo que la confianza  que depositó en mí me hizo creer que yo podía, si me colocaba en las manos de Dios.

¿Podrías hoy dar la oportunidad a alguien más frágil que tú y que ne­cesita de tu ayuda? ¿Serías capaz derecibir al que falló, como se recibe a un niño? Sal para enfrentar tus deberes diarios, hoy, recordando las palabras del Maestro: “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe”.

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