Historia de nuestros Himnos (2)

Historia de nuestros Himnos (2)

Bellas melodías compuestas por hombres y mujeres de Dios. Se nota en su música y letra la inspiración divina de nuestro Creador. CHARLES WESLEY (1707–1788)

El penúltimo hijo de una familia de 19 hijos, Charles fue uno de los instrumentos humanos, junto con su hermano, John, que Dios usó para impulsar el Gran Avivamiento que transformó Inglaterra. Su primer intento de evangelizar a una tribu de indígenas en Norteamérica fracasó, pues los hermanos Wesley predicaban, pero realmente no conocían a Dios personalmente. De regreso a su país, se dieron cuenta de su necesidad espiritual durante una reunión de oración y se convirtieron al Señor. De allí en adelante predicaron con fervor, usando la música también para comunicar el mensaje bíblico.

Charles fue el autor de más de 6.500 himnos, algunos de los cuales cantamos hoy, tales como: “Oh que tuviera”, “Maravilloso es el gran amor”, “Oíd un son en alta esfera”, “Cariñoso Salvador” y “Con las nubes viene Cristo”.

WILLIAM COWPER (1731-1800)

Hace más de 250 años William Cowper nació en Inglaterra. Su padre fue el capellán del Rey Jorge II y su madre era de la familia real. A pesar de esto, la vida del joven Cowper no fue feliz. A la edad de seis años su delicada salud se empeoró con la muerte de su madre. Su padre le obligó a estudiar leyes, pero al enfrentar los exámenes finales sufrió una crisis nerviosa. Intentó suicidarse varias veces: tomó una sobredosis de droga, quiso tirarse de un puente y se abalanzó sobre un cuchillo. Por fin trató de ahorcarse, pero lo rescataron a tiempo y fue internado en un sanatorio. Allí, William descubrió el capítulo 3 de Romanos, y las palabras, “siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención… que es en Cristo Jesús… por medio de la fe en su sangre”. Entendió que Cristo fue crucificado por él, y recibió el perdón de sus pecados.

Llegó a ser amigo y colaborador del ilustre John Newton y se destacó como uno de los mejores poetas de su época. Hoy se le recuerda por sus grandes himnos entre los que se encuentra: “Hay un Precioso Manantial”.

WILLIAM B. BRADBURY (1816-1868)

Este compositor es especialmente conocido por su amor a los niños. A través de su vida se dedicó a formar coros infantiles, hasta de 1.000 voces para alabar a Dios.

Siempre muy activo, William fabricaba pianos y logró que se incluyera la música en el programa de las escuelas públicas de su ciudad. Escribió 59 colecciones de cánticos, introduciendo un nuevo estilo sencillo y alegre que él había conocido en un viaje a Suiza. La música de “Cristo me ama, me ama a mí” es obra de Bradbury. Los niños de todo el mundo lo cantan en diversos idiomas.

Entre los músicos es conocido con el título de “China” porque usa solo 5 notas (Escala Pentatónica), y por lo tanto, el coro ha sido muy apreciado por la niñez de Asia. Escribió la música para los himnos “Santo, Santo, Grande Eterno Dios”, “Cristo cual pastor”, “Tal como soy”, “Me guía Él, con cuanto amor”, “No te dé temor hablar por Cristo”, “Dulce oración”, entre otros.

WILLIAM ROBERT ADELL (1883-1975)

El joven agricultor laboraba de muy buena voluntad para sostener a su madre. Con el tiempo, llegó a ser maestro albañil y tuvo la oportunidad de servir como misionero en Guatemala, junto con su señora.

Dios usó a Roberto para escribir materiales para la escuela dominical y para traducir o componer unos 200 himnos en español, entre ellos: “Maravillosa Gracia” y “Oh, amor de Dios”. Al final de su vida, ya ciego, escribió el siguiente testimonio: “Considero que todo lo que he hecho es muy ordinario, excepto mi servicio para Dios. Con todo, hoy parece ser muy poco. Pero muero consciente de que ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’. En esta transición voy con gozo a su presencia, caminando con mi Salvador a la mansión de mi Padre celestial”.

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Historia de nuestros Himnos (1)

Historia de nuestros Himnos (1)

Bellas melodías compuestas por hombres y mujeres de Dios. Se nota en su música y letra la inspiración divina de nuestro Creador.

CLEMENTE PRUDENCIO (348-413)

En España y Roma durante el Imperio Romano, vivió uno de los primeros poetas cristianos, Aurelio Prudencio. Fue un próspero magistrado y luchó contra la idolatría y los sanguinarios juegos de los gladiadores. A los 57 años se dedicó a escribir libros teológicos e himnos, como el himno “Fruto del amor divino”, que exalta a Jesucristo. Originalmente en latín, los cristianos han cantado este hermoso canto llano en diversos idiomas por más de un milenio y medio.

ISAAC WATTS (1674-1748)

Isaac Watts bien merece el título “Prócer de la himnodia”. Comenzó a escribir poesías a temprana edad, y a los cuatro años aprendió el latín, y siguió con el griego, el francés y el hebreo. Un día el inquieto niño de cinco años no podía contener la risa, aunque se estaba celebrando un culto solemne. Al demandarle su papá la razón, le explicó que había visto un ratoncito subir por un lazo y al instante se le ocurrió una poesía alusiva. No sospechaba ni el padre ni el niño que esta gran facilidad para escribir versos se convertiría en un ministerio grandemente usado por Dios.

En Inglaterra se acostumbraba cantar solo salmos con música muy lenta. A los 18 años, Watts se quejó de esta situación. Bueno, le contestó su padre, anciano de la iglesia, danos algo mejor. Fue así que escribió el primero de más de 600 himnos y abrió la puerta al canto congregacional. A pesar de su mala salud, Watts editó tres himnarios y escribió 60 libros sobre diversos temas teológicos y científicos. Compuso los himnos “Al trono majestuoso”, “Nuestra esperanza y protección”, “Venid, nuestras voces unamos”, “Al mundo paz”, “La cruz excelsa al contemplar” y “A Dios, naciones, dad loor”.

MARTÍN LUTERO (1483-1546)

El caballero de Erback, en cierta madrugada primaveral, preparaba una emboscada para capturar al reformador Martín Lutero. De pronto su habitación en el mesón fue invadida por una resonante voz que desde el siguiente cuarto entonaba un salmo. El caballero concluyó que el cantante debía ser un capellán, así que decidió pedir su bendición para la campaña contra los “herejes”. Tocó a la puerta y explicó su misión. El hombre le contestó: Si a Lutero buscas no tienes que ir muy lejos. ¡Yo soy Lutero! El caballero no podía creer que un hombre con tal devoción fuera “hereje”. Le demandó la razón de sus convicciones y habiendo sido persuadido por las pruebas bíblicas, se convirtió en un seguidor de Cristo y defensor del reformador. Lutero impulsó la música cristiana y promovió el canto congregacional. Se le ha llamado “el padre de la himnodia evangélica”. Escribió varios himnos de los cuales el más conocido es “Castillo fuerte es nuestro Dios”.

LA HERMOSA VISIÓN DE LA CRUZ

El destacado poeta guatemalteco, Raúl Mejía González, llegó a ser conocido como el borracho de su pueblo, Chiquimula, debido al vicio del licor. Atormentado por alucinaciones de ser perseguido por el diablo, un día le pareció oír que Satanás le condenaba eternamente y que se encontraba sin esperanza. Su pánico fue tal, que cayó sin fuerzas. Al rato pudo levantarse y corrió a la casa de un misionero evangélico gritando. ¡Socorro! ¡He visto el infierno! Después de leer algunos pasajes de la Biblia y entender el mensaje de salvación, Raúl recibió a Cristo por la fe y su vida fue transformada. Escribió el himno “La hermosa visión” como su testimonio personal.

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