Secretos para el Crecimiento


Llegar a la estatura debida no es algo que sucede nada más porque sí; implica vivir una serie de etapas, pasar una serie de pasos, favorecer el desarrollo de ciertas condiciones y entonces sí, el crecimiento se da. Lo mismo sucede con el crecimiento espiritual.

Existen algunas condiciones que se deben dar naturalmente en nuestra vida como creyentes para que podamos crecer de acuerdo a la voluntad de Dios:

I-      Devocional

 1-   Oración: la Palabra de Dios nos habla de la importancia de madrugar para buscar a Dios antes que cualquier otra cosa (Prov. 8:17); cuando nos acercamos a Dios en oración debemos hacerlo con fe (Heb. 11:6). Orar no es sólo pedir, implica acercarnos a Dios con acción de gracias y con alabanza (Fil. 4:6). Ahora, ¿para qué oramos? Oramos para confesión (Prov. 28:13); para peticiones (Stgo. 4:2 y 3); para dar gracias (1ª Tes. 5:18). Es bueno además, escribir nuestras necesidades para recordarlas, al mismo tiempo que escribimos lo que ya hizo Dios para bendecirlo y alabarle. Es importante recordar que debemos orar al Padre (Juan 15:16), orar con fe (Mat. 21:22, orar conforme a su voluntad (1ª Juan 5:14 y 15), orar con ayuda del Espíritu Santo (Rom. 8:26), en todo tiempo (Ef. 6:18), en todo lugar (Mar. 1:35), orar por otros (1ª Tim. 2:1) y orar de acuerdo a la Palabra de Dios (Stgo. 4:3).

2-   Leer la Biblia: empezar con el evangelio de Juan, Salmos y Proverbios; leer también algún buen libro cristiano; hacer anotaciones de los pasajes donde Dios nos hable.

3-   Buscar la guía de Dios en todo: ver Juan 16:13, Rom. 8:14, Sal. 37:23 y Stgo. 1:25

 II-      Reunirnos con otros creyentes: ver Hech. 2:42 y Heb. 10:25

III-  Servir a Dios: ver Prov. 11:30 y Mat. 4:19

IV-    Resistir al diablo: ver Stgo. 4:7, 1ª Juan 4:4, 2ª Tim. 2:19 y Ef. 5:18

Si estamos teniendo nuestro devocional diario, si nos reunimos con otros creyentes para tener comunión, si servimos a Dios y resistimos al enemigo en nuestras vidas, estaremos creciendo en nuestro caminar con Dios.

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Para aprovechar el tiempo hay que establecer prioridades

Para aprovechar el tiempo hay que establecer prioridades

Cada persona es dueña de su tiempo y decide qué hacer con él en cada instante… si sabe organizarse.

Todos los días, cada uno de nosotros cuenta con la misma cantidad de tiempo: 24 horas. Lo que hace la diferencia es cómo lo utilizamos. Dominar el tiempo requiere atención, constancia, sentido de la responsabilidad, respeto a ti mismo, a los demás y orden. Todo esto no es nada fácil.

Las personas que aprovechan al máximo su tiempo posiblemente utilicen distintos sistemas y técnicas, pero tienen una cosa en común. Tienen una visión de cómo quieren utilizar su tiempo, es decir, tienen un sentido claro de las prioridades .Ellos saben qué es lo que quieren hacer con su tiempo.

Conseguir nuestras metas para un cambio efectivo probablemente nos exija un nivel de aprovechamiento del tiempo que no hemos alcanzado, ni necesitado antes.

La manera en que empleamos nuestro tiempo es una cuestión de hábitos. He aquí algunas estrategias básicas que, con algo de esfuerzo, pueden ayudar a cualquiera a organizar y aprovechar su tiempo.

En primer lugar, es importante crear un espacio propio . En segundo lugar, debe reconocer que sus obligaciones son tan importantes como las necesidades y requerimientos de los demás . En tercer lugar, aprenda a establecer límites en cuanto a que le interrumpan o alteren su horario laboral; por último, diseñe su horario personal.

LA AUTO OBSERVACIÓN

Para redimir el tiempo debemos intentar observarnos y estimar con precisión el tiempo que nos lleva cada una de nuestras actividades. A esta “auditoría” debemos sumarle el examen de nuestras prioridades.

A veces tendemos a hacer las tareas menos prioritarias en vez de hacer cosas más importantes . Podemos preguntarnos: “¿Cuál el mejor uso que puedo darle a mi tiempo?”, y de esa forma distribuir el mismo como resulte más provechoso.

“Cualquiera sea su prioridad –personal u otra, como aumentar las ventas, desarrollar un nuevo producto o completar un nuevo proyecto- , aprovechar el tiempo le puede ayudar a lograrlo”, dice Melissa Raffoni, fundadora de Skills Alliance.

Otro de los problemas habituales es la tendencia a estar demasiado disponible . Valdría la pena preguntarnos si estamos intentando contentar a todos para ser aceptado.

LO URGENTE Y LO IMPORTANTE

Si estamos siempre corriendo para completar tareas urgentes, probablemente significa que tenemos problemas para administrar nuestro tiempo, para identificar nuestras prioridades o acostumbramos a dejar cosas para luego .

Debemos aprender a delegar, o ignorar, las tareas que son urgentes pero no prioritarias. Por ejemplo, si un amigo necesita un libro suyo urgentemente, que venga él a buscarlo, o que se espere hasta mañana. Usted no puede dejarlo todo para llevárselo.

Mantener altos niveles de atención y concentración requiere a veces mucho esfuerzo, pero la concentración puede entrenarse mediante periodos breves e intensos de atención . Esta es una buena forma de ir adquiriendo destreza en hacerlo durante periodos más largos. Diez minutos de esfuerzo, con objetivos a corto plazo, pueden ser muy productivos.

Las distracciones tienen que ver también con nuestro nivel de ansiedad y tolerancia a la frustración. Si nos enfrentamos con una tarea difícil, que requiere de más tiempo, y pretendemos hacerlo todo de golpe, es probable que no lo consigamos. La consecución de objetivos ha de ser progresiva y marcándonos un ritmo para lograrlo.

A todos nos sucede: Postergamos nuestras responsabilidades de vez en cuando. La clave está en saber cuáles son las cosas “dejamos para luego”, cómo y por qué. Es importante descubrir qué tareas son las que más evitamos y cuál es nuestra excusa favorita para postergarlas . Tal vez nos refugiamos en la televisión, Internet o las labores domésticas. A veces posponemos cosas que son relativamente poco importantes, pero hay otras que posponemos por nuestra inseguridad acerca de cómo deberíamos hacerlas, porque son sumamente importantes o particularmente difíciles.

MIEDO AL FRACASO

Algunas personas temen fracasar debido a la importancia o dificultad de la tarea. Algunas temen al éxito, porque hacerlo bien implicaría nuevas y mayores exigencias. Otras resisten la autoridad y se resisten a cumplir sus demandas. Algunas personas son perfeccionistas y se niegan a intentarlo si no están seguros de un resultado perfecto. Algunos tienen muy baja tolerancia a la frustración y prefieren evitar el mal rato. Si el hábito de postergar nuestras tareas se convierte en un problema serio, deberíamos buscar la ayuda de un profesional.

Nuestras autocríticas o descalificaciones espontáneas aumentan el estrés. Este puede ser un factor que contribuya a disminuir la motivación y la acción, distraer la atención y concentración, reducir la eficacia y, finalmente, brindar una excusa para un mal resultado. Debemos analizar lo que nos decimos para ver si es algo que nos motiva o nos pone más ansiosos y proponernos reemplazar las críticas automáticas con acciones.

Otro factor que inhibe la acción es el perfeccionismo . Esta conducta refleja un pensamiento tipo todo-o-nada de forma que podemos estar evitando la acción por inseguridad o miedo. Algunas cosas son suficientemente importantes como para que las hagamos a la perfección, pero la mayoría se satisfacen con un esfuerzo “bastante bueno”.

¿APROVECHAR EL TIEMPO O MANEJARLO?

Según la experta Melissa Raffoni “aprovechar el tiempo es una estrategia que implica usar el tiempo de manera inteligente para conseguir metas más importantes”, mientras que “gestionar el tiempo es el proceso diario que usted usa para aprovechar el tiempo; es decir, las agendas, las listas de cosas por hacer, la delegación y otros sistemas que le ayuden a usar el tiempo eficientemente”.

Raffoni señala también que “sin la estrategia –la visión y el plan- la gestión del tiempo no necesariamente le ayudará a lograr sus metas. Por esa razón, el primer paso para aprovechar su tiempo es esclarecer cuáles sus prioridades”

Fuente:protestantedigital.com

“Somos la sal de la tierra”

“Somos la sal de la tierra”

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”, Mat. 5:13

Hemos quizás oído muchas veces que somos la “sal de la tierra”. Incluso, Dios nos ha ordenado serlo, así como la “luz del mundo”. Para saber en qué consiste ser la sal de esta tierra, veamos primero algunas características de la sal:

1- La sal purifica: cuando aplicamos sal a algún objeto lo limpia, previene la infección y la corrupción; ¿estamos purificando nosotros nuestro mundo?

2- La sal sana: con ella se cierran las heridas. Vivimos en un mundo necesitado, con gente que ha sido herida y necesita sanidad; ¿somos una influencia sanadora?

3- La sal preserva: preserva de la descomposición, la podredumbre, el desgaste, la contaminación. Mantiene lo bueno y desarrolla la vida; extiende o preserva la vida de los alimentos por más tiempo, o incluso los colores originales de las plantas y verduras. Esto tiene lugar porque hace cesar la actividad de las bacterias, responsables de la descomposición.

4- La sal da sabor: potencia los sabores, elimina los sabores ácidos; incluso la sal al ser consumida induce a provocar un mayor apetito por los alimentos. La sal hace que el mundo sea un lugar mejor para vivir. Los cristianos-sal añaden sabor y gusto a la vida; es agradable estar con ellos.

5- La sal produce sed: hace surgir una profunda ansia interior. Un cristiano-sal hará que las ovejas perdidas ansíen agua. El mundo también debe desear el agua de vida, anhelando lo que nosotros tenemos, a Jesucristo.

Existen muchos otros usos y beneficios de la sal: la sal se emplea en los lugares de clima frío para derretir la nieve acumulada y prevenir la formación de hielo. En la antigüedad, se empleaba la sal como aislante de los refrigerantes para hacer comestible el helado durante el mayor tiempo posible. Se emplea a veces como quitamanchas, para limpiar la cubertería de cobre, para mantener las brasas de un fuego; en los recipientes quita los olores, restaura esponjas al ser bañadas en salmueras, sirve para suavizar el agua y evitar así las incrustaciones de sales minerales en las tuberías y depósitos de agua potable. En los años veinte, la compañía estadounidense Diamond Crystal Salt Company de Míchigan publicó un folleto en el que describía casi cien posibles empleos de la sal.

¿Nos queda alguna duda del por qué Jesucristo dijo que somos la sal de la tierra? Hemos sido llamados para sanar, para preservar, para dar sabor, para producir sed, para combatir males y circunstancias adversas, para aislar o separar, para limpiar, para proporcionar un olor grato… y ¡mucho más!

Fuente:Reflexionescristianas.com

Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo

03 de Abril del 2012
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Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo

Rev. Alberto Ortega

“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” Juan 5:17.

Esta fue la respuesta de nuestro Señor Jesucristo a aquellos que pretendían detener su Obra de salvación y de redención de la humanidad. La Obra de Dios siempre ha encontrado las mismas oposiciones, los mismos antagonismos y las mismas competencias. Desde la misma creación de los cielos, anterior a la creación de la tierra y del hombre, Dios tuvo que bregar con el intento del arcángel Lucifer, quien a raíz de su rebelión contra Dios pasó a llamarse Satanás, o enemigo de Dios.

En el Huerto del Edén, ya presente el hombre, volvió a manifestarse la misma situación, el mismo fin, detener la Obra de Dios. Nos faltaría el espacio y el tiempo para enumerar toda la oposición demoníaca y humana que se ha levantado desde el inicio de los propósitos de Dios hasta nuestros días.

Cuando oímos los testimonios de los obreros, de los misioneros en sus campos de labor encontramos este mismo elemento que encontró nuestro Señor Jesucristo, las barreras son innumerables, las oposiciones son virulentas y hasta violentas. Pero, lo que nos puede parecer sorprendente es que nuestro Dios no elimina, no suprime esas oposiciones. Aun su propio Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, encontró estas mismas circunstancias.

El apóstol Pablo escribiendo la epístola a los Hebreos proclama: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:3). La palabra contradicción en el griego original es antología; y significa: objeción, disputa judicial, disensión, enemistad. Notemos que esa contradicción Jesús la sufrió contra sí mismo, esto significa que aquellos que se le opusieron en contra de lo que Él era, es decir de su identidad como el Hijo Unigénito de Dios.

Por lo mismo, al acusar a Jesús como un impostor podían cuestionar su obra, sus mensajes, sus milagros y de ahí decidir desde un punto de vista de la ley mosaica detenerlo en su labor de evangelización y de redención de los pecadores.

La clave de este texto del apóstol Pablo es primeramente llevarnos a entender y aceptar que la oposición a la Obra de Dios es algo inevitable, que el Señor Jesucristo la sufrió. No existe pues posibilidad alguna de cambiar este hecho, recuerde las palabras de nuestro Señor Jesucristo: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.” (Mateo 10:24).

Lo segundo, es que si no velamos sobre esta realidad podemos llegar a desgastarnos en nuestra alma hasta perder los recursos de nuestro ánimo por el Señor y por la Obra de Dios. El ánimo de servir no basta por sí mismo, el anhelo de ser fiel no es suficiente, el deseo de invertir nuestra vida en la Obra de Dios no son una garantía de que podamos resistir el desgaste que desencadena la oposición. Si no velamos sobre esta realidad acabaremos por claudicar bajo la presión.

Lo tercero y último, toda oposición puede ser vencida cuando cada uno de nosotros, fijemos nuestros ojos en nuestro Señor Jesucristo para que nuestro ánimo, nuestro deseo, de vivir y de servir al Señor no se canse y nos lleve al desmayo.

¡Qué hermosas palabras! Lo que lleva al desaliento no son las oposiciones del diablo ni de los pecadores, sino la falta de mirada hacia Cristo. Hermano mío, amado obrero del Señor, lo que falla no es Dios, ni tampoco su poder sino nuestra mirada, ella nos derrota o nos da la victoria. Nuestro Señor Jesucristo se sostuvo mirando al Padre: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Se mantuvo en victoria porque tenía sus ojos puestos en el Padre.

Amado, ¿estás viviendo rodeado de oposición? ¿Te sientes desmayar en tu ánimo? Levanta ahora tu mirada a Jesús, considera la victoria que Él tuvo contra toda la oposición del diablo, de los demonios y de los hombres y proclama tu victoria frente a toda tu oposición.

Salgamos al Campo

Salgamos al Campo

Rev. Luis M. Ortiz

“Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.” Cantares 7:11.

La tarea suprema de la Iglesia es la Evangelización del mundo. La Iglesia no debe desarrollar ninguna empresa o actividad con mayor celo, entusiasmo y prioridad que la evangelización del mundo.

Cuando la Iglesia ha comprendido su responsabilidad delante del Señor y está llena de Su gloria y Su presencia, responderá voluntariamente al llamado del Señor de: “Id por todo el mundo (campo) y predicad el Evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15).

En Marcos 16:15, es el Señor Jesucristo quien invita a la Iglesia a ir al campo, pero en Cantares 7:11, es la Iglesia quien invita al Señor a ir al campo, pues ella quiere ver cumplido el deseo de su corazón para su amado Salvador: “Allí te daré mis amores” (Cantares 7:12).

La evangelización del mundo debe ser un deseo espontáneo de la Iglesia, sin sentirse presionada u obligada, pero sí cargada con la carga de la salvación de los perdidos sobre sus hombros.

Como mejor demuestra la Iglesia su amor al Señor, es con hechos, saliendo al campo, trabajando en la evangelización del mundo y ganando almas para el reino de los cielos.

La Iglesia cuenta con todo lo necesario para cumplir con la gran comisión de nuestro amado Salvador Jesucristo. Su sostén, la oración; Su poder, el Espíritu Santo; Su mensaje, Cristo; Su equipo, Los Dones del Espíritu Santo; Su Autoridad, la Palabra, el Nombre de Cristo y el Espíritu Santo; Su campo de labor, el mundo.

Amado lector, ¿amas al Señor?, ¿amas las almas pérdidas? ¿Quieres trabajar por el Señor? ¡Sí! Pues invita al Señor y dile: “Salgamos al Campo” (Cantares 7:11), trabajemos “entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4). ¡Dios te bendiga!

Antes que el día decline

Antes que el día decline

Rev. Luis M. Ortiz

La misión de la iglesia son las misiones. Su tarea suprema es la evangelización.

Únicamente para esto ha sido dejada en el mundo, empero no significa convertir al mundo, pues esto no se logrará en esta dispensación. No se nos ha ordenado a traer el mundo a Cristo, sino más bien a traer a Cristo al mundo. Puesto que esta es nuestra encomienda, jamás deberíamos desviarnos hacia menores metas y proyectos secundarios.

Permitamos que la Iglesia utilice todos sus hombres y sus miedos en la tarea para la cual ha sido comisionada, esto es, “que el arrepentimiento y el perdón de pecados sea predicado en Su nombre en todas las naciones” (Marcos 16:15).

Jesús dijo: “Me seréis testigos” (Hechos 1:8). Esa es la responsabilidad de cada creyente. ¡Cada creyente es un testigo! Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer trabajo evangelístico y esa responsabilidad no tiene límites. Todo cristiano debe estar siempre listo para dar su testimonio en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Cada cristiano tiene la responsabilidad de hacer llegar el Evangelio a todo el mundo. Quien no pueda ir personalmente, tiene que enviar a otro en su lugar. Y es aquí donde el creyente ha fallado: que al no ir tampoco ha enviado a otro en su lugar, y por eso, más de la mitad de la población del mundo, jamás ha oído el Evangelio.

Es evidente que estamos en el final del tiempo señalado a la Iglesia por el Señor para el cumplimiento de su tarea, y el trabajo que debió haber sido hecho a través de los siglos, ahora hay que acelerarlo antes que el día decline del todo.

Este espíritu de urgencia es el que nos anima a ir por todo el vasto mundo llevando el mensaje de salvación, y es el que nos mueve a llamar al corazón del pueblo de Dios, para que todos nos percatemos de las sombras de la noche que ya se avecinan, y aprovecharemos el breve tiempo que nos resta para realizar la más grandiosa labor de la historia en el más corto tiempo posible. “La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

Si su corazón late con más intensidad al pensar en los centenares de millones de vidas en el mundo que aún no han conocido camino de paz, que sus veredas son torcidas, que han esperado luz y no tienen luz, que palpan la pared como ciegos, que tropiezan al mediodía como de noche, que gimen lastimeramente como palomas, que han esperado salvación y aún está lejos (tan lejos como esté usted); y si el Espíritu Santo le impele a usar el máximo de sus recursos en un esfuerzo misionero, entonces yo le exhorto a cooperar en estos modestos esfuerzos del Movimiento Misionero Mundial, y participe en este avance final para ganar almas para Cristo antes que el día decline.

El secreto de una gran victoria

El secreto de una gran victoria

Rev. Enrique Centeno

Encontramos aquí la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. Su piedad Su política. Su prosperidad; en particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él.

“E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado. Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz. Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados. Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros… Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre. Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes” (2 Crónicas 14:2-12).

Tenemos la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. Su piedad (vv. 1-5). Su política (vv. 6-8). Su prosperidad; en particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él (vv. 9-15).

1. QUITÓ TODO LO QUE IMPEDÍA LA BENDICIÓN DE DIOS

Asa procuró agradar a Dios y se esforzó en presentarse a Dios aprobado (2 Timoteo 2:15). “E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios” (v.2). ¿Por qué hizo Asa lo recto y lo bueno delante de Jehová su Dios? Dice la Palabra: “Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado” (vv.3-5).

La reforma que emprendió tan pronto como subió al trono. Retiró y abolió la idolatría. Desde que Salomón había iniciado la idolatría en la última parte de su reinado, nada se había hecho para suprimirla. Dioses extranjeros eran adorados y tenían sus altares, imágenes y cipos; y el servicio del templo, aunque era llevado a cabo por los sacerdotes (13:10), era descuidado por gran parte del pueblo. Tan pronto como Asa tuvo el poder en sus manos, se propuso destruir todos aquellos altares idolátricos con sus imágenes (vv.3, 5). Esperaba que, al destruir los ídolos, volverían en sí los idólatras. Reavivó y estableció el culto a Dios solo y, puesto que los sacerdotes cumplían con su oficio y servían a los altares de Dios, mandó al pueblo a que cumplieran también con su deber (v.4): “Mandó a Judá que buscase a el Dios de sus padres (y no a los dioses de los paganos), y pusiese por obra la ley y sus mandamientos”. Al obrar así, “estuvo el reino en paz bajo su reinado” (v.5).

Estos lugares que se mencionan, eran donde se les rendía culto a Baal el dios de la fertilidad, a Asera la diosa de la fortuna, y a Moloc, el dios al cual que se le ofrecían sacrificios humanos. Todos esos dioses estaban en medio del pueblo de Israel, y por supuesto, el pueblo estaba desviado de la verdadera adoración. Esos dioses extraños interrumpían la verdadera comunión entre Dios y su pueblo.

Sin embargo, Asa fue guiado para limpiar de en medio del pueblo todo aquello que estorbaba e impedía la verdadera adoración y el culto a Dios. Y cuando Asa hizo esto, el reino tuvo paz. La Palabra dice que “cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová (delante de Dios), aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7). Aunque en nuestros días, el pueblo de Dios no tenga esos dioses desagradables, abominables como lo tenía el pueblo de Israel, existen muchas cosas que están apartando y separando al pueblo de Dios.

Si queremos la bendición de Dios, tiene que haber purificación en nuestras vidas, y si queremos ser de bendición para otros, tenemos que quitar todo lo que impida que Dios pueda usarnos como canal y fuente de bendición.

2. HUBO PREPARACIÓN

“Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz” (v.6). Asa edificó ciudades fortificadas en Judá para asegurar la victoria. Para que haya edificación tiene que haber paz. En tiempos de guerra, una nación no puede edificar porque la guerra destruye lo que estaba edificado. Amado, aunque el mundo esté en guerra y en conflicto, en el pueblo de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, tenemos paz, porque Cristo es el autor de la paz. Él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Para poder vivir en paz con nuestros semejantes, primeramente tenemos que estar en paz con Dios y con nosotros mismos.

El mundo habla mucho de paz, pero no hay paz en el mundo. Y todos sabemos que este anuncio de paz que se oye por doquiera, no es más que un pregón de lo que está por suceder muy pronto. Cristo levantará su Iglesia y los juicios de Dios serán derramados en toda su potencia sobre la faz de esta tierra.

Cristo dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18). En Hechos 9:31 dice que las iglesias eran edificadas por todas partes, porque “tenían paz”. Tenemos que estar conscientes para qué el Señor nos ha llamado. Para poder edificar tenemos que estar cien por ciento en perfecta unidad, trabajando en equipo para el engrandecimiento de la Obra de Dios y para la gloria de su nombre. Tenemos que mantenernos en unidad para poder seguir edificando. Debemos cerrar cada vez más las brechas, para no darle tregua ni oportunidad al enemigo.

3. EDIFICÓ MUROS

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros…” (v.7). Los muros nos hablan de protección.

Antiguamente una ciudad sin muros era vulnerable al enemigo. Los habitantes de Jericó y su rey estaban confiados mientras los muros estaban levantados, pero cuando Dios los derribó, quedaron a expensas del pueblo de Israel. Cuando Nehemías supo del estado y la condición en que se encontraba Jerusalén que sus muros estaban arruinados, sus puertas por el piso, sintió gran preocupación, porque Jerusalén estaba desprotegida, estaba en ruinas.

En la vida cristiana tenemos que tener muros a nuestro alrededor. Cuando Dios le habló a Satanás a cerca de Job, le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso delante de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). El diablo le dijo a Dios: “¿No le has cercado alrededor él y a su casa y a  todo lo que tiene?” (Job 1:10). Así que el diablo veía toda la muralla que Dios había puesto alrededor de la vida de Job, de este siervo de Dios.

En la vida ministerial tiene que levantarse muros de protección, igualmente en esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, los muros tienen que seguir en pie. Los muros de santidad no deben caerse. Dentro del llamado pueblo de Dios se ha colado mucha inmundicia, mucha mundanalidad, y se hace muy difícil distinguir entre los que son de Dios y los que pertenecen al mundo. Sabemos que el pueblo de Dios siempre ha sido y debe ser un pueblo diferente, y tiene que establecerse esa diferencia. Por eso tenemos que seguir edificando el muro de la santidad aunque nos digan anticuados, aunque nos digan fanáticos.

No podemos rebajar las normas de conducta que Dios ha establecido dentro de esta Obra. Preferimos agradar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo guardando su Palabra, no importando los apodos o epítetos que nos pongan, porque es mejor honrar a Dios y a Su Palabra. El Señor ha dicho: “Yo honraré a los que me honran” (1 Samuel 2:30). Dios quiere hombres y mujeres rendidos, dispuestos, y llenos del Espíritu Santo, que proclamen su Palabra tal como Él lo ha dado.

Hay que seguir levantando los muros de la Palabra, siendo luz y testimonio en este mundo. Tenemos que confesar a Cristo con nuestros labios y con nuestros hechos, tenemos que vivir vidas santas por dentro y por fuera.

4. EDIFICÓ TORRES

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres…” (v.7). Las torres nos hablan de vigilancia.

La torres de la oración. “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41). “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así (vigilando)” (Mateo 24:46). “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Cuando descuidamos nuestra vida de oración, en nuestra muralla de protección se puede abrir una brecha por la cual entre el enemigo. Por eso es que tenemos que mantenernos en vigilancia. Las torres no se pueden descuidar, tenemos que seguir edificándolas para la gloria del Señor.

5. PREPARÓ UN EJÉRCITO

“Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros” (v.8). Asa también tenía ejército de hombres diestros que tenían escudos y entesaban arcos. La Iglesia de Cristo es un ejército.

Cuando Moisés fue comisionado para que fuera delante de Faraón, con la orden de dejar en libertad al pueblo de Israel, Dios le dijo a Moisés: “Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos” (Éxodo 6:26). En el libro del Cantar de los Cantares 6:10, refiriéndose a la Iglesia dice: “¿Quién es ésta que se muestra como alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10). Así que Dios llama a su pueblo mis ejércitos y Dios es llamado en la Biblia: “Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel” (Isaías 47:4).

Somos parte del ejército de Dios. Dice la Palabra que en el ejército de Asa todos eran hombres diestros. En Cantares 3:7-8, leemos: “He aquí es la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo”. Sabemos que la espada del pueblo de Dios es la Biblia. Asa tenía un ejército preparado, que tenía que enfrentarse a la resistencia. “Vendrá el enemigo como río, pero el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Salmo 27:3).

“Y clamó Asa a Jehová su Dios…” (v.11). Y Zera comandaba un ejército de un millón de hombres el cual superaba en soldados a los ejércitos de Asa, casi los duplicaba, Asa clamaba: “¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar alguna al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre venimos contra este ejército” (v.11). Aunque el ejército de Asa estaba bien adiestrado y equipado, él no puso su confianza en las armas, ni en los diestros que eran sus soldados, su confianza estaba en Dios. No podemos apoyarnos en nosotros mismos, ni en otros, ni en la política, ni en el mundo, tenemos que apoyarnos en Dios. Asa reconoce que el enemigo era poderoso, pero sabía que el Señor era el que peleaba.

He aquí uno de los secretos de la victoria: la confianza en el Señor, Él es el Dios de la victoria. Zera y todos los etíopes fueron aniquilados. Fue una victoria moral, material y económica, regresaron a Jerusalén triunfantes.

La Iglesia tiene el desafío y el reto más grande de la historia. Muchos están siendo vencidos, derrotados ante las fuerzas enemigas; pero como dijera el libro de Hebreos: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tiene fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39).

Estamos en conflicto, en una gran batalla, en una gran lucha; la cual no es “contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Es un ejército poderoso, pero el Cristo de la gloria nos ha proporcionado las armas adecuadas para pelear.

Como Iglesia nos enfrentamos a ese ejército, por eso las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Creemos que Dios nos ha provisto del poder del Espíritu Santo, con los dones milagrosos, los frutos del Espíritu Santo, y el arma defensiva más poderosa de los siglos: la Palabra de Dios.

En medio de este tiempo de conflictos y de muchas dificultades, podemos mantenernos firmes en una vida cristiana de total y constante victoria; porque “esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4) en el Cristo invencible, victorioso. No estamos solos en la batalla, Cristo ha prometido: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), dándonos siempre la victoria.

Cuando se seca el arroyo

Cuando se seca el arroyo

Rev. Gustavo Martínez Garavito

Dios espera que le sigamos viendo igual, aceptando Su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo.

“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.” (1 Reyes 17:1-7)

Al leer estos versos de la Palabra de nuestro Dios, uno trata de meditar a la vez de imaginar el ambiente en el cual Dios sometió al profeta Elías. Era un ambiente de mucha presión, un ambiente hostil, uno muy difícil. Pero Dios, que conoce el futuro y el presente de cada persona, sabía que era necesario pasar al profeta por estas etapas dentro del proceso de formación para cumplir ese propósito por lo cual Dios había levantado a Elías.

En el plan de Dios hay muchas sorpresas y hasta misterios que nos sorprenden y quedamos maravillados sin respuestas, y muchas veces sin entenderlos. Dios utiliza cualquier circunstancia dentro de sus planes en la formación de un hombre. Dios utiliza las personas y las circunstancias, utiliza la familia, los amigos y aun los que no son amigos, y a otras muchas personas en nuestra preparación para que podamos llegar y dar una medida al servicio de Dios como Él quiere

“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” (v.1). Vemos cosas importantes con las que Dios trabaja y perfecciona la vida de un hombre. ¿Por qué el Señor saca a Elías de la comodidad de la ciudad? Puesto que era una persona muy conocida, con fama y respeto, pero Dios le da un mensaje para que lo lleve al Rey Acab, un mensaje sencillo, corto, pero muy comprometedor porque no le está anunciando victorias, no le hablaba de prosperidad –que es lo que hubiese querido oír Acab– y tal vez muchas personas deseen oír estos mensajes, mensajes que los exalten, que levanten su ánimo y su ego, mensajes  de prosperidad y victorias, y de cosas extraordinarias.

El Señor le da el mensaje para que lo comunique a Acab, mensaje que decía que no llovería, que no habría lluvia ni rocío en años, no en una semana ni un mes ni dos, sino de años, sabemos que la sequía duró más de tres años en Israel, “que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” Así como Dios utilizó a este hombre para anunciar la sequía, lo utilizaría para que volviera a llover. Este mensaje despertó furia e ira en Acab y se sentía impotente para atacar al profeta, pero después de pensarlo usted ve que Acab mandó a buscar al profeta por todos los rincones y por todos los lugares.

“Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.” (vv.3, 4). Dios ordena a Elías a esconderse en el arroyo de Querit. Primero para ser librado de la persecución de Acab y segundo para enseñar al profeta a depender de Dios en sus necesidades diarias. “Y él fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová” (v.5). Elías era un hombre obediente, sumiso, respetuoso, entendido de lo que es la voz y la Palabra de Dios, que no debe contradecirse, posponerse, sino que debe obedecerse y acatarse tal como Él lo dice. Obedeció, “fue e hizo conforme a la Palabra de Jehová”. Si hay algo difícil es hacer las cosas conforme se nos ordena. El hombre prefiere hacer las cosas a su manera, pero no de la manera que le ordena Dios. Pero el profeta obedeció e hizo conforme a la Palabra de Jehová. Si hay algo que Dios toma en cuenta es cuando se hace conforme a su voluntad. Él se da cuenta y procura se haga conforme lo ha ordenado.

Se puede obedecer, pero hacerlo a su manera y no a la manera de Dios. Los hombres de Dios no se deben maravillar por lo que en un momento dado Dios pueda hacer con ellos en un lugar. Esto no es lo que hace admirable al hombre de Dios. Es su conducta, son sus acciones lo que le hace admirable a una persona, es esa sencillez, esa madurez, esa sensatez para actuar en los momentos difíciles, en los momentos adversos, en su actitud para obedecer, para atender la voz de Dios. Es ahí donde se sabe quién es quién. ¿Cómo actúa esa misma persona en sus momentos de crisis? ¿Cómo actúa frente a la prueba, frente a la crítica, a la aflicción, en aquellas áreas donde parece que Dios no estuviera? ¿Acaso mantiene esa misma calma, sabe que callar cuando hay que callar; es prudente cuando actúa, murmura, trata de pasar a los demás por su misma amargura a través de su desconfianza, de su resentimiento, a través de lo que esta moviéndose dentro su corazón?

Ahí es donde como oyentes y como personas tenemos que medir su trayectoria, y cómo se ha desarrollado a través de los tiempos, cómo ha actuado cuando hay gloria, admiración o cuando hay desprecios, críticas o cuando se está atravesando por un desierto. Es ahí donde se sabe la calidad de cada profeta, de cada predicador, de cada hombre de Dios porque en los momentos de euforia cuando todo está bien, todos respondemos bien. Cuando no respondemos bien es “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Es ahí donde fallamos, donde decimos quiénes somos y qué trato de Dios hemos tenido, a quién creemos, si esta Palabra la estudiamos para aplicársela a otros, pero no para nosotros en los momentos difíciles.

Cómo reaccionaría si le dijera Dios: deje todo y retírese un tiempo, escóndase donde nadie lo conozca, deje sus cargos y responsabilidades y siéntese atrás. ¿Cuál sería su actitud? ¿Vendría de la misma manera, ofrendaría con el mismo gozo? Porque si el motor que nos mueve es el motor de los cargos, de los nombramientos, entonces somos dignos de conmiseración, dignos de lástima. Lo que nos debe mover es el amor de Cristo, es el amor de Su obra redentora. Debemos estar dispuestos a servir a Dios tanto en la multitud como el desierto. Debemos aprender a aceptar las cosas dentro de la voluntad de Dios, aceptando Su soberanía. Cuando nos acostumbramos a cargos y de pronto no los tenemos, pensados ¿qué paso? ¿Acaso no dice la Palabra que iremos de poder en poder?

Cuando pensamos lo que pudo significar para Elías el que Dios le dijere vete, escóndete (dejar de ser reconocido para agradar a Dios), Elías tuvo la misma disposición que cuando llevó el mensaje a Acab al palacio, no se le ve que se haya restado su ánimo ni amargado por las pruebas, vemos un hombre sereno y tranquilo, capaz de dominar las circunstancias, sirviendo a Dios de la misma manera. Dios puede suplir, dar, guardar, sanar, Él puede dar vida, provee, suple, oye, salva, liberta, pero, también Dios puede reservarse el derecho de no hacerlo.

Aceptamos y declaramos que Dios es sanador, pero Él puede decidir no obrar. Aceptamos todas las cosas que Dios puede hacer, pero no aceptamos las que no quiere hacer. De momento Dios decide voy a ver cómo reaccionará mi hijo “CUANDO SE LE SEQUE EL ARROYO”, para ver cómo se comporta. Él espera que le sigamos viendo igual, aceptando su soberanía, no desubicándonos espiritualmente y para ello tenemos que confiar en Dios, conocerle y esperar en Él. Si la voluntad de Dios es que esté frente a multitudes o en un desierto, mi sentir debe ser el mismo. Tenemos que aceptar Su soberanía, aceptar la voluntad de Dios para no amargarnos.

Job, un hombre que conocía en verdad a Dios, no lo veía como en un momento de emoción. ¿Cuál fue la actitud de este hombre ante tanta adversidad? Job adoró a Dios y retuvo su integridad. Siempre hablaba de la bondad de Dios y no pecó. Decía Job: “De oídas te había oído” (Job 42:5), después de salir del crisol le dice a Dios que siente Su gloria. Ahora veo que Tú eres Dios eternamente y para siempre (Job 42:5). Siguiendo la Palabra, cuando se está triste uno no adora, llora, se aflige, se siente y se queja.

Conocemos la prueba que enfrentó Job, la diferencia era que Job conocía a Dios. Job dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá” (Job 1:21). Pero su mujer, que carecía de una experiencia con Dios y era menos espiritual, dijo: “Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Una persona que ha tenido un encuentro con Dios no se expresa de esta manera, una persona así necesita tener un encuentro real con Dios porque los encuentros con Dios nos cambian, nos hacen dóciles, nos transforman, nos sensibilizan, nos hacen buenos cristianos. Un hombre de Dios no anda hablando despropósitos, no anda sembrando cizaña, criticando, ni anda quejándose. Dios tiene derecho a bendecirnos como decidir no bendecirnos.

Como buenos cristianos debemos aprender a aceptar la soberanía de Dios, así como Job la aceptó. En ocasiones Dios nos mete en el crisol para que seamos oro puro, para que seamos verdaderos hombres y mujeres de Dios. Dios permite la adversidad en nuestras vidas, no para destruirnos sino para que tengamos un conocimiento más amplio. Dios quiere que tengamos un carácter fuerte y diferente; quiere hombres y mujeres que hagan las cosas según Él las ha ordenado. Dios quiere gente responsable, gente creyente que acepte la soberanía de Dios, quiere que tengamos un encuentro con su gloria. Dios solamente quiere verdaderos cristianos que sobrevivan “CUANDO SE SECA EL ARROYO”. Dios le bendiga.

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

¿Andarán dos juntos, si no están de acuerdo?

Rev. Ramón L. Aponte

Si queremos ser pueblo de Dios, y andar con Dios, debemos estar de acuerdo con Él. En primer lugar debemos de estar de acuerdo con Él respecto del pecado. Dios declara en forma inequívoca, categórica, en las Sagradas Escrituras, que todos hemos pecado, que todos hemos escogido nuestro propio camino (Salmo 14:1-3).

Lo primero que nos dice Dios es que nos arrepintamos, que cambiemos de dirección. Hemos estado andando en la dirección equivocada, transitando por el camino del yo, del egoísmo. Debemos virar y abandonar ese camino equivocado, confesar y abandonar nuestros pecados, acudiendo al Señor, pidiéndole que nos perdone y nos de la libertad por amor de Jesús.

 

Ahora bien, existe un arrepentimiento que podríamos calificar de religioso y que solo busca eludir la sanción, librarse del castigo. Pero debemos dar un paso más, hasta alcanzar lo que podríamos llamar el arrepentimiento genuino, cristiano. Ese arrepentimiento abarca no solamente el temor al castigo, sino una pena genuina por haber pecado contra el amoroso Padre Celestial, un dolor piadoso porque hemos ofendido a Aquel que nos amó e hizo provisión para que alcanzásemos el perdón y la limpieza.

 

Debemos llegar a otro acuerdo si andamos con Dios, un acuerdo respecto del señorío de Cristo. Indiscutiblemente debemos considerarlo como nuestro Redentor Salvador. Con frecuencia leemos las Sagradas Escrituras que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). En esta oración resaltan dos palabras. Una de ellas naturalmente es salvo, pero la otra palabra importante en este pasaje bíblico es el vocablo Señor. Debemos ponernos de acuerdo con Dios respecto del Señorío de Cristo. Si hemos sido perdonados, si hemos nacido de nuevo, no es para que vivamos esta vida a nuestro antojo. Dios nos ha redimido y renovado para que cumplamos Sus propósitos. El único descanso, paz y gozo verdaderos se sienten al encontrar nuestro verdadero lugar con relación al Señorío de Jesucristo.

 

Las Sagradas Escrituras afirman que Cristo cargó nuestros pecados en la cruz. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Ahora bien, esta provisión se hizo para todos, en todas partes, pero no nos beneficiaron hasta que sepamos de ella y hagamos los ajustes morales y espirituales necesarios, es decir, la confesión y el abandono de todo pecado, recibiendo a Jesucristo como Señor y Salvador.

 

Las Sagradas Escrituras declaran a sí mismo que Cristo no solamente cargó sobre sí nuestros pecados en la cruz, sino que llevó los pecados de todos los hombres de todo el mundo, de toda la raza humana en la cruz. Pero esto tampoco nos beneficia hasta que lo sepamos y hasta que hagamos el necesario ajuste moral y espiritual, que significa una rendición a Dios total, incondicional e irrevocable, Jesús nos dice que equivale a tomar la cruz y seguirle. El apóstol Pablo, después de haber experimentado esta entrega, declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” (Gálatas 2:20). Esta crucifixión también está incluida en el andar de acuerdo con Dios.

 

Efesios 5:18 nos da otro imperativo: “Sed llenos del Espíritu Santo”. El Espíritu habita en todos los creyentes que han nacido del espíritu, pero necesitamos este revestimiento del Espíritu Santo a fin de fortalecer nuestro carácter cristiano y ser como Cristo. También el bautismo en el Espíritu Santo, que es una unción de poder, y que nos da como resultado una vida fructífera.

 

Un estudio muy provechoso de la Biblia de parte de cada uno de nosotros sería la búsqueda de otras formas en virtud de las cuales es de necesidad imperativa que estemos de acuerdo con Dios, a fin de que en forma inequívoca, podamos andar con Él. Amén

Guardaos de los perros

Guardaos de los perros

Rev. Luis M. Ortiz

San Pablo usa el término de perros para los falsos hermanos y falsos predicadores. Este calificativo era usado desde mucho antes del apóstol Pablo, para personas viles e indignas, y fue aplicado por el Espíritu Santo de la misma manera en el A.T.

“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”, Filipenses 3:1-8.

Los conceptos bíblicos que sustentaba el gran Apóstol Pablo con respecto a la Obra de Dios y al ministerio cristiano, son realmente admirables y contundentes, este iluminado hombre de Dios no confundía las cosas, al mismo tiempo que se hacía débil, para ganar a los débiles, era también muy cuidadoso y escrupuloso con los que traían deshonra a la bendita causa de Cristo, y exhortaba a los hermanos a apartarse de los tales. Al mismo tiempo que era tierno y blando, como la que cría, por el bien de los cristianos fieles, también era inflexible y riguroso con los falsos creyentes a quienes llama corruptos, hinchados, locos, contenciosos.

Al mismo tiempo que quería presentar o entregar la Iglesia a Cristo como una virgen pura, también estuvo dispuesto a entregar a Satanás a aquel impío y lascivo que estaba dentro de la Iglesia de Corinto. Al mismo tiempo que se refería a sus colaboradores y ministros fieles llamándoles hijos, y tenía estrecha comunión con ellos, así también exhortaba firmemente en contra de los falsos predicadores, diciendo: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo” (Filipenses 3:2).

Según el diccionario una perrada es una acción villana, una traición; una perrera es una rabieta; una perrería es un conjunto de mala gente; una muerte de perros es morir sin arrepentirse. ¿Por qué San Pablo usa el término de perros para los falsos hermanos y falsos predicadores? Este calificativo era usado desde mucho antes de San Pablo, para personas viles e indignas, y fue aplicado por el Espíritu Santo de la misma manera en el A.T. En Isaías 56:10-11 son llamados “perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado”. En el Salmo 22:16 que es un salmo mesiánico, el Espíritu Santo usa al salmista David, para llamar perros a los que crucificaron a Cristo, y dicen: “Porque perros me han rodeado; me han cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies”.

Y anteayer y ayer los hubo; hoy de que los hay, los hay; y mañana también habrá perros, o sea malos obreros. Hay quienes dicen ser grandes profetas y profetizas, pero los tales espantan y desparraman las ovejas, pues se ha visto en ellos torpeza, cometen adulterio, andan en mentiras (Jeremías 23:2,14). “Os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová” (Jeremías 23:16); y así con sus falsos mensajes se llevan miembros de otras congregaciones, se quedan con el dinero de los incautos, rompen matrimonios legítimos y los recasan con otras personas, y con relación a los tales es que San Pablo advierte: “Guardaos de los perros”.

Hay los que se creen ser grandes maestros, pero “sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Timoteo 1:7). Que con “hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2). “Maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3). “Trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene” (Tito 1:11). Estos falsos maestros siempre tienen una carnada de una y que otra verdad bíblica, y luego vienen con una variedad de medias verdades, de aparentes verdades, abundancia de interpretaciones propias y convencionales, y un semillero de falacias y de engaños con ropaje de amor, de compasión, de comprensión y humanismo; pero los tales traen sobre sí mismos perdición acelerada (2 Pedro 2:11). Y no olvidemos que con relación a estos falsos maestros San Pablo amonesta: “Guardaos de los perros”.

Hay quienes se consideran a sí mismos ser grandes pastores, pero no alimentan el rebaño del Señor, con la verdadera Palabra de Dios y con la Sana Doctrina, no apacientan la Iglesia del Señor; la cual Él ganó con su propia sangre (Hechos 20:28). Lo que le dan a los rebaños son interpretaciones humanas, dogmas, tradiciones, ceremonias, ritualismos, vanas filosofías, intelectualismo, humanismo, himnos con ritmos mundanos y sensuales, música de tierra adentro y de cielo afuera; que se apacientan a sí mismos, mientras las ovejas se desparraman por falta de pastor (Ezequiel 34:2, 9). Trasquilan la gorda y no corroboran a las flacas (Ezequiel 34:3 y 21). Son perros mudos, soñolientos, aman el dormir, no conocen altura, todos ellos miran a sus caminos, cada uno a su provecho (Isaías 56:10-11). Lobos rapaces que se enseñorean del rebaño del Señor (Hechos 20:29). Estos también caen bajo la severa sentencia de San Pablo: “Guardaos de los perros”.

Hay quienes se autoproclaman como grandes evangelistas, y aun muchos recién convertidos que, o porque fueron libertados de la drogadicción, o porque actuaron en televisión, o porque fueron compositores y cantantes profesionales en el mundo creen que eso les da derecho y credencial de grandes evangelistas intercoloniales, interestatales, interdenominacionales, internacionales, intercontinentales, interplanetario con los viajes espaciales, y hasta interesados; pero casi siempre su obra es quemada, pues no permanece (1 Corintios 3:14, 15); y tienen la piedad por ganancia (1 Timoteo 6:5-9); los tales no sirven al Señor Jesucristo, sino a sus vientres, y con suaves palabras engañan a los corazones de los ingenuos (Romanos 16:18); sienten lo terreno cuyo dios es el vientre, y cuyo fin será perdición (Filipenses 3:19). Pues son obreros fraudulentos (2 Corintios 11:4); que pervierten el Evangelio de Cristo (Gálatas 1:7); predican por envidia y contienda (Filipenses 1:15); y son enemigos de la cruz de Jesucristo (Filipenses 3:18); con razón San Pablo levanta la voz de alerta: “Guardaos de los perros”.

Estos malos obreros que son un escarnio, una ofensa para el Evangelio. Ellos pueden hacer ahora como les parece, enseñar como les plazca, actuar como les dé su regalada gana, vivir como quieran, pero por ahora el Señor nos orienta acerca de ellos, y nos dice: “No deis lo santo a los perros” (Mateo 7:6). El apóstol Pedro nos explica la situación de los tales, a los que abandonan la vida de consagración y de santidad, y se enredan otra vez en las cosas y contaminaciones del mundo; dice que les “ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito” (2 Pedro 2:22). Y el apóstol Juan en las visiones del Apocalipsis al mostrarle el Señor las glorias de la ciudad santa también le muestra el destino final y eterno de los tales y les dice: “Mas los perros estarán fuera” (Apocalipsis 22:15).

Es cierto que anteayer y ayer hubo malos obreros, y hoy también los hay y mañana los habrá, pero también es muy cierto que anteayer y ayer hubo, y hoy también los hay buenos obreros del Señor: fieles, dignos, santos, que honran al Señor Jesucristo, honran la Palabra de Dios, honran la Doctrina cristiana, honran el Evangelio, honran la Iglesia, honran su cónyuge, honran su hogar, honran su familia, honran al gobierno y las leyes que no confligen con su amor, su devoción y su adoración a Dios. “Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9); “de los cuales el mundo no era digno” (Hebreos11:38); y por cuanto este mundo de tanto conflicto y turbación y confusión no es lugar adecuado para que este linaje escogido, este pueblo santo siga viviendo en este mundo, el Señor Jesucristo le promete: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

Y como son muchos los que creen que viviendo como a ellos se les antoje en el reino de los cielos el Señor aclara “que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado” (Lucas 17:34-36); pues “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). Puesto que muchos más le reclamarán al Señor diciendo: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de iniquidad” (Mateo 7:22-23).

Y este gran evento será repentino “porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16-17). Y por cuanto estamos viviendo en los días del Señor, el cual va a levantar a los suyos, Él nos amonesta diciendo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13). Aquí en este mundo hay mucha maldad, pecado, corrupción, injusticia, mentira, ira y engaño pero el Señor va a llevar a sus redimidos a la gran ciudad celestial y “no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27).

Amigo, si desea ser hecho ciudadano de esa gran ciudad eterna por medio del nuevo nacimiento, arrepiéntete de tus pecados y recibe a Cristo como tu gran Salvador, levante su corazón y su mano en el nombre del Señor. Descarriado si no arreglas tu vida con Dios, si no vuelves al Señor serás dejado fuera. Aprovecha estos instantes y reconcíliate con Dios. Hermano, si en tu vida hay algo que te impide subir deja todo lo que tengas que dejar no pierdas esta cita eterna con el Señor.

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