El Secreto de dar gracias

El Secreto de dar gracias

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” Cuando abrieron una de las tumbas más antiguas de las Pirámides de Egipto uno de los celadores encontró una semillita de trigo en un rinconcito de la tumba.

Este la tomó y por curiosidad la sembró en condiciones para su crecimiento. La semilla germinó después de haber estado cinco mil años (5,000) en la tumba bajo condiciones desfavorables para que pudiera germinar.

La vida nos da sorpresa y ¡de qué manera! El celador sintió sorpresa y alegría y pensó que al germinar la semilla, la misma vida de la semilla le estaba dando las gracias.

Los evangelios nos hablan de unos leprosos que vinieron donde Jesús porque padecían de esa enfermedad y Jesús les curo. Lo interesante de esta historia fue que de los sanados solo uno vino a dar gracias al Señor. Este personaje sintió la necesidad de dar gracias y así lo hizo al enseñarnos que hay un secreto maravilloso cuando somos agradecidos.

“¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de la enfermedad? ¿Donde están los nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios? Y le dijo al hombre. Levántate y vete; por tu fe has sido sanado”. (Lucas 17: 17-18)
Ahora bien, debemos ser agradecidos en todo tiempos, aun mas en los tiempos difíciles. El profeta Habacuc, esta abatido por el castigo de Dios a su pueblo donde se ha perdido la justicia y donde la inmoralidad reina por su respeto y la adoración al Dios verdadero se ha tornado en soberbia.
¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata y no hay espíritu dentro de él. Mas Jehová está en su santo templo; calle de él toda la tierra”.

Ante la angustia de su pueblo que se destruye elevando sus oraciones a los dioses paganos, el Profeta eleva una oración y escucha el mensaje claro de Dios que va a destruir a su pueblo:

“He aquí que aquel cuya alma no está recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá”. (Habacuc 2:4)
Al final de la oración de Habacuc, el profeta responde en medio de la angustia de su pueblo diciendo: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya fruto, Aunque falte el producto en el olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Señor de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza”. (Habacuc 3: 17-19)
No todas las veces el pueblo de Dios fue mal agradecido. Son muchas las veces que dio gracias a Dios. Después de la muerte de rey Usías, Isaías recibe el llamado a ser Profeta. Dicen las Escrituras que Ezequías, hijo de Acaz, hizo lo bueno delante de Dios y agradecido de Dios, con entusiasmo y mente despierta creó un ambiente fervoroso y junto a su pueblo limpiaron, embellecieron y lustraron el templo. El reinado de Ezequiel se inició con una fiesta de acción de gracias.
“Y toda la multitud adoraba y los cantores cantaban y los trompeteros sonaban sus trompezas: todo esto duro hasta que se consumiera el holocausto.” (2Cron. 29:28)
El comienzo del reinado de Ezequías fue extraordinario. Tan pronto fue nombrado rey, hizo fiestas de acción de gracias a Dios y al pueblo. Se inició la restauración del santuario, removiendo los escombros, limpiando la podredumbre, echando la basura y todo lo que no servía al “torrente del Cedrón. Además iluminaron el Santuario con lámparas nuevas, aumentando lo intensidad de la luz y finalmente se consagró la vida de los líderes religiosos y del pueblo.
Hay que sacar, quitar, limpiar toda escoria, todos los rezagos y formalismos tradicionales que fosilizan y cristalizan la libertad de amar que Cristo nos dio. No podemos permitir que el ropaje de la pasividad y el enajenamiento nos congele el alma, hiera la fe y desgarre la esperanza. Hay que sanar las alas rotas y sacudirnos con visión de aguila y treparnos a las alturas de la gracia en Cristo nos da nueva vida y donde está nuestro socorro. Hay que hacer cual Jesús, que daba gracia antes que las cosas ocurrieran y tener la capacidad de ver cosas donde nadie las ve porque el sueño de Dios mora en nosotros. Jesús usaba su fe y daba gracias a Dios antes que las cosas ocurrieran.

Por eso dio gracias para que el agua se convirtiera en vino y así lo imitó Pablo y silas en la cárcel de Macedonia, cuando daban gracias y oraban y vieron que los portones de la cárcel se abrieron de par en par. Cuando damos gracias la promesa del Maestro se cumple: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.”
Damos gracias a Dios por su amor, porque nos hizo su santuario por amor a su nombre. Porque él es amor y nos dio el don de amar y da gracias. El Dr. Martin Luther King, jr. escribió unos versos que dicen: ”El odio paraliza la vida. El amor lo hace fluir. El odio confunde la vida. El amor la armoniza. El odio obscurece la vida. El amor la ilumina.
“Ama a Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo (22: 38-39) “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavos ni libres; no hay varón ni mujer, porque todos somos uno en Cristo”. (Gálatas 3: 28)
El secreto de dar gracias en todo tiempo, quita las barreras de separación creando puentes de amor entre los hombres capacitándonos para crecer en gracia. Dando gracias a Dios, nos tornamos más generosos y crecemos en gracia siendo más generosos, jubilosos y amorosos. Que nos ayude Dios.

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