David y Goliat

David y Goliat

Rev. Luis M. Ortiz

“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” 1 Samuel 17:45.

El pueblo de Israel bajo el reinado de Saúl estaba en guerra con los filisteos, quienes hostigaban y provocaban, y aun invadían continuamente el territorio nacional. En esta vez los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra e invadieron el territorio de Judá y ocuparon un monte. El rey Saúl y sus hombres acamparon en otro monte, al frente, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos, ambos ejércitos estaban en vigilancia.

 

Salió entonces del campamento de los filisteos un gigante llamado Goliat, que tenía cerca de diez pies de estatura, bien armado y bien protegido desde la cabeza hasta los pies; se paró en medio del campo y comenzó a insultar, ridiculizar y a provocar a Israel, y decía: “¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo. Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.” (1 Samuel 17:8-11).

 

Amados, se turbaron y tuvieron gran miedo porque todos estaban en desobediencia, y habían deshonrando a Dios. La desobediencia y el pecado traen confusión, miedo y reproche. Había un Saúl que casi era tan alto y corpulento como Goliat. Había en el ejército de Saúl grandes generales que en el pasado se habían distinguido en la defensa del país. Había capaces teorizantes, hábiles y diplomáticos. Había grandes potentados y astutos políticos, pero todos se zurraban de miedo como asustadas palomitas ante las vociferaciones, insultos, amenazas e insolencias del indecoroso Goliat.

 

Amigos míos, y estos insultos y provocaciones de Goliat no fueron solo una vez, o un día que amaneciera malhumorado, esto lo hizo tres veces al día por cuarenta días, ciento veinte veces, y ese montón de hombres desobedientes y caídos de la gracia de Dios, cobardes, no se atrevían a salir al frente, a lo mejor se pasaban en conferencias, en conciliábulos, en componendas, etc. Considerando no el agravio que hacía Goliat, sino las preventas y ventajas que ofrecía Saúl a quien saliera a pelear y vencer al gigante, todos ellos estaban descarriados y derrotados, no por Goliat, sino por sus propias conciencias torcidas, Dios nunca se ha visto obligado al descarrío aunque los descarriados sean los muchos y los poderosos, todos los muchos estaban llenos de miedo por causa de su pecado, dice la Biblia: “Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre, huían de su presencia, y tenían gran temor.” (1 Samuel 17:24).

 

Pero amados, Dios tenía en sus reservas uno que era un poco más que un adolescente, desde luego nada contaba para ellos, un pastor de ovejas, un muchacho de mandado, uno que nunca había tomado un arma en su mano, que no tenía edad militar, que, por lo mismo, fue duramente reprendido por sus propios hermanos porque había expresado su determinación de salir y pelear contra aquel filisteo incircunciso. El propio Saúl le dijo: “No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud” (1 Samuel 17:33). A lo que respondió David: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, Él también me librará de las manos de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo” (1 Samuel 17:37).

 

Saúl vistió a David con sus ropas, y le puso su coraza y armadura, pero David dijo: “Yo no puedo andar con esto” (1 Samuel 17:39). “Y David echó de sí aquellas cosas. Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo. Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.” (1 Samuel 17:39-44).

 

“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y Él os entregará en nuestras manos. Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra… y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.” (1 Samuel 17:45-51).

 

Amigos míos, hoy también se levanta en el mundo un tremendo gigante que sigue creciendo y creciendo y que amenaza con arruinar todo, es el horrible gigante del pecado con sus muchos escuderos, sus viejos escuderos que no se han jubilado, y muchos nuevos escuderos de la nueva ola:

 

El escudero del divorcio y del re-casamiento. El solapado escudero del adulterio y la fornicación, engalanado y glorificado en las pantallas del teatro y de la televisión. El insolente y atrevido escudero de la inmoralidad que sale en bikini, en monokini y al desnudo. El aventurero escudero de la delincuencia juvenil que a algunos causa gracia, y es tan bien tratada por la sociedad. El grotesco escudero de las drogas, la heroína, los estupefacientes, que clava su lanza en el pobre y en el rico, en el obrero y en el profesor universitario. El hipócrita escudero de la coexistencia pacífica con el crimen, el terror y la violencia. El traidor y criminal escudero del materialismo ateo que niega la fe. El sangriento escudero de la guerra y las revoluciones con sus armas nucleares y con su insaciable sed de sangre. El veloz escudero de los vuelos espaciales con fines de exterminios. El peludo y desgreñado escudero de una juventud rebelde y libertina.

 

Amigos míos, el cuadro es desolador, el gigante del pecado con su horrible séquito de inmundos y destructivos escuderos parecen quedarse con el campamento del mundo. Avanzan y parece que nadie le sale al encuentro, ante este avance del gigante del pecado al servicio de su amo Satanás, los reyes nada pueden hacer, los generales son impotentes, los políticos están turbados, los gobernantes alarmados, los educadores desconcertados, los sociólogos confundidos, los científicos entontecidos, los religiosos aletargados; todos secándose de temor, de miedo por el avance arrollador y destructivo del gigante del pecado sin poder hacer nada para impedirlo.

 

El Dr. Harold Hurei, una autoridad en la energía nuclear, dijo: “Nosotros los científicos somos las personas más atemorizadas del mundo”. Un alto prelado religioso dijo: “Nosotros como iglesia reconocemos que hemos fallado en dar al mundo lo que el mundo necesita”.

 

Pero amigos míos, también hoy día Dios tiene su David, este David le está dando batalla recia al gigante del pecado y lo está venciendo y decapitando en muchas vidas, este David es la manada pequeña del Señor, es el grupo de cristianos fieles que se guardan en limpieza, en santidad, que no contemporizan ni transigen con el pecado, que por su consagración y obediencia al Señor y a su Palabra no le teme a nada ni a nadie, predica sin temor ni favor, que con todo valor marcha adelante a enfrentarse al gigante del pecado no con vanas filosofías, ni con la armadura y fuerza de la carne, ni con un mal entendido ecumenismo, sino con las piedras lisas de la Palabra de Dios y la honda del Espíritu Santo. Y Goliat está siendo decapitado en muchas vidas, por la acción, el valor y el ministerio aguerrido y consagrado de estos desconocidos David que no son reconocidos ni mencionados, y son hasta menospreciados en los altos círculos eclesiásticos, pero que son los que le están dando dura batalla al Goliat del pecado.

 

Esta es una guerra espiritual y las armas de esta milicia no son carnales, sino espirituales, pues no es con ejército ni con fuerza, mas con mi Espíritu ha dicho el Señor, porque ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con poder y demostración del Espíritu Santo. Las armas de la Iglesia son el poder glorioso del Espíritu Santo y los Dones milagrosos del Espíritu Santo.

 

Amigos míos y es el humilde David de los verdaderos cristianos que está derrotando a Goliat y mientras los grandes no se arrepientan delante de Dios, seguirán siendo derrotados por Satanás y grande será su ruina.

 

Amados, sigamos enfrentándonos y venciendo al pecado, al desorden moral, al pecado en todas sus manifestaciones con las palabras de David: “Yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos”, y la victoria será siempre nuestra.

 

Amado lector, ¿deseas ahora que el gigante del pecado y del vicio que te esclaviza y te destruye sea decapitado en tu vida por nuestro David, el Señor Jesucristo? Entonces, acéptale ahora mismo. Amén.

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Más de 200 países se unen para orar por la Biblia

 
 
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Más de 200 países se unen para orar por la Biblia

La Sociedad Bíblica de España es una de las 146 Sociedades Bíblicas nacionales que el próximo día 9 de mayo de 2012 -como fraternidad de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU)- se unirán en un día mundial de oración, cubriendo más de 200 países y territorios.
 

Las SBU en una nota de prensa invitan “a todos cuantos aman la obra bíblica en el mundo, a observar con ellas unos minutos de oración durante ese día, uniéndose a un clamor mundial unánime, para presentar a Dios nuestra alabanza, acción de gracias y ruegos.

 

Para que la Palabra recorra el mundo en busca de quienes aún no la tienen o no la conocen y así, con la inspiración del Espíritu Santo, lleguen a conocer a Dios y a su hijo Jesucristo”.

 

Este video, realizado por las SBU, quiere ayudar a recorrer todos los países por los que se va a orar en unidad y los motivos de oración propuestos.    

 

Fuente:protestantedigital.com

El Árbitro Divino

El Árbitro Divino

Rev. Sinaí Santiago

“No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job. 9:33.

El libro de Job narra la historia de un hombre poderoso en Dios que vivió lleno de abundancia y con una familia numerosa. Su hacienda era enorme y sus ganados sobrepasaban los de cualquiera de su época. Cuenta la historia bíblica que un día Job fue probado y Dios permitió que perdiera todo esto, pero Job siguió siendo fiel a Dios.

Luego de esto Dios le permite una sarna maligna y aunque afligido y necesitado, en todo momento se mantuvo firme y esperando en Dios y decía: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

Ante esta terrible prueba, aunque su piel se deshacía encima de sus huesos, su condición le llevó a refugiarse en las cenizas, con firmeza y confianza dice la escritura que este se sentaba en cenizas humillándose delante de Dios en ruegos y suplicas. A todo esto, su mujer le reprochó su integridad a Dios. “Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2: 9-10).

Cierto es que no nos gusta recibir nada malo, nada que vaya en contra de aquello que nos gusta; así nos enseña este relato. Job entendió que aunque aquello que estaba pasando era malo, él lo tomaba por bien, pues venía de parte de Dios. Es claro que hay muchas cosas que nos pasan, que aunque son malas, negativas, adversas, vienen de parte de Dios. La Escritura dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza” (Santiago 1:17); de modo que aunque lo sucedido a Job era malo para él, redundo en beneficios espirituales y materiales. Esta experiencia sirvió para bien a Job, pues supo discernir que aquello podía obrar en bien. La Escritura dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Podemos decir que Job supo que Dios estaba en el asunto y es por eso que se mantuvo sin pronunciar palabras ofensivas. Tampoco lo vemos alterado, sabemos que las virtudes de este hombre lo hacían merecedor de ser llamado justo, temeroso de Dios y apartado del mal. De allí que la Escritura dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20). De modo que Job pudo mantenerse confiado en Dios y así recibir todo como de Dios estaba obrando en su vida.

En el verso de instrucción (Job 9:33) encontramos una expresión de un hombre que está en necesidad, un hombre que está pasando por momentos difíciles en su vida que hasta maldijo el día en que nació y el momento en que varón fue concebido (Job 3:1-3). Era un hombre con  gran necesidad, Job estaba necesitado de salud, este hombre en un momento dado de su vida, cuando se llegó a ver en una condición de extreme necesidad física, cuando una sarna maligna forró su cuerpo a tal grado que tomaba un pedazo de barro para rascarse, clamó a gran voz pidiendo un árbitro, alguien que pudiese mediar las cosas entre Dios y su persona.

La Escritura dice que Job era “recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1) en su condición de salud tan deprimente pensó cómo llegar a Dios y hablar con Él, cómo dirigirse a Él, o de qué manera podía el pasar su queja a Dios (Cap. 6:1-2); su petición no era fácil, Job quería que Dios apareciera y escuchara su queja. Él continuaba tratando que Dios atendiera su queja, sabía también que el hombre no podía  justificarse ante Dios, así que pensó que si Dios quitaba su vara de encima de él, entonces no le temería y podría hablar cara a cara con Dios. Mientras Job estaba pasando este quebranto es visitado de tres amigos que oyendo que estaba enfermo habían concertado en venir juntos a consolarle.

Se dice que cuando sus amigos le vieron de lejos, no le conocieron y lloraron a voz en cuello y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Estos amigos de Job estuvieron sentados con él siete días con sus noches y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande (Job 2:11-13).

Después de este periodo de tiempo Job abrió su boca y es allí donde le vemos dar su queja más pujante de toda su situación; es allí donde Job dejó salir su gran queja, que seguramente salía de un corazón dolido, enfermo y abatido por la experiencia vivida.

 

Sus amigos toman la palabra, y como era costumbre, el más entrado en años comenzó dando su opinión. Este es llamado ELIFAZ, al dar su opinión dice que no tenía ningún conocimiento de lo acontecido, que tomó de imaginaciones nocturnas algunas visiones y que oyó palabras dadas por un espíritu que le causa miedo. De modo que podemos decir que estas palabras degradan el sacrificio de Cristo haciendo a Dios como uno más en su lista de espíritus (Job 4:12-21). Elifaz también dice que el hombre nace para la aflicción (Job 5:8).

El segundo de los amigos llamado BILDAD, representa a los religiosos de este mundo, lleno de conocimiento, pero escasos de misericordia, carentes de amor. Es de aquellos que piensan en Dios como algo inaccesible, no tomando en cuenta que Dios es Dios perdonador. Es tipo de aquel religioso que jamás piensan en el hombre caído que Dios puede restaurar, en su bondad le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). La enseñanza de Bildad no surgió efecto alguno en Job (Job 8). Job sabía que el hombre no podía justificarse delante de Dios.

El tercero de los amigos llamado ZOFAR, representa la ciencia, que en tantas ocasiones hemos visto atacar la fe. Este sabio confiesa que Dios es mudo, que si Dios hablara podía responder a aquellos que tuvieran alguna queja (Job 11:5). De los tales Pablo dice: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe” (1 Timoteo 6:20-21). A todo esto Job le contesta muy creído que Dios habla y que seguiría esperando en Él.

Después de haber oído a estos tres amigos, Job sigue esperando en aquel árbitro, pues no pudieron cambiar su fe en Dios. Job vuelve a su reclamo esperando un árbitro que interceda entre Dios y él. Si consideramos el tiempo de este acontecimiento ciertamente notamos que la data de tiempos patriarcales donde no había ley, ni nada escrito que favoreciera la solicitud de Job. Podemos decir que en su quebranto llegó a la idea de que siendo Dios, uno tan grande, podía éste suplirle un mediador entre Dios y él. De esta manera podemos decir que Job sabía que este mediador no solo intercedía por él, sino que también le restauraría su cuerpo enfermo quitando su vara de sobre él.

Job confió que Dios podía proveerse de un mediador, retó a Dios en esta petición, pues sí había preparado para el hombre caído un mediador, Dios si había provisto para el hombre este mediador y tal como lo describió Job este podía aplacar la ira de Dios y también traería sanidad al cuerpo enfermo. El apóstol Pablo habló de este mediador diciendo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

Amado lector, Job en su quebrantamiento de salud sacó tiempo para meditar en Dios, intensificó su búsqueda hasta poder llegar desde aquel tiempo antiguo hasta lo que conocemos como la gracia. Job en su condición buscó a Dios a tal grado que subió la cima divisoria de las edades y los tiempos y pudo ver a aquel mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo. Job levantó su mirada al calvario, allí vio al unigénito Hijo de Dios dando su vida en rescate por una humanidad perdida, dando hasta la última gota de sangre para redimir al hombre, para que así se cumpliera la Escritura que dice: “y sin derramamiento de sangre no se hacer remisión (de pecados)” (Hebreos 9:22; Levítico 17:11). Vemos a Job clamando a aquel que le podía responder, pues sabemos que la Escritura dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

Job estaba necesitado de ayuda y Dios siempre estuvo allí para ayudarlo y responder a su queja. Si, allí estaba el mediador respondiendo al llamado, y para que ese mediador venga a nosotros, él espera que le llamemos. El apóstol Pablo dio el nombre de aquel mediador, en ese nombre los demonios huyen, en ese nombre somos restaurados para seguir adelante venciendo obstáculos, porque a ese mediador le fue dado “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).

Job, sin conocer de aquel mediador, confió que Dios podía ayudarlo. La petición de Job era clara, alguien que estuviese entre dos. Sabía que un Dios tan grande podía usar su misericordia para con todo y para con él, pero no bastó para Job el conocer que había un Dios, le fue necesario llamar a este Dios y pedir misericordia y la gracia de Dios la que evita que en su ira seamos consumidos. “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22).

 

Job quiso que aquel mediador se parara en el medio, quería que su carga fuera aliviada. Los amigos no habían podido hacer nada, eran sabios y entendidos en diferentes ciencias, pero lamentablemente no conocían a Dios, todo lo que hicieron fue molestarse y acusarle.

Amigo, hoy día tampoco encontrarás amigos que te ayuden en tu necesidad, si te enfermas es posible que pierdas a algunos de ellos y si te quedas sin trabajo quizás el resto te abandonen, pero hay un amigo que jamás te abandonará, es Jesús el mediador del nuevo pacto, y te invita a acercarte a Él para que como un buen árbitro interceda por ti en esta lucha que estás librando, ven a Él y deposita en Él tu carga, tu problema, tu enfermedad.

Quizás Job estuvo atento a sus amigos pensando cuál de ellos le traía palabras de parte de Dios. Esto pasa cuando nuestras amistades no lo conocen, son buenas, pues nos visitan en el día del quebranto, pero no nos pueden consolar, pues no tienen que dar.

 

La palabra que consoló a Job vino inspirada por Dios. “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Allí Job rechazó la enseñanza de sus amigos y venciendo miró “a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24).

 

Amigo, tú puedes hacer de la misma manera que hizo Job, rechaza la enseñanza de los amigos que te desvían cada día más de Dios con sus ideas llenas de engaño y de sutilezas huecas y vacías. Te invito a tomar este consejo: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:6); si estás enfermo, prueba al Dios de aquel patriarca Job, éste necesitó de un mediador, tú también necesitas un mediador, Cristo es el Mediador, el árbitro. El que está entre Dios y el hombre, Jesús solo espera que te acerques a Él para mediar por ti ante el Padre Celestial.

 

Job tuvo que vencer los inconvenientes de su enfermedad, la burla de sus amigos, el rechazo de su mujer y todo esto para poder participar de la gracia redentora de Cristo. Jesús dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37); “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). La Biblia dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros.” (Santiago 4:8).

 

Amigo, si le permites a Jesús entrar a tu vida en este día, te aseguro que tu vida al igual que la de Job cambiará. La Escritura dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Job también tuvo que confesar a Jesús como su Salvador cuando le llamó su Redentor; así termina el libro de Job diciendo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Dios le permitió a Job pasar por momentos malos y difíciles, pero al fin reconoció que solo Cristo podía solucionar su situación.

 

De igual manera pude pasar en tu vida, acércate y da tu vida al que puede ayudarte en todo tiempo y limpiar tu corazón y hacer de ti una nueva criatura. “No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos”, Job 9:33.

¡El evento más esperado en Lima Perú! XXII Convención Nacional del Movimiento Misionero Mundial del 15 al 20 de Mayo – Estadio San Marcos

Movimiento Misionero Mundial

La Resurrección puesta a nuestro alcance

La Resurrección puesta a nuestro alcance

Rev. Alberto Ortega

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.” 1 Tesalonicenses 4:14.

La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es la base y el fundamento del cristiano; sin resurrección el cristianismo sería otra religión vana, humana e inoperante. Jesús está vivo, en este mismo instante en que usted está leyendo esta reflexión, Jesús está vivo y sentado a la diestra del Padre. Pero, lo más maravilloso de la resurrección de Cristo es que Él no es el único que resucitó, sino que nosotros también pasaremos por esta misma experiencia de la resurrección.

Espiritualmente, nosotros ya hemos resucitado con Él: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1); “sepultados con Él en el bautismo, en el cual también fuisteis resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). Observemos las palabras del apóstol Pablo: habéis resucitado, fuisteis resucitados. Los verbos están conjugados en pasado, lo que indica que el apóstol está hablando de algo que ya ha sucedido; y esto establece claramente que la resurrección se recibe primeramente por la fe en Cristo y es esa fe la que determina la resurrección futura del cuerpo.

Desde el día que aceptamos a Jesús como el Salvador y Señor de nuestra vida, hemos resucitado, hemos pasado de muerte a vida. ¡La mayor parte de nuestra resurrección ya se ha producido! Estamos a la espera de que nuestro cuerpo terrenal, en el cual vivimos, sea transformado a la semejanza del cuerpo de gloria de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuándo será esto? En el glorioso día de la resurrección de entre los muertos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51, 52).

¿No es maravilloso el mensaje de la Palabra de Dios? Fíjense en estas palabras: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”. Esta declaración tan sencilla pone a nuestro alcance algo tan grande como la eterna resurrección. Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio de una fe sencilla en nuestro Señor Jesucristo, y en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Ningún fundador de ninguna religión se ha enfrentado a la muerte venciéndola, ya que todos murieron y quedaron atrapados por la muerte. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo se enfrentó a la muerte, la venció, y, al tercer día, dejó la tumba vacía.

Esta victoria de Cristo está puesta a nuestro alcance, no hay que pagar, no hay que mercadear, no es por méritos propios, es simplemente por medio de la fe en la muerte y en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 

La fe está al alcance de todo ser humano, no importa su raza, sus conocimientos intelectuales, todos pueden creer, todos están capacitados para ejercitar esta fe. Este es el medio que Dios ha establecido para acceder al perdón de los pecados y a la resurrección de entre los muertos. Por lo mismo, el no creer a Dios y en su Palabra es el agravio, la ofensa, el pecado más grande que se puede cometer delante de Dios.

Amado, si todavía usted no ha ejercitado la fe en la muerte y en la resurrección de entre los muertos del Señor Jesucristo, entonces grande será su pensar por no haberlo hecho. Ahora usted tiene la oportunidad de creer, y recibir el perdón de sus pecados así como la vida y la inmortalidad. Hermano, ¿está usted enfriándose en la fe? Esta es hora de afirmarse en lo que creyó y gustó en cuanto al Señor. Dios le bendiga.

La Resurrección puesta a nuestro alcance

La Resurrección puesta a nuestro alcance

Rev. Alberto Ortega

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.” 1 Tesalonicenses 4:14.

La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es la base y el fundamento del cristiano; sin resurrección el cristianismo sería otra religión vana, humana e inoperante. Jesús está vivo, en este mismo instante en que usted está leyendo esta reflexión, Jesús está vivo y sentado a la diestra del Padre. Pero, lo más maravilloso de la resurrección de Cristo es que Él no es el único que resucitó, sino que nosotros también pasaremos por esta misma experiencia de la resurrección.

Espiritualmente, nosotros ya hemos resucitado con Él: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1); “sepultados con Él en el bautismo, en el cual también fuisteis resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). Observemos las palabras del apóstol Pablo: habéis resucitado, fuisteis resucitados. Los verbos están conjugados en pasado, lo que indica que el apóstol está hablando de algo que ya ha sucedido; y esto establece claramente que la resurrección se recibe primeramente por la fe en Cristo y es esa fe la que determina la resurrección futura del cuerpo.

Desde el día que aceptamos a Jesús como el Salvador y Señor de nuestra vida, hemos resucitado, hemos pasado de muerte a vida. ¡La mayor parte de nuestra resurrección ya se ha producido! Estamos a la espera de que nuestro cuerpo terrenal, en el cual vivimos, sea transformado a la semejanza del cuerpo de gloria de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuándo será esto? En el glorioso día de la resurrección de entre los muertos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51, 52).

¿No es maravilloso el mensaje de la Palabra de Dios? Fíjense en estas palabras: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”. Esta declaración tan sencilla pone a nuestro alcance algo tan grande como la eterna resurrección. Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio de una fe sencilla en nuestro Señor Jesucristo, y en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Ningún fundador de ninguna religión se ha enfrentado a la muerte venciéndola, ya que todos murieron y quedaron atrapados por la muerte. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo se enfrentó a la muerte, la venció, y, al tercer día, dejó la tumba vacía.

Esta victoria de Cristo está puesta a nuestro alcance, no hay que pagar, no hay que mercadear, no es por méritos propios, es simplemente por medio de la fe en la muerte y en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 

La fe está al alcance de todo ser humano, no importa su raza, sus conocimientos intelectuales, todos pueden creer, todos están capacitados para ejercitar esta fe. Este es el medio que Dios ha establecido para acceder al perdón de los pecados y a la resurrección de entre los muertos. Por lo mismo, el no creer a Dios y en su Palabra es el agravio, la ofensa, el pecado más grande que se puede cometer delante de Dios.

Amado, si todavía usted no ha ejercitado la fe en la muerte y en la resurrección de entre los muertos del Señor Jesucristo, entonces grande será su pensar por no haberlo hecho. Ahora usted tiene la oportunidad de creer, y recibir el perdón de sus pecados así como la vida y la inmortalidad. Hermano, ¿está usted enfriándose en la fe? Esta es hora de afirmarse en lo que creyó y gustó en cuanto al Señor. Dios le bendiga.

Si tuvieres fe como un grano de mostaza

Si tuvieres fe como un grano de mostaza

Una noche de estas, un hombre leyó en su Biblia lo siguiente: “Si tuvieres fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí, y se pasará; y nada os será imposible” Mateo 17:20.

Después de leerlo, recordó que detrás de su casa había una montaña, cerró los ojos y dijo: “!!Montaña yo te ordeno que te quites!!”, después se acostó. A la mañana siguiente despertó rápidamente y abrió la ventana y vio que la montaña aún estaba en su lugar, y dijo: “yo sabía que no se iba a quitar”.

 

Ese mismo día el hermano de ese hombre, leyó el mismo pasaje de la Biblia, y se fijó por la ventana y vio la montaña. Se acercó a su ventana y dijo: “!!Montaña te ordeno que te quites de ahí!!, y se acostó tranquilamente. A la mañana siguiente despertó, fue a su ventana y vio que la montaña estaba en su lugar y dijo: “yo no sé quién puso esa montaña ahí, porque yo la quité anoche!!.

 

La fe siempre va acompañada de seguridad. Seguridad y confianza de que las cosas ocurrirán bajo el poder y el tiempo del Señor. Fe es creer que ocurrirá, lo que Él nos ha prometido y que aún no vemos y sin importar las circunstancias. Fe es esperar en Él y no tener duda alguna de que él cumplirá.

 Bendiciones !!!

 Fuente:Reflexiondevida.com

La verdadera libertad

La verdadera libertad

Es frecuente escuchar sobre la violación de los derechos humanos y el intento de instituciones internacionales, lideres comunitarios y religiosos para que las personas sean libres, sin distingo de raza o color.

Sin embargo, otro tipo de esclavitud azota nuestras generaciones, pues hay esclavos de la rutina, del afán, de la ansiedad, de los pensamientos y sentimientos de soledad, la depresión y la amargura, los cuales asaltan las mentes en búsqueda de escapes o salidas rápidas, y en algunos casos, el suicidio como alternativa.

 

Jesús dijo: “Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:31-32. Esa verdad descansa en el hecho de que Dios propició un camino para salvar y sanar al hombre, dándole sentido y esperanza.

 

Fuente:parcelacristiana.foroactivo.com

Su compañía nos garantiza la derrota a la soledad; su amor nos da la victoria sobre la depresión y su fidelidad nos garantiza que nada nos faltará pudiendo así derrotar la ansiedad.

 

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